Validar las emociones: Tan válida es la alegría como lo es la tristeza (o la ira o la rabia)

Aunque no estéis en sintonía, deben saber que les entendemos y respetamos

Armando BastidaArmando Bastida7 min de lectura
Validar las emociones: Tan válida es la alegría como lo es la tristeza (o la ira o la rabia)

En Criar con Sentido Común siempre insistimos en algo que a veces se pasa por alto: todas las emociones son importantes, no solo las que nos resultan agradables.

La tristeza, la rabia, la frustración, el miedo… todas cumplen una función, todas ayudan a los niños a entender el mundo y a entenderse a sí mismos. Por eso validar las emociones infantiles es uno de los pilares de la crianza respetuosa.

Pero ¿qué significa exactamente validar? ¿Por qué cuesta tanto? ¿Y cómo se hace, en la práctica, cuando estamos cansados, con prisas o metidos en plena rabieta?

En este artículo te acompaño a revisarlo paso a paso.

Criar con respeto es validar todas las emociones

A menudo se piensa que la crianza respetuosa consiste en “hacer siempre lo que el niño quiere” o en una especie de permisividad infinita. Y no es así.

Criar con respeto es reconocer lo que sienten, permitirles expresarlo y acompañarles sin ridiculizar, sin minimizar y sin negar su experiencia.

Los adultos tendemos a decir cosas como:

  • “No llores, no es para tanto”.
  • “Venga, ya está, no te enfades”.
  • “No deberías ponerte así por una tontería”.

No lo hacemos con mala intención: repetimos lo que escuchamos nosotros. Pero estos mensajes envían una idea peligrosa: “lo que sientes no está bien”.

Descubre cómo educar con respeto y sin gritos, lágrimas ni castigos, mediante la Disciplina Positiva en nuestro Curso Online "Educación Respetuosa y Disciplina Positiva"

Cuando un niño recibe ese mensaje de forma repetida, aprende a desconectarse de sus emociones. Y un niño que no sabe lo que siente, difícilmente podrá regularse. Validar significa lo contrario: dar espacio, nombrar, acoger y acompañar, tratando de encontrar un equilibrio entre la firmeza y la amabilidad.

Si quieres más información o necesitas asesoramiento profesional, en la Tribu CSC puedes consultar a nuestro equipo de expertos en salud materno-infantil y crianza respetuosa. 

El liderazgo respetuoso: poner límites sin humillar

Una de las dudas más frecuentes cuando hablamos de validar emociones es esta: “¿Y entonces quién manda? ¿Quién pone los límites?”

La respuesta es sencilla: las madres y los padres. Validar no anula el liderazgo. Educar con respeto no significa perder el control ni ceder ante cada demanda. Ser líder en familia no implica autoritarismo, sino claridad. Es decir: "yo decido, pero decido con empatía".

Los niños pueden discrepar, frustrarse y llorar… y eso no significa que el límite esté mal puesto ni que tengamos que llevar a cabo una lucha de poder. Significa que están teniendo una respuesta emocional lógica, acorde a su edad, al límite que les ponemos. Y es que educar no es conseguir que nuestros hijos no lloren, sino que se sientan acompañados mientras lloran, que aprendan a tolerar la frustración y a seguir adelante cuando las cosas no salen como quieren.

Los niños tienen derecho a sentir… incluso cuando no nos viene bien

A veces esperamos que nuestros hijos reaccionen “como adultos en miniatura”: que comprendan, que acepten, que razonen, que se adapten. Sería maravilloso, y la crianza y educación mucho más fácil. Pero la realidad es otra: el cerebro infantil está en construcción, y emociones como la frustración o la rabia se viven con una intensidad enorme.

No es personal. No es un pulso. No es un intento de manipulación. Es desarrollo. Es maduración. Es vida.

Ayuda a tus hijos/as a interiorizar las normas y rutinas necesarias para que tengan un orden, y a establecer límites respetuosos sin gritos ni castigos, de forma que ellos y ellas los entiendan y respeten con el Curso Online "Límites con respeto" 

Uno de los errores más frecuentes es interpretar sus emociones como ataques directos:

  • “Me está llevando la contraria”.
  • “Solo quiere fastidiar”.
  • “Siempre lo mismo, lo hace a propósito”.

Cuando caemos ahí, entramos de lleno en la lucha de poder. Y ahí perdemos todos. Y sobre todo los peques, porque nos alejamos de ellos y nos desconectamos, pensando que tienen como misión el ponérnoslo difícil adrede.

Y no es así. Solo tratan de conseguir lo que creen o sienten que necesitan. Y deberíamos respetar sus sentimientos y deseos genuinos, que no quiere decir que deberíamos hacerlos posibles. Validar emociones no significa cambiar nuestra decisión, sino reconocer lo que sienten mientras mantenemos el rumbo.

