Una de las imágenes más bonitas de las que las familias pueden disfrutar es ver a su bebé dormir plácidamente. Su estado de relajación, de paz, nos hace imaginar cómo se sentirá, en qué pensará o con qué soñará. Pero,
¿sueñan los bebés?
Evidentemente no podemos preguntarles a ellos, así que
es todo un misterio que nos fascina a nosotros, pero también a los científicos. La opinión más extendida es que
no, no sueñan (en el sentido que le damos los adultos) al menos hasta que llegan a cierta edad.
Según la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente, el sueño aparece
alrededor de los 18 meses. ¿No sueñan antes? Es difícil saberlo, pero los investigadores sí han detectado
sueño en fase REM del feto durante la gestación.
Las fases del sueño
Dormir es vital para el ser humano. Por un lado, ayuda a nuestro cuerpo a recuperarse del cansancio físico (
sueño profundo) y tiene consecuencias positivas para nuestra salud. Por otro lado, nos ayuda a
gestionar las emociones, a instaurar y consolidar lo que aprendemos y a mejorar nuestra memoria (
sueño MOR –movimientos oculares rápidos– o REM –rapid eyes movement–).

Es en esta parte donde
aparecen los sueños que
sirven para seleccionar o desechar recuerdos. Son reflejos de lo que ocupa nuestra mente (
miedos, deseos o experiencias); y que nos ayudan a solucionar algunos dilemas al darle otro orden u otro contexto en nuestras cabezas.
El sueño de las ovejas da pistas sobre el de los bebés
El
sueño tiene distintas
fases pero podemos englobarlo en dos muy diferenciadas (que tienen, digamos, diferentes niveles):
- La fase no MOR que se corresponde con el sueño profundo y que supone el 70% del sueño en los adultos, pero un 50% en los recién nacidos. Es la fase en la que aparecen los terrores nocturnos.
- La fase MOR o REM en la que el cerebro se mantiene activo y se procesa la información del día para almacenar lo más importante en la memoria a largo plazo (por eso los bebés pasan más tiempo en esta fase). En esta, aparecen los sueños y las pesadillas.
En el año 2009 la
American Institute of Physics publicó una investigación liderada por
la matemática alemana Karin Schwab que, junto a un grupo de neurocientíficos de la Universidad Friedrich Schiller de Jena (Alemania), concluía que
el cerebro del bebé, incluso durante el embarazo,
entra en estadíos compatibles con el sueño.
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Alrededor del
séptimo mes de embarazo, se observa en los fetos esos
movimientos oculares rápidos. Dentro del vientre de mamá, el bebé pasa
la mayor parte del tiempo durmiendo, oscilando entre
el sueño tranquilo y el sueño activo. Sin embargo, aún se siguen debatiendo las funciones de estos ciclos de sueño.
Como es imposible estudiar qué pasa en el cerebro de un bebé durante la gestación (al menos por ahora) en la investigación se
optó por estudiar fetos de ovejas, un animal que puede gestar a uno o dos fetos
de tamaño y peso similar a los humanos.

Los investigadores alemanes descubrieron que los fetos de oveja muy inmaduros
pueden entrar en un estado de sueño en el que ya sueñan semanas antes de que se vean los primeros
movimientos oculares rápidos. Su análisis matemático podría llevar a una mejor comprensión del
propósito del sueño.
El estudio también proporciona una herramienta para estudiar
cómo se desarrolla el cerebro y detectar problemas que conducen a enfermedades posteriores, como
trastornos neurológicos o la
muerte súbita.
El lenguaje y la imaginación
Como vemos,
el cerebro de los bebés (bueno, el cerebro en general) sigue siendo un fascinante misterio. A día de hoy, la corriente más generalizada es que, aunque
los bebés pasan la mayor parte del tiempo durmiendo, no sueñan como lo hacemos nosotros. ¿Por qué? Porque les falta dos elementos fundamentales:
el desarrollo del lenguaje y
la imaginación.

En el caso del
lenguaje, este comienza
prácticamente desde que nacen. En la primera mitad
del primer año, el bebé irá desarrollando capacidades útiles para las siguientes etapas y muchas de ellas están orientadas a
comunicarse. ¡Hasta la lactancia materna sirve de entrenamiento para el lenguaje!
A partir de los seis meses,
comprenderá palabras y frases e irá
imitando los sonidos hasta pronunciar
su primera palabra. La
imaginación, por su parte, irá apareciendo a medida que el cerebro del bebé se va desarrollando y empiece a
conocer y descifrar el mundo le rodea.
Los recién nacidos captan el entorno
con sus cinco sentidos, pero difícilmente son capaces de ordenarlos de tal forma que puedan generar una historia.
A partir del primer año, los expertos sí creen que comienzan a soñar, pero seguirá siendo de manera distinta.
Al
carecer de experiencia vital o capacidad de imaginar cosas o crear historias,
sus sueños probablemente son recreaciones de sensaciones y más bien estáticos.
Raramente recordarán lo que han soñado (y seguramente no podrían explicarlo si fueran capaces de recordar).
El sueño es fundamental para el ser humano
Está comprobado que, sobre todo
en el tercer trimestre de gestación, presentan
momentos de vigilia seguidos de momentos de inactividad semejantes a las fases del sueño que tienen los recién nacidos. Hay
dos patrones de sueño dentro de la madre: sueño activo y sueño tranquilo. El primero es el que se convertirá en
sueño REM o MOR, y es
el primero en aparecer.
Los
neurocientíficos tienen claro que
el sueño es fundamental para el desarrollo del bebé pero creen que en un primer momento
el sueño activo o REM cumple una función distinta a la del adulto.

Durante esas fases el cerebro del bebé va
construyendo nuevas conexiones neuronales, va ajustando y reconectando las que ya tiene, instaura lo que va aprendiendo y consolida su desarrollo hasta alcanzar hitos como el lenguaje. Por eso,
la mayor parte del tiempo que el feto y el recién nacido está dormido lo hace en la fase REM.
Por eso, y porque en ese estado, el despertar es mucho más "amable", y ya sabemos todos que los bebés tienen que
despertarse a menudo para comer, para aprender a desarrollarse y para
reclamar el cuidado y compañía de su cuidador principal, que suele ser mamá.
El
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