Hay una recomendación que, por suerte, cada vez más gente conoce, que dice que
cuando estás dando el pecho a un bebé tienes que guardar el reloj en un cajón, o lo que es lo mismo: que
le tienes que dar a demanda. El tema del
biberón a demanda es, en cambio, mucho más desconocido aún.
Con el pecho nos resulta más lógico. ¿Que por qué? Pues porque si no, se empiezan a poner tiempos y pautas a algo que no tiene ninguna pauta lógica. Si no se sabe
cuánto toma un bebé en una toma, ¿cómo vas a poner tiempos? Pero no solo eso: si no sabes
cuánto necesita comer cada bebé en cada momento, ¿cómo vas a poner tiempos? Y es que con un biberón sí puedes saber cuánto acaba de comer un bebé, pero eso tampoco ayuda porque
hay bebés que necesitan mucho más que otros (y bebés que necesitan mucho menos).
¿Por qué sin reloj?
Porque durante tantos años se le ha dicho a las mujeres que tienen que dar de comer a sus bebés cada tres horas que hasta esa recomendación les genera
dudas difíciles de responder:
- Pero, ¿tres horas desde que empieza a mamar, o tres horas desde que acaba?
- Y si me pide antes de las tres horas, ¿le doy?
- ¿Y si está durmiendo y no hay manera de despertarlo?
O no son preguntas tan difíciles, porque hay quien tiene
respuestas para todo:
- Desde que empieza a mamar, cada tres horas.
- Si te pide antes, le puedes dar un poco de agua, manzanilla o agua con sacarina.
- Mójale los pies, cámbiale el pañal, hazle cosquillas...
Huelga decir que
ninguna de las tres respuestas es correcta, si tenemos en cuenta que solo una lo es:
dale de comer a demanda, o sea, cuando te pida.
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Sin ir más lejos, he llegado a tener
un diálogo bastante cómico con algunas personas sobre esta cuestión:
—Las madres deberían guardar el reloj en un cajón y
amamantar a demanda.
—No es así. Los bebés tienen que comer cada tres horas.
—No tiene sentido.
Los relojes no hace tantos años que existen. ¿Cómo lo hacían en la antigüedad sin relojes?
—Tenían relojes solares.
—¿Y de noche?
Es que no hay por dónde cogerlo.
No tiene ningún sentido. No miraban el reloj de sol, ni tenían relojes de arena, ni ponían el dedito orientado al sol para calcular cuánto rato había pasado desde la última toma:
alimentaban a sus bebés cuando notaban que estaban inquietas, cuando despertaban y empezaban a llevarse los puñitos a la boca... o a malas, si no se daban cuenta, cuando empezaban a llorar (recordad que
el llanto es un signo tardío de hambre, como podéis ver a continuación).

Así se aseguraban de que los bebés comían cuando tenían hambre, y no lo hacían si no la tenían. Así
comían con ganas y energía (por estar despiertos) y no cuando lo decía un reloj,
demasiado tarde y llorando, o
demasiado pronto y adormilados quizás porque en ese momento preferían seguir durmiendo.
Pero el biberón es diferente, ¿no?
La realidad, y es una recomendación que ya conocemos
desde 1982 de la publicación
Guidelines on infant nutrition. III. Recommendations for infant feeding de la ESPGHAN (Sociedad Europea en Gastroenterología, Hepatología y Nutrición en Pediatría), es que
el biberón también se da a demanda. Desde 1982, y aún no ha cambiado... es decir, no hay nuevas recomendaciones al respecto.
Entonces, ¿por qué se sigue diciendo que es cada tres horas? Pues porque
la fórmula infantil se suele digerir en más tiempo, y eso hace que permanezca más tiempo en el estómago del bebé. Un tiempo que puede ser de
entre dos y tres horas, en algunos casos más. En bebés muy
prematuros, o con algún problema gástrico, es importante asegurarte de que no queda alimento dentro del
estómago antes de volver a alimentarlo mediante sonda, porque
ir añadiendo alimento sin que el bebé sea capaz de digerirlo es muy peligroso.

