Afecta tanto a la salud de la madre como al desarrollo del embarazo
Estas infecciones del tracto urinario se ven favorecidas por los cambios morfológicos y funcionales, así como el aumento de hormonas en la gestación. Su detección y tratamiento es importante porque pueden afectar tanto a la salud de la madre como al desarrollo del embarazo. Las infecciones del tracto urinario (ITU) son, junto con la anemia en el embarazo, una de las complicaciones médicas más frecuentes durante la gestación. Afectan a la salud de la madre y conllevan un riesgo de parto pretérmino y bajo peso al nacer para el bebé en caso de no ser detectadas y tratadas adecuadamente.
Según el protocolo de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, se estima que la incidencia de las ITU es del 5-10% de los embarazos.
"La mayor parte de los casos es de bacteriurias asintomáticas (2-11%), en ocasiones son procesos clínicos sintomáticos como cistitis (1,5%) o pielonefritis (1-2%)."Este último puede provocar la hospitalización de la madre gestante y consecuencias más graves si se complica.
¿Qué es la bacteria Escherichia Coli?
La bacteria Escherichia Coli (E.coli) vive, por lo general, en los intestinos de las personas y los animales sanos. La mayoría de sus variedades son inofensivas o causan diarrea leve. Sin embargo, algunas cepas pueden provocar cólicos abdominales intensos, diarrea con sangre y vómitos.Una persona se puede exponer a esta bacteria a través del agua o alimentos contaminados, sobre todo vegetales crudos y carne poco cocida. También puede haber trasmisión entre humanos o por el contacto con animales. Para los adultos suele ser una afección leve, pero para los niños y las personas mayores es más grave.

¿Cómo se detecta la bacteria Escherichia Coli en el embarazo?
No existe una prueba específica durante el embarazo para detectar la bacteria Escherichia Coli, explica la matrona Sara Caamaño. Con ella, al igual que con el resto del equipo de profesionales de nuestra comunidad podéis contactar para resolver dudas a través de la Tribu CSC. Lo que sí se hace, dentro de las pruebas durante el embarazo, es un cultivo de orina donde, en caso de existir esa infección, aparecería. Dependiendo de la comunidad autónoma, el cultivo se realiza en el primer trimestre o con la gestación más avanzada (16 semanas aproximadamente). También se realiza un "sistemático de orina", que analiza el nivel de leucocitos, proteínas y la presencia de sangre, con la que se puede detectar igualmente la presencia de Escherichia Coli en el embarazo. En este caso, se detecta la infección. Para saber que es E.Coli es necesario un cultivo.
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Eso cuando la infección por E.Coli es asintomática. "Cuando hay algún síntoma y el análisis de orina indica infección se suelen prescribir antibióticos y, solo si no se cura, se realiza un cultivo específico", aclara nuestra matrona. En algunas ocasiones, por otro lado, las embarazadas no sienten la sintomatología típica de la cistitis, "simplemente notan un aumento de presión o molestia en la parte baja del abdomen o un aumento de la frecuencia o intensidad de las contracciones". Por eso, muchas veces acuden a urgencias "y lo primero que hay que mirar es la orina".
¿Por qué las embarazadas son más susceptibles a las infecciones de orina?
Según la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, los cambios fisiológico del tracto urinario de la mujer durante el embarazo "son importantes y facilitan el desarrollo de la ITU". Y no solo eso, estas infecciones son más recurrentes, persistentes y evolucionan a formas sintomáticas.
A esos cambios fisiológicos (dilatación de los uréteres y la pelvis renal y aumento del útero que va comprimiendo la vejiga y los uréteres), se une la influencia hormonal:
"La progesterona disminuye el tono y la contractilidad de las fibras musculares lisas del uréter. Esto reduce el peristaltismo ureteral desde el segundo mes, observándose etapas de auténtica atonía hacia el séptimo y octavo mes, lo que favorece el estancamiento de la orina y el reflujo vésico-ureteral. Igualmente disminuye el tono del esfínter ureterovesical, favoreciendo su reflujo. Los estrógenos favorecen también en parte, la hiperemia del trígono y la adherencia de los gérmenes sobre el epitelio."

Hay, por otro lado, otros factores que influyen, como el aumento de la longitud renal, los cambios de la posición de la vejiga o la alcalinización del PH de la orina. Pero, el principal factor de riesgo según los expertos es tener antecedentes de infección del tracto urinario previo al embarazo. Del 24 al 35% de las mujeres que tienen una infección asintomática en la gestación tienen antecedentes de ITU sintomática.
Por otro lado, influyen las condiciones socioeconómicas y otras enfermedades como la diabetes mellitus (incluida la diabetes gestacional) u otras patologías como las relacionadas con el riñón.
Una infección de orina puede afectar a la salud de la madre y del futuro bebé
La presencia de Escherichia Coli en el embarazo y las infecciones del tracto urinario en general deben ser tratadas para evitar complicaciones de salud. El tratamiento suele ser con antibióticos. Muchas de esas infecciones son asintomáticas. No es que en el embarazo aumenten los casos, pero sí "favorece la aparición de formas sintomáticas, complicándose hasta un 35% de los casos con pielonefritis agudas". Una pielonefritis implica una infección renal, que es una de las complicaciones que puede llevar a la mujer embarazada al hospital. Pero un tratamiento adecuado de la infección asintomática reduce un 80% las posibilidades de la pielonefritis.
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En cuanto a la cistitis, esta no se desarrolla a partir de una bacteriuria asintomática previa. Hay sintomatología, pero no se relaciona con una cistitis. No obstante, los gérmenes implicados son los mismos. De modo que puede estar provocada por la bacteria Escherichia Coli en el embarazo.
Todas ellas, además, conllevan "un mayor riesgo de parto pretérmino, de recién nacidos con bajo peso y, por todo ello, aumento de la morbi-mortalidad perinatal". Pero un tratamiento correcto en la gestante "elimina casi todas las complicaciones".
