El proceso de maduración de
la vista del bebé se produce fundamentalmente
durante los primeros tres años de vida. Esto, no obstante, no significa que la visión de nuestro peque no sea objeto de estudio durante cada una de las visitas al pediatra. De hecho,
los controles visuales se hacen desde el nacimiento para descartar
cualquier anomalía.
La
agudeza visual, sin embargo, no se suele valorar hasta los tres años y, a partir de ahí, lo recomendable es llevar a la pequeña o pequeño a
revisiones cada cierto tiempo. Para promover una
correcta salud visual en los peques, es importante
cuidarla desde su nacimiento y detectar cualquier problema pronto porque, por lo general, cualquier
alteración de la vista se puede corregir si se detecta antes de los seis u ocho años.
Controles de la visión del recién nacido
El cuidado de los ojos del bebé es tan importante que en cuanto nacen
se les aplica una pomada antibiótica para
evitar infecciones bacterianas durante el nacimiento. Si no se aplica, el bebé corre el
riesgo de tener problemas oftalmológicos serios que incluyen
la ceguera.
Cuando nacen,
su visión no está completamente desarrollada. Físicamente están preparados, pero su cerebro aún no procesa correctamente las imágenes. Por eso, el pediatra
explorará sobre todo las pupilas (y el parpadeo) para detectar cualquier alteración ocular. Gracias al
reflejo rojo de la pupila, el especialista comprobará que la luz llega bien a la retina.

La visión se irá desarrollando en los siguientes meses y años, y es importante realizar
controles oftalmológicos porque
los ojos necesitan "aprender" a ver. Es decir, que
la información llegue bien al cerebro, y para eso las imágenes tienen que ser claras y nítidas. Si no es así, la visión no se desarrolla o lo hace de manera incompleta, provocando problemas oculares como
la amblioplía (u ojo vago) o
el estrabismo (desviación de pupilas).
Además,
si la vista es deficiente tendrá consecuencias para el desarrollo intelectual y físico del menor. A ello se añade una dificultad evidente: ¡Los bebés no pueden decirnos que no ven! Así que es fundamental que en las visitas al pediatra este controle su vista; algo que irá haciendo durante el primer año de vida centrándose en
el comportamiento visual y en los reflejos que se desencadenan por los
estímulos visuales.
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Los ojos del bebé prematuro
Los
bebés prematuros tienen
más riesgo de sufrir problemas oculares, sobre todo si nacieron antes de la semana 32. De hecho, existe una patología que solo les afecta a ellos,
la retinopatía del prematuro, que se produce cuando la retina no se desarrolla completamente.
Durante el embarazo, los vasos sanguíneos de la retina del feto van creciendo y, a partir de la semana 16, se van ramificando hacia el exterior (aproximadamente a partir de los ocho meses de embarazo). Si el
bebé nace prematuramente, ese crecimiento se puede ver alterado. Los vasos sanguíneos no se desarrollan de manera normal y pueden provocar
pérdidas de sangre y hemorragias en el interior del ojo.

Afortunadamente
la mayoría de los casos se resuelven sin necesidad de un tratamiento, pero en los casos más graves sí se necesita, e incluso puede ser necesaria una cirugía ocular. Por eso, es probable (o al menos, deseable) que al nacer, un oftalmólogo pediátrico o un especialista en retinas examine al bebé prematuro para diagnosticar la
retinopatía. En estos casos se suele hacer un
examen completo al bebé, igual que si existen s
ignos de enfermedad ocular o si hay
antecedentes familiares.
¿Cuándo hay que revisar la visión de nuestros hijos?
Hasta los
tres años aproximadamente, la vista de los peques no alcanza el momento de
maduración. Es entonces cuando
la plasticidad neuronal es máxima. Sin embargo, el
desarrollo visual al 100% no se producirá hasta los
ocho o nueve años.
Lo cierto es que
cualquier alteración detectada antes de esa edad (y que no sea un problema visual grave)
se puede corregir. De ahí, la
importancia de la detección precoz para evitar alteraciones importantes y permanentes.

Hasta los tres años, la vista será controlada por el pediatra, a no ser que este detecte algún problema que requiera una visita a la consulta de oftalmología o si hay antecedentes familiares. A partir de los
cuatro años se recomienda la
valoración visual anual y
entre los seis y los 18 años cada dos o tres años, si no hay ningún problema.
Pistas de que algo no va bien con la vista del bebé
Muchos de los problemas visuales de niñas y niños pasan desapercibidos. Existen patologías más evidentes, como
el estrabismo (desviación de las pupilas) o si el peque presenta la pupila blanca, etc. Y, aún así, incluso existe el
falso estrabismo, que se produce cuando el bebé desvía los ojos cuando trata de enfocar.
Suele generar muchas preguntas al pediatra por parte de los padres, pero es algo normal. También hay que ser precavidos con el
estrabismo intermitente, en el que la desviación de las pupilas se produce en momentos determinados, como cuando tiene sueño.

Por eso es importante prestar
atención a cómo se desarrolla su visión. Muchos de los problemas visuales que pueden afectar a nuestros hijos están relacionados con la familia. La
miopía, por ejemplo, tiene un fuerte
componente hereditario; así que si en casa alguno de los progenitores tienen miopía, es probable que su hija o hijo la desarrolle.
Las
deficiencias visuales pueden tener
consecuencias en el colegio: rechazo a la lectura, dificultad a la hora de hacer tareas e, incluso, problemas de
sociabilización. Por lo general, hay que estar alerta si el peque:
- Se acerca mucho los objetos a la cara.
- No le llaman la atención las cosas lejanas.
- Se frota los ojos con frecuencia.
- Inclina la cabeza para ver mejor.
- La luz le resulta especialmente molesta.
El
dolor de cabeza también se suele asociar con los defectos refractivos, como la
hipermetropía. Sin embargo no está claro que esta relación sea directa. Algunos estudios apuntan a que algunos niños con
cefaleas siguen sufriéndola aunque se les corrija los problemas de visión. La
amblioplía, por otro lado, es más difícil de detectar porque los peques se suelen desenvolver bien con el ojo que ve bien (camuflando así el
ojo vago).
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Tratamientos de los problemas visuales más habituales de los niños
La
visita al oftalmólogo determinará si nuestro hijo o hija tiene algún problema de visión y cuál es el tratamiento. En la consulta le realizarán pruebas concretas dependiendo de la sospecha que tenga el profesional. En el caso de
problemas refractivos (miopía, hipermetropía o astigmatismo) lo habitual es corregirlo con
gafas o lentes de contacto.

En el caso de
ojo vago (
amblioplía), lo más habitual es el uso de
un parche en el ojo "bueno" para obligar al otro a mejorar su agudeza y dejar de ser "vago". Si hablamos de
estrabismo, este se puede corregir con
gafas, con un
parche (cuando hay amblioplía), con una
inyección de toxina botulínica o incluso una
intervención quirúrgica.
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