Este principio, este medio, se extrapoló a los bebés que sí pueden digerir lo que comen sin problema y que son capaces de decir cuándo tienen hambre, porque se pensó que podía suceder lo mismo, y por eso se estableció que tres horas era el tiempo necesario para que un bebé ya tuviera
el estómago vacío.
Pero la realidad es que, al igual que con la lactancia materna,
no es necesario esperar a que el estómago esté vacío y
no hay problema en ingerir leche artificial cuando todavía hay leche en digestión, por lo que el tiempo no debería estar nunca limitado. ¿O acaso los adultos esperamos a comer el segundo plato o el postre a tener el estómago vacío? Y si una emergencia nos hace levantarnos de la mesa, ¿no podemos volver a sentarnos y seguir comiendo aunque haya pasado una hora?

Si un bebé pide a las dos horas de haberse tomado un biberón es señal de que
ya necesita comer, de que ya tiene hambre, y
es indiferente que tenga o no leche en el estómago (de hecho, es que no podemos saber cuándo tiene aún leche y cuándo no).
Si ponemos horarios, quizás no acertemos
El problema de poner horarios es que
muchos niños comen antes de tener hambre (tampoco es un problema grave si no se le fuerza a acabar el bibe) y muchos otros (esto sería más grave) comerán
después de un buen rato pidiendo, llorando y pasando hambre sin necesidad, porque se considera que aún no le toca, o que no puede ser hambre.
Es más, se ha visto que cuando le das a un bebé leche de fórmula con diferente densidad calórica (unos bibes con más calorías que otros), ellos mismos
adaptan los horarios y la cantidad que consumen para llegar al final del día con una ingesta muy similar de calorías. Esto demuestra que
los bebés controlan las tomas para recibir lo que necesitan, y no más, ni menos.
Biberón a demanda: No solo el cuándo, sino también el cuánto
Pero eso no es todo. Cuando alguien dice
"el biberón se da a demanda" no está diciendo que hay que dárselo cuando el bebé lo pida, pero la cantidad que tú decidas, o la que pone en la lata. Está diciendo
"Ofrécele biberón cuando lo pida y retírale el biberón cuando ya no quiera más" (y durante la toma
ve haciendo pausas para que la toma sea más fisiológica).
Si observamos las necesidades calóricas de
un bebé de tres meses, vemos que
necesita entre 328 y 728 kcal diarias. Una bebé de la misma edad necesita
entre 341 y 685 kcal.
Si hacemos lo mismo con un
bebé de seis meses, vemos que están
entre 491 kcal para los más "diesel" y
779 kcal para los "gasolina" (el metabolismo de los bebés es muy diferente, y hay algunos que gastan más energía que otros, siendo algo normal). Si miramos las necesidades calóricas de las bebés de seis meses, vemos que van desde las
351 hasta las 819 kcal.

Según esto, Laura, que tiene tres meses puede estar tomando una cantidad cercana a la mitad que Lola, que también tiene tres meses y pesa muy parecido, porque resulta que Laura tiene suficiente con 341 kcal al día, pero Lola necesita 685 kcal diarias. Sus padres están un poco preocupados porque cuando se juntan ven que Lola come "como una campeona" y Laura parece que "se aburre" con el biberón, porque enseguida lo rechaza. Y sin embargo,
las dos parecen dos niñas sanas, con energía y de aspecto saludable.
Y mientras un padre está muy tranquilo por cómo come su hija, el otro está preocupado, y de vez en cuando
consulta a su pediatra para ver cómo puede hacer para que coma más. La pediatra siempre le dice lo mismo:
"si no quiere más es señal de que no necesita comer más", y luego le añade: "
sobre todo no la fuerces a comer... porque hay bebés que necesitan mucho alimento y otros que necesitan poco, y parece que la tuya es de estas.
No es mejor que coma más, sino que coma lo que necesita".

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