La
caries de la infancia temprana, más conocida popularmente como
caries del biberón (aunque es un término desfasado que daba lugar a confusión),
o caries rampante es uno de los problemas que pueden afectar a los bebés y aparece con los primeros dientes. Se trata de una patología muy agresiva y muy rápida (de ahí el término
rampante), por lo que
detectarla a tiempo es fundamental para tratarla y neutralizarla.
Lo cierto es que
la prevención es fundamental no solo en este caso, sino en general para mantener una buena
salud bucodental desde pequeños. Algo que está muy relacionado con una correcta higiene y cuidado de los dientes de nuestros bebés, desde el primero.
Si no se trata la caries de la infancia temprana, o se detecta tarde, las consecuencias para nuestras hijas e hijos puede ser muy negativas porque
puede provocar problemas de diverso tipo a lo largo de sus vidas (dientes torcidos, mala dentición, problemas de habla...). De hecho,
un niño con caries será un adulto con caries, a no ser que cambie sus hábitos y los condicionantes para ello. ¿Y qué supone eso? Pues que de adulto perderá sus piezas antes, será candidato a empastes, endodoncias, extracciones e implantes.
La caries no se pega,
no es una enfermedad transmisible pero sí está relacionada directamente
con la alimentación y con la higiene.
¿A quién afecta la caries del biberón?
Se trata de un problema bucodental que afecta principalmente a
los bebés lactantes alimentados con biberón, aunque también puede aparecer en niños de cuatro o cinco años. Se produce por el
biofilm (antes conocido como 'placa bacteriana'), resultado de que las
bacterias se alimentan del azúcar de la leche.
Este se queda en el surco que hay entre la encía y los dientes, o entre diente y diente, y va destruyendo la mineralización de la superficie dental. Si no hay una buena higiene
este proceso es rápido y muy destructivo. Por eso
es importante la limpieza de encías y dientes de los peques porque mientras más se prolongue la suciedad, más tiempo tendrán las bacterias para actuar y más fácil será el camino hacia la caries.
La caries del biberón
se reproduce más rápidamente durante las horas del sueño. ¿Significa esto que
la lactancia materna produce caries? La respuesta es NO. De hecho, podría ser un
factor protector por los anticuerpos que frenan el crecimiento de bacterias, tal y como recoge el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría
en un informe firmado, entre otras personas, por la
odontóloga de CSC,
Irene Iglesias.
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El biberón nocturno sí multiplica el riesgo de que se produzcan caries.
La leche artificial favorece el crecimiento bacteriano y disminuye el pH de la saliva. A ello se une que cuando el bebé succiona el biberón, la leche cae en la parte delantera y se acumula alrededor de los dientes. Con el pecho, la leche materna cae en la parte posterior, provocando la deglución inmediata.
Es posible
detectar la caries porque se suele manifestar como
una mancha blanca, una erosión o una irregularidad en el esmalte. Su color inicial es blanco y suele pasar desapercibido. Después suele ser
amarillo o anaranjado. Se suele confundir con el sarro o una descalcificación.
¿Por qué se produce la caries del biberón?
Hay dos razones por las que aparece la caries del biberón: una
higiene dental deficiente -o inexistente- y la exposición frecuente de los dientes del peque a la
leche de fórmula o líquidos que contienen azúcar (
jugos de fruta, refrescos o bebidas azucaradas que los más peques no deberían ni probar). Ambos crean el ambiente perfecto para que que se reproduzcan las bacterias que se alimentan de esos azúcares;
bacterias que
se fijan a los dientes del bebé.

