Por qué siempre le agradeceré a mi hijo que fuera un bebé de alta demanda

Por qué la etiqueta "bebé de alta demanda" puede ser muy positiva

Armando BastidaArmando Bastida9 min de lectura
Por qué siempre le agradeceré a mi hijo que fuera un bebé de alta demanda
En esta entrada os expliqué qué es un bebé de alta demanda afectiva, sobre todo para que aquellos padres que dudan si su hijo lo es o no puedan corroborarlo o definitivamente desechar esa posibilidad. Me suele pasar, al hablar de los bebés de alta demanda, que mucha gente agradece que hable de este tema, mucha otra se echa las manos a la cabeza, argumentando que son bebés normales (y así es, nunca nadie ha dicho lo contrario), y hay quien añade que es una pena añadir otra etiqueta más a los niños, que no merecen que los veamos de ese modo (insistentes, demandantes, llorones, etc.).

La etiqueta "Bebé de Alta Demanda"

Es cierto que es una etiqueta, pero también es cierto que la mayoría de padres de bebés de alta demanda agradecen mucho cuando alguien les habla del término y ven que todo lo que le pasa a su hijo tiene un posible nombre, que le pasa a otros niños, a otros padres, y que a priori, son niños normales. Porque hasta que llega ese momento solo son capaces de darse cuenta de que su hijo se comporta muy diferente a los demás, que llora mucho, que pide brazos a todas horas, y que cualquier intento de educarlo es infructuoso.   Huelga de porteo, ¿qué hago si mi bebé quiere brazos pero no portabebé?   Ven eso, y ven que todo el mundo sabe lo que tienen que hacer menos ellos: "no vayas enseguida", "no lo cojas", "déjalo llorar", "te tiene tomada la medida", "os está manipulando", "no puede ser que un bebé de meses domine un hogar entero", "mírate qué cara tienes", "así no podéis seguir", "este niño está enmadrado", "va a acabar contigo", "vete al pediatra", "que le den medicación o algo", "a ver si va a ser hiperactivo", "no es normal que un bebé haga eso", etc. Vamos, que los padres creen que han hecho algo muy mal o, en el peor de los casos, que su hijo está mal, o incluso que es un manipulador, y que no les quiere... porque aún teniéndolo todo, sigue llorando y sigue robándoles la energía, y en pocas palabras, la vida. Así que, visto así, lo de bebé de alta demanda suena bastante mal. Ahora bien, si la etiqueta va asociada al "solo es un bebé que necesita más afecto que los demás, y es un bebé normal" los padres respiran, de repente, y no se sienten tan culpables, ni por supuesto tan solos y perdidos. Entonces, oye... la etiqueta resulta que es positiva, ¿no?

¡Y tan positiva! ¡Gracias hijo!