Un ejemplo cotidiano: “No quiero irme a casa”

Seguramente esta escena te suena: tarde en el parque, diversión a tope… y de repente toca irse.

Y entonces llega:

  • La mirada desafiante.
  • El temblor del labio.
  • El “NOOOO” que hace girar cabezas.
  • La rabieta de manual.

A veces anticipar ayuda: “Jugaremos un ratito y luego nos iremos a casa”. Pero anticipar no evita la emoción: evitaría la emoción un cerebro adulto, no uno infantil.

En ese momento, la validación es el faro que ilumina el camino. Podemos seguir estos cuatro pasos:

1. Nombrar la emoción

“Veo que estás enfadado porque te lo estabas pasando muy bien y no quieres irte.”

Nombrar es conectar. Es decirle: “te veo y te entiendo”.

2. Validar lo que siente

“Es normal, da mucha rabia tener que irse de un sitio cuando te lo estás pasando tan bien.”

Validar es decir: “lo que te pasa tiene sentido”. Incluso, cuando son más mayores, podemos ponernos como ejemplo personal: "yo también siento esa rabia cuando tengo que irme de algún sitio en el que estoy disfrutando".

3. Explicar lo que va a suceder

“Ahora nos iremos a casa para bañarnos y cenar.”

El límite sigue ahí. Sereno. Claro. Sin amenazas y sin gritos.

Ayuda a tus hijos a conocer y regular sus emociones para formar una sana autoestima y relacionarse adecuadamente con su entorno con nuestro Seminario Online "Regulación Emocional"

4. Ofrecer alternativas

“¿Quieres que vayamos hasta el coche jugando al veo-veo o saltando como canguros?”

No es negociar el límite, es suavizar el camino. El mensaje es claro: nos vamos al coche, pero puedes escoger cómo podemos hacer este camino. A veces funciona muy rápido. A veces lloran todo el camino hasta casa… y también está bien. Insisto: el objetivo no es evitar la frustración. El objetivo es acompañar la emoción.

Validar requiere práctica (porque a muchos no nos validaron nunca)

Para quienes crecimos en hogares donde las emociones “se escondían”, empezar a validarlas puede sentirse raro, artificial, incluso incómodo. Y es normal. No forma parte de nuestro "comportamiento automático" y, como todo aprendizaje, requiere práctica. Igual que aprender a conducir, a montar en bici o a hablar un idioma.

Al principio hay que pensarlo: “A ver, cómo era. Primero nombra… luego valida… entonces explica… ofrece alternativa…”. Pero llega un momento en el que sale solo. Y cuando sale solo, cambia la manera en la que nos relacionamos con nuestros hijos. Y cambia la manera en la que ellos se relacionan con nosotros.

Validar emociones no es sobreproteger. No es ceder. No es convertirnos en padres complacientes. Validar emociones es educar desde la conexión, no desde el miedo. Y cuando conectamos, el límite se entiende mejor, se respeta mejor y se vive mejor.

Aceptar sus lágrimas no es dejarlos llorar solos

Pero entonces, ¿no les estamos dejando llorar, cuando siempre se ha dicho que no hay que dejarles hacerlo? A un bebé no debemos dejarlo llorar cuando podemos calmarlo. Pero a un peque sí hay que permitirle expresar su emoción, acompañando su llanto.

Acompañar no significa ignorar. No significa dejarles llorar en la habitación para “que se acostumbren”. No significa endurecer el corazón. Acompañar significa estar presente, sostener, comprender que el llanto es una forma sana de liberar tensión.

Hay niños que dejarán de llorar en un minuto. Otros que necesitarán más tiempo. No son mejores ni peores: son diferentes. Pero todos necesitan lo mismo: sentirse vistos, sostenidos y respetados.

La crianza cambia cuando cambiamos la mirada

Validar emociones no es una estrategia puntual, ni un invento moderno ni una técnica que puede funcionar o no funcionar: es una forma de estar con nuestros hijos. Es un modo de comportarnos y de ser, que deberíamos utilizar siempre, cuando hablamos con los peques, pero también con adultos.

Porque nos acerca a la empatía, porque nos hace plantearnos qué está viviendo la persona que tenemos delante. Y así, cuando dejamos de interpretar sus reacciones como ataques personales, cuando entendemos que sentir no es desobedecer, cuando dejamos de ver la rabieta como un enemigo… algo se recoloca dentro de nosotros.

Y entonces sucede algo precioso: la conexión se hace más fuerte. Y con ella, la crianza se vuelve más ligera, más humana, más real.