Los niños que suelen
dormirse con el biberón tienen más riesgo de sufrir este tipo de caries. ¿Por qué? Pues porque determinados ingredientes de la leche de fórmula (como la maltosa, la glucosa, la sacarosa o la lactosa) permanecen más tiempo en sus dientecitos. Eso multiplica las posibilidades de que las bacterias se den un banquete. Sorprendentemente,
algunas leches de fórmula contienen mucho azúcar.
También afecta a
los niños de chupete cuando sus progenitores o familiares humedecen este
con miel, jarabe o azúcar. Cualquier fluido dulce que se quede impregnado en los dientes aumenta las probabilidades de que aparezcan caries.
La prevención es fundamental para evitarla
Es probable que te hayas preguntado
cuándo es el momento de empezar a limpiar los dientecitos de tu hijo. O, peor aún, que ni siquiera te lo hayas planteado. La respuesta, no obstante, es fácil:
en cuanto le salga el primero. De hecho,
entre los 6 y los 12 meses, deberíamos realizar
la primera visita al dentista (si es a los seis meses, mejor). Aunque parezca pronto, el odontopediatra podrá analizar la evolución de la dentición y ofrecernos consejos para la salud bucodental de nuestro bebé, incluso nos enseñará
cómo hay que cepillar sus dientes.

En en esa primera visita, el profesional recogerá en la historia que el peque se alimenta con biberón y podrán actuar en consecuencia. Se podrá valorar la aplicación periódica de
flúor tópico en consulta para prevenir la aparición de caries o para tratar las que están en fase de lesión de mancha blanca. Este producto es capaz de inhibir la desmineralización y aumentar la remineralización, de modo que los dientes aguantarán un ph más ácido.
Tenemos la
idea equivocada de que los niños no necesitan ir al dentista pero, además de la prevención, que es fundamental; existen
otras patologías o problemas relacionados con la boca que se pueden detectar a tiempo en el dentista.

Por otro lado, es importante
no dejar dormir al peque con el biberón y
no darle zumos ni líquidos azucarados en general, y menos con biberón. También hay que procurar
una limpieza correcta y continua de tetinas y juguetes; y sustituirlas en el primer momento que tengan signos de desgaste: las gomas acumulan muchos azúcares y restos de alimentos.
Y, como dije anteriormente,
cepillar los dientes del bebé en el momento en el que nazca el primer diente. En este sentido, podemos
preguntar al dentista qué tipo de cepillo usar y cómo hacerlo. Y sí, hay que usar
pasta de diente y que esta
contenga flúor.

El otro punto importante para evitar que aparezca la caries es
la alimentación. Hasta los
seis meses se recomienda la
lactancia en exclusiva y, a partir de entonces, se introduce la
alimentación complementaria.
Los únicos líquidos que no provocan caries son la leche materna y el agua; así que hay que
evitar el consumo de azúcar en las comidas (sobre todo, entre comidas) y
sustituir lo más rápido posible el biberón por
un vaso o una taza.
Hay que poner
especial cuidado durante la siesta y la hora de dormir por la noche porque los líquidos azucarados permanecen más tiempo en contacto con el esmalte dental. Así que, al igual que
no es necesario limpiar los dientes del peque si la última toma es de leche materna; sí es importante asear los dientes del bebé antes de dormir cuando toma un biberón (y sí, será difícil si el bebé se ha quedado dormido pero es importante si queremos evitarle problemas bucodentales).
Tratamiento de la caries del lactante
La caries del lactante es una afección grave, así que
hay que tratarla lo más rápido posible. Es posible que pensemos que es un diente de leche y que ya se caerá; sin embargo, esto es un gran error. La caries puede provocar
infección y dolor, y es difícil determinar cuándo un diente de leche
será sustituido por el definitivo.

El
tratamiento puede ir
desde un empaste (aunque no es la mejor solución porque no suelen aguantar)
a la extracción y colocación de un mantenedor de espacio, que dependerá de la edad del menor.
"El problema es que, cuando hay caries del biberón, esta suele ser muy destructiva y un empaste no lo arregla. Normalmente hay que hacer una pulpectomía, que es una intervención que suele eliminar el nervio de dentro de las raíces de esos dientecitos; y luego poner coronitas de acetato o zirconio", explica
Irene Iglesias, la
odontóloga de
la Tribu de Criar con Sentido Común, a la que las familias miembro pueden consultar online de forma gratuita.
Sin embargo, para nuestra experta
"el mejor tratamiento es el que se hace en casa". Básicamente,
cambiar los hábitos de higiene y alimentación.
"Prevenir es más fácil y más barato", concluye.
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