No puedo decir que esperara que mi hijo fuera un "bebé Nenuco", pero el hecho de no tener gente alrededor con bebés hizo que no tuviera ninguna referencia. Sí, pensaba que eso de que comen, duermen y hacen caca era lo más habitual en todos los bebés, pero entendía que pudiera ser un poco más demandante que eso. Lo que no esperaba es que llegara a serlo tanto, y que ya en los primeros días lo demostrara incluso al salir de casa.     Preparados para salir, ya en el cochecito (como mandaban los cánones), nos íbamos a dar un paseo, y a los pocos minutos despertaba y se ponía a llorar. Así cada vez; así cada día. Pronto me di cuenta de que esto no le pasaba a nadie más, y me preguntaba "¿Por qué?". Pasó algo parecido con el coche. Sabía que los bebés en el coche se relajan, incluso se duermen, por aquello del movimiento y tal. Pues resultó que mientras se movía el coche aún parecía que lo llevaba bien, pero al llegar al semáforo empezaba a llorar, y pronto me vi en los semáforos haciendo amagos de aceleración, como si estuviera retando al de al lado a hacerle una carrera urbana (lo siento si alguien salió a toda velocidad por ese motivo). Horrible... luego empezó a llorar también aun cuando el coche estuviera en movimiento, y acabé por evitar el coche en la medida de lo posible.   Descubre por qué lloran los bebés y qué nos quieren transmitir con su llanto en nuestro Seminario Online "Cómo saber qué dice el bebé cuando llora"   Las siestas fueron exactamente lo mismo. Enseguida demostró tener el "síndrome de la cuna con pinchos" y pasó de dormir las siestas en el moisés, a hacerlo en brazos, y por la noche en la cama familiar, pues allí dormía. Poco a poco aparecieron nuevos retos, y con ellos, nuevas soluciones, y mi hijo pasó de ser un bebé que parecía normal, pero más demandante de lo habitual, a ser una extensión del cuerpo adulto. Día a día, hora a hora, porque si no era así, se quejaba. Esa intensidad en sus necesidades se hizo patente con todo... cuando empezó a reptar y gatear requería de presencia adulta en todo momento, y hubo que estar presente en cada nuevo descubrimiento y cada nuevo hito (genial, porque no así no te pierdes nada, pero no sacar tiempo para hacer la comida y otras cosas del día a día no es fácil)... y entonces no le podías decir "vente a la mochila y hacemos tal o Pascual", porque NO.     Y las noches empezaron a ser agotadoras, y los días resultaron ser de 15 o más horas, porque dormía una siesta, o dos, en brazos, y lo demás era un no parar... y llegar a la cama, pensar que "en nada cae, que hoy ha sido demoledor", y ver pasar las once de la noche, las doce... que te estabas durmiendo y él seguía en la cama moviéndose, resoplando, mirando al techo, mirando a la nada, y de repente intentando irse a jugar. ¿Sabes esa sensación de haberlo dado todo por él, absolutamente todo, y darte cuenta de que aún quiere y necesita mucho más? Pues eso genera, claro, las mil y una dudas... A ver si la gente va a tener razón, a ver si había que enseñarle a jugar solo, o a no ser dependiente, o a ser así o asá... Porque no, la verdad es que no parecía muy normal depender totalmente de los mandatos y deseos de un bebé, esperando a que en algún momento llegara el remate final.     Pero claro, de entre todo ello, salían de vez en cuando unas sonrisas de encía, unas miradas pícaras, unas caras de sorpresa con cada nuevo avance, y volvía a enamorarme de él, una y otra vez, cada día. Y daba por buenas todas esas horas de agotamiento, mientras te dabas cuenta de que cada vez lo querías más, porque cada vez lo conocías mejor. Y así fuimos creciendo, él como hijo y yo como padre, del mejor modo posible. Porque me necesitó tanto, tanto, que me hizo un curso intensivo de paternidad (qué digo curso: ¡¡una cátedra!!). Me enseñó a ser mejor persona para ser su ejemplo; me enseñó que el ritmo de la vida no es el que marca la sociedad, sino el que queramos marcar nosotros en nuestra casa; me enseñó que más importante que tener cosas, es sentir cosas; que más importante que el amor no hay nada; y que hay vida más allá de ese funcionamiento social del quererlo todo para ya, y si puede ser, para ayer. También me enseñó que cuidar de un bebé es algo que solo se hace unos meses, que la infancia dura solo unos pocos años, y que todo ese tiempo no vuelve, y que por eso vale tanto la pena echar el freno de mano de la vida, dejar que la escala de valores dé tres o cuatro centrifugados y replantearse el modo de afrontar el día a día.

Gracias de nuevo, hijo

Así que solo puedo dar las gracias a mi hijo por ser como es, y por cómo fue ("qué tontería" pensará él, si no ha hecho nada más que ser quien es...). Gracias por enseñarme tanto, por mostrarme otra manera de vivir, de sentir y de amar, y por hacer de papá un experto cuidador.   Por qué siempre le agradeceré a Jon que fuera un bebé de alta demanda   Gracias a ti quise aprender tanto, tanto de los bebés, que lo que descubrí me sirvió para ser mejor padre y para explicar a otros padres y otras madres cómo pueden llegar a ser los bebés, y qué pueden y suelen necesitar. Esto, en la consulta de enfermería y en mis escritos diarios, me sirvió para comprender las realidades de otras parejas y familias, y para hablar desde el sentimiento y siempre con el corazón. Así que si sois de los que seguís pensando que aquellos que decimos "tengo un bebé de alta demanda", estamos poniendo una etiqueta negativa a nuestros hijos, ya veis que no es cierto, o no es siempre cierto. La mayoría estamos profundamente agradecidos a nuestros hijos, al cosmos, o al universo, por enviarnos un niño así. Dicen que los niños nos escogen para ser sus padres y sus madres... si es cierto, no lo sé. Pero en nuestro caso, acertó de pleno porque nos cambió la vida totalmente, para bien.

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