Fimosis del bebé: El pene no se toca

La fimosis fisiológica no da problemas y no hay ninguna prisa para actuar

Gloria Colli6 min de lectura
Fimosis del bebé: El pene no se toca

Si le dijéramos a unos padres recientes que su bebé recién nacido tiene fimosis se preocuparían casi con total seguridad, porque se suele pensar que eso es un problema y porque no saben que prácticamente todos los varones nacen con fimosis, y que la piel que recubre el glande no se puede retraer.

Pero en realidad no pasa nada. Y no solo no pasa nada, es que no es en absoluto necesario bajar el prepucio, que es una maniobra que está desaconsejada porque si por intentarlo le hacemos daño, a la larga la evolución puede ser peor.

La circuncisión en bebés

En algunas culturas o por motivos religiosos, se acostumbra a eliminar el prepucio mediante la circuncisión durante los primeros días de vida. Esta práctica, que mantienen actualmente musulmanes y judíos (por poner un ejemplo), tiene como finalidad asegurar la higiene de la zona.

Antiguamente se pensaba que si no se eliminaba el prepucio, se debía al menos retraer completamente para higienizar el pene. Para ello se recomendaba iniciar retracciones suaves desde los tres o cuatro meses de edad del bebé para conseguir, poco a poco, que el prepucio fuera cediendo y permitiera descubrir completamente el glande y así poder limpiarlo adecuadamente.

Los riesgos de "echar para abajo" la piel del pene

Pero esto tiene un inconveniente. Si en esas retracciones se producen pequeñas heridas o fisuras, al cicatrizar la zona dañada, el tejido que se forma es más rígido, y a la larga estaríamos empeorando el problema. El tejido de la cicatriz, menos elástico que la piel normal sería más difícil de retraer con el tiempo.

Otra complicación que se puede presentar es la parafimosis. El prepucio se retrae, pero como lo hemos forzado, una vez que sobrepasa el glande vuelve a contraerse y no se puede volver a poner en su sitio. Ese anillo de piel rígida aprieta el glande y lo puede estrangular, comprometiendo la circulación de la sangre. Es una situación tremendamente dolorosa y constituye una auténtica urgencia.

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Fimosis del bebé: El pene de los bebés no se toca

Entonces, ¿qué hacemos con la fimosis del bebé? La respuesta es sencilla. Mejor no tocar. La fimosis es normal en el recién nacido y durante los primeros años de vida, y normalmente no da ningún problema.

En ocasiones el orificio es tan pequeño que el chorro de orina no puede salir bien y se produce como un globo en el extremo del pene (la orina acaba saliendo por rebosamiento). Si sucede con frecuencia, podría estar indicado intervenir.

También si se producen infecciones de orina de repetición, pero las infecciones verdaderas no son frecuentes. Lo habitual es que cuando se hacen los cultivos de orina, la muestra resulte contaminada por los propios gérmenes de la piel (que no se ha podido limpiar bien) y se confunda con una auténtica infección.

Es habitual también que se observen quistes de esmegma. Son bolitas blancas entre el prepucio y el pene, que en realidad son restos de células descamadas de la piel y secreciones que se van acumulando entre el prepucio y el glande. No molestan ni hay que hacer nada con ellos.

A medida que el prepucio se va despegando, puede empezar a salir esta sustancia blanquecina que tiene una consistencia como de queso fresco. Tampoco en este caso molesta ni hay que tomar ninguna medida, aunque se puede apretar un poco (sin molestar) para forzar la salida.

La complicación más frecuente del pene fimótico (fimosis del bebé) es la balanitis. Un proceso inflamatorio que afecta a estos restos de células y secreciones retenidas y todo el pene queda hinchado, rojo y doloroso. Puede ser muy llamativa, pero no reviste gravedad. Normalmente se observa un líquido blanquecino que parece pus, pero realmente no hay infección y no es necesario tratar con antibióticos.

El tratamiento habitual de la fimosis del bebé consiste en hacer lavados con suero (se puede introducir el pivote de una jeringa por el agujerillo del prepucio e ir disparando suero en diferentes direcciones) y algún antiinflamatorio, que suelen ser suficientes para que mejore en uno o dos días. Si las balanitis se repiten con frecuencia, podría estar indicado intervenir.

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Fimosis del bebé: Operar no es la primera opción

Aunque cuando hablamos de intervenir todos pensamos en "operar de fimosis", hay una actuación que vendría antes, que es mucho menos traumática para el niño y para los padres: un tratamiento con corticoides en crema. Estos fármacos producen atrofia de la piel. En otros casos este efecto secundario sería un efecto indeseable, pero en este caso es precisamente lo que se busca: que la piel del prepucio se vuelva fina y débil, resultando más fácil de retraer.

Aunque ojo, no suele ser necesario intentar este tratamiento hasta el inicio de la pubertad, es decir, hasta después de los nueve años. Solo se hace antes antes (a cualquier edad), si la fimosis da los problemas que he comentado (el globo al hacer pipí, infecciones de orina, balanitis, etc.).

Los cirujanos pediátricos recomiendan esperar al menos hasta esa edad para operar la fimosis del bebé (los nueve años), siempre que hayan fallado las medidas anteriores, porque aunque antiguamente se consideraba que era mejor operarlos más pequeños (por aquello de que se enteran algo menos), ahora se considera que con el propio crecimiento del pene la piel del prepucio se va estirando sola y poco a poco se va despegando, sin necesidad de forzar ni hacer ninguna maniobra.

Es decir, muchos niños operados a los dos o tres años se habrían evitado la intervención de haberse esperado al inicio de la pubertad.

En resumen

La fimosis del bebé o niño es un tema importante, el pene del bebé no se toca. No hay que intentar retraer el prepucio ni ir bajándolo poco a poco. Ya bajará solo cuando el propio crecimiento del pene vaya estirando la piel y despegándola del glande. Incluso los mismos niños lo lograrán cuando la curiosidad les lleve a tocarse el pene y estirar la piel hasta límites insospechados...

Intentar retraerlo antes de tiempo puede dejar cicatrices que hagan el proceso más difícil o, lo que es peor, puede provocar una parafimosis, complicación grave y extremadamente dolorosa que hay que resolver inmediatamente.

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