Hay bebés y niños pequeños que no llegan a desarrollar vínculos saludables con sus progenitores o cuidadores principales. Es lo que se conoce como trastorno reactivo de la vinculación.
¿Qué es el trastorno reactivo de la vinculación?
El
trastorno reactivo de la vinculación se produce cuando e
l bebé o el niño o niña pequeña no establece vínculos saludables con sus progenitores o personas encargadas de su cuidado. Así, puede aparecer si
no se dan vínculos estables de cariño y cuidado, pero también si
no se cumplen las necesidades básicas de alimentación, higiene o afecto. A larga, la persona es incapaz de establecer una relación "normal" con otras personas en la vida adulta.
Se trata de un trastorno psiquiátrico raro que
afecta a menos del 1% de los niños y adolescentes. Eso sí, llega a afectar al 40% en los peques que han sufrido abandono extremo o que han sido criados en entornos inusuales, como alguna institución.
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Los bebés necesitan un entorno estable y afectuoso en el que se sientan seguros y pueden desarrollar la confianza. Y, sobre todo, necesitan que sus cuidadores respondan a sus necesidades físicas y emocionales. Cuando tienen hambre, frío o calor, el pañal sucio o necesitan que lo cojan en brazos.
El llanto es su única forma de comunicarse y alertar de que necesitan algo y, por ello, es tan
importante responder siempre al llanto del bebé y no ignorarlo.
¿Qué ocurre
si no se responde a estas necesidades básicas del bebé? Este no esperará ningún tipo de atención ni consuelo, siendo
imposible establecer un lazo estable con su cuidador.
Síntomas y factores de riesgo del trastorno de apego reactivo
Este trastorno suele
comenzar a desarrollarse en la infancia y, de hecho, se desconoce si se presenta en niños y niñas mayores de 5 años. Se considera persistente cuando los síntomas duran más de 12 meses y grave cuando todas las señales se encuentran en niveles altos.
Entre los síntomas, destacan:
- Timidez, tristeza, temor inexplicable o irritabilidad.
- No buscar consuelo ni reaccionar al recibir consuelo.
- Incapacidad de sonreír.
- Observar atentamente a los demás, pero sin interactuar socialmente.
- Falta de interés por juegos interactivos como el cucú-tras, típico de los bebés.
- Problemas de conducta.
- Incapacidad de pedir apoyo o ayuda o responder a un ofrecimiento de ayuda.
- Calmarse más fácilmente cuando lo dejan solo.

Es cierto que cualquiera de estas señales por sí solas no son indicativos de sufrir un trastorno reactivo de apego, e incluso
se pueden llegar a confundir con otros trastornos, como el del
espectro autista. Por ello, ante la duda lo ideal es consultar siempre a un especialista. En
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Jéssica Romero o la
psicóloga infantil y logopeda Elena Mesonero.
Hay diferentes teorías sobre sus causas y
no se sabe por qué algunos peques lo desarrollan y otros no, lo que pone de manifiesto que es necesario seguir investigando sobre él. Lo que sí se sabe es que hay
factores de riesgo que influyen en el desarrollo del trastorno reactivo de apego, entre los que destacan el abandono social y emocional grave. Una situación que puede incrementarse (aunque no es determinante) en niños y niñas que viven algunas circunstancias concretas, como por ejemplo:
- Viven en un hogar de menores o en alguna otra institución.
- Cambian de hogar o de persona encargada de su cuidado con frecuencia.
- Progenitores con problemas de salud mental grave, conductas delictivas o que abusan de determinadas sustancias.
- Periodos prolongados de separación de sus progenitores o de las personas encargadas de su cuidado debido a una hospitalización o fallecimiento.
Prevención y tratamiento del trastorno reactivo de la vinculación
Aunque no se sabe con certeza si se puede prevenir, es cierto que sí
se puede reducir el riesgo de que se desarrolle. Para ello, es fundamental
proporcionar al bebé y niño pequeño un entorno estable y afectuoso en el que se
responda a sus necesidades físicas y emocionales.
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Tampoco hay muchos estudios sobre su tratamiento, aunque las pautas más extendidas son las de la
Academia Americana de Psiquiatría del Niño y Adolescente en las que se apuesta por
proporcionar al peque un cuidador emocionalmente disponible y estable. Además, aboga por fomentar las interacciones positivas con los cuidadores.
Es decir, la clave para tratar el trastorno reactivo de la vinculación pasa por
crear un ambiente de crianza estable y seguro donde se establezcan interacciones positivas con el peque y la persona encargada de su cuidado. Además, el peque debe tener
satisfechas todas sus necesidades físicas y de afecto.
Es importante analizar también la relación entre el bebé y su progenitor o cuidador principal, así como
investigar si el ambiente en el que crece el peque es seguro y estable.

Con un tratamiento adecuado, el peque puede desarrollar relaciones estables y saludables con las personas encargadas de su cuidado. Sin embargo,
en caso de no tratarlo, puede complicarse con el paso del tiempo y tener consecuencias de por vida. Entre ellas, problemas en las relaciones e interacciones sociales, problemas de comportamiento, en la salud física y mental, en el desarrollo intelectual o el abuso de sustancias. Así, puede desembocar en
ansiedad, depresión o trastorno del estrés postraumático, entre otros.
¿Qué es trastorno reactivo de la vinculación? ¿Qué es el trastorno reactivo? ¿Qué es un trastorno del vínculo? ¿Qué son los síntomas reactivos? Si tienes un peque en esta situación y no sabes cómo ayudarlo, en
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