Cada vez quedan menos, pero aún hay profesionales de la salud que a la pregunta de cómo deben ser los zapatos del bebé que empieza a andar, responde erróneamente.
Incluso puedes ir a zapaterías (me ha pasado) y que la vendedora te diga lo mismo: "Como aún no caminan bien, debes comprarle botas, que sujeten bien el pie y el tobillo, con cordones o velcro que tengan una buena fijación. La suela debe reforzar hasta el talón y la puntera, para que sea firme".
Ciertamente, un zapato así puede ayudar a caminar a un bebé incluso antes de lo que lo haría por sí mismo. Sin embargo, precisamente por eso, los zapatos no deben ser así. Y eso que eran los zapatos que nos ponían a nosotros de pequeñitos, porque se consideraba que esas botitas eran las mejores: una buena bota, dura, que nos diera bien de estabilidad. Pero ahora se recomienda todo lo contrario: que los zapatos del bebé no sean rígidos, y que no sujeten el tobillo.
Los zapatos de bebé no deben sujetar el tobillo
El tobillo es una de las muchas articulaciones que tiene nuestro cuerpo, y así como no ponemos a los bebés muñequeras para que puedan coger elementos de mayor peso, mejor la cuchara o para que puedan gatear, no deberíamos poner "tobilleras" para que puedan caminar.
Y es que las botas rígidas hacen precisamente eso, sujetar los tobillos, robarles la libertad y entonces ofrecer la posibilidad de caminar mientras dichas articulaciones no se fortalecen ni "aprenden" a sostener al cuerpo que acompañan.

Al hablar de esto siempre pongo el mismo ejemplo. Cuando voy al gimnasio, veo mucha gente utilizando muñequeras para poder coger más peso. Eso les ayuda en su objetivo, pero no deja que las muñecas vayan cogiendo cada vez más fuerza. Yo mismo las usé una temporada, y me di cuenta de que cuando las dejaba de usar tenía problemas en esa articulación. Decidí eliminarlas y reducir el peso de las mancuernas (las pesas), y poco a poco pude llegar al mismo peso de antes con unas muñecas mucho más fuertes.
El tobillo de los bebés es una articulación que hace mucho juego, por elástica, y que debe ir fortaleciéndose poco a poco a medida que el/la bebé va ejercitándola con el caminar. Además, los nervios tienen que ir aprendiendo la posición del cuerpo con respecto a los pies y el suelo, lo que conocemos como propiocepción, para dotar al bebé de un mayor equilibrio y dominio corporal que le ayude a disminuir riesgos de caídas y lesión al caminar y correr.
Si añadimos una bota rígida que limita el movimiento del tobillo le estaremos quitando la oportunidad de hacer lo que tiene que hacer: fortalecerse, ser móvil y tener información de la postura que coge el/la bebé en todo momento.
La suela de los zapatos debe ser relativamente elástica
Aquí habría que diferenciar según el momento en el que está el bebé, pues no es lo mismo un bebé que está en la transición de gateo a primeros pasos, que uno que ya está caminando la mayor parte del tiempo. La suela deberá ser de diferente grosor, pero en ambas situaciones tiene que ser lo suficientemente blanda y elástica como para que el bebé pueda caminar cómodamente mientras el zapato se flexiona a la vez que su pie lo hace.
Eso de suela bien rígida (como las botas que antes recomendaban) no solo es incómodo, no solo altera el modo de caminar, al no acompañar al pie en el gesto lógico y normal y según las necesidades de cada bebé, sino que además elimina tacto y deja a la niña desprovista de una de sus mejores herramientas a la hora de saber cómo poner el pie: le quita la posibilidad de saber cómo es el suelo que pisa.
¿Compramos botas?
Después de todo lo explicado parece muy complicado elegir el calzado de un bebé, porque claro, la mayoría de lo que vemos en el mercado son botas. En invierno es más habitual aún comprarlas, por aquello de que resguardan del frío y/o del agua. Además, hay botas preciosas que tienen parte de componente emocional y nostálgico (¡son como las que llevábamos cuando éramos peques!). Pero que las usáramos nosotros no quiere decir que fueran buenas, y hay que estudiarlas bien antes de comprarlas porque podría ser una mala adquisición, por muy bonitas que nos parezcan.

Debemos tener claro que el tobillo debe tener libertad (así que si tenemos unas botas en la mano, hemos de ver que la parte más alta sea muy flexible y que no sujete), y debemos ver que la suela sea lo suficientemente elástica como para poder doblarla con una sola mano. El pie es una estructura increíble, y si no dejamos que se haga fuerte porque el zapato lo hace todo, modificaremos su forma y disminuiremos su potencial.
Hay estudios que muestran que el uso habitual de calzado provoca que los niños tengan menos arco plantar y que si además les queda algo pequeño (algo que sucede muy a menudo), tengan un mayor ángulo del hallux, y los pies sean más estrechos (más juanete, por entendernos, con el pulgar girándose hacia adentro).
Esto, según los investigadores, afecta al aprendizaje postural y motor, y probablemente a la salud musculoesquelética en el futuro (de la forma de los pies dependerá cómo caminemos, y de cómo lo hagamos dependerá la postura y el que aparezcan, o no, lesiones, dolores, contracturas, etc.). Pues bien, ahora imaginad cómo puede afectar al pie, entonces, que además de calzar a un bebé, el zapato sea rígido.
Parece que ahora todo es malo, ¿verdad? La realidad es que malo ha sido siempre... Es solo que ahora, gracias a las investigaciones, lo sabemos. Y como lo sabemos, lo lógico es que los profesionales lo expliquemos y la población, y sobre todo los fabricantes, actúen en consecuencia.

Después de muchos años pensando que lo mejor era que el calzado sujetara los tobillos y orientara la pisada resulta que lo ideal es que el pie tenga libertad, incluso hasta el punto de promover que, siempre que sea posible, vayan descalzos.
Lo curioso es que no nos diéramos cuenta antes de algo cuya lógica cae por su propio peso. Si el pie es el fruto de miles y miles de años de evolución, de humanos caminando descalzos o con poca protección, ¿por qué iba a ser mejor, de repente, bloquear todas sus funciones y capacidades?Entonces, ¿cómo es el zapato ideal?
Depende de la edad y de las necesidades de cada bebé. Un zapato puede ser terrible para un bebé que empieza a gatear y, sin embargo, ser un buen zapato para un bebé que ya corre. Cada fase tiene sus propios requerimientos y para cada necesidad son varias las cosas en las que debemos fijarnos para escoger.
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