Hoy te he visto en la sala de espera del pediatra
con la cabeza agachada mientras preparabas el biberón a tu hijo de 6 días; te he visto sonrojarte al
justificarte sin que nadie te lo pidiera explicando por qué no le dabas el pecho.
Hoy te he visto esquivarme la mirada en la cola del supermercado, apurada, cuando tu hija ha tirado la fruta del expositor. Mi mirada, que era de complicidad, pero que no has alcanzado a cruzar.
Hoy te he visto tragar saliva, respirar hondo y sonreír cansada cuando esa otra madre, en un cumple, te ha dicho que
"ese niño ya es muy grande para tomar teta".
Hoy te he visto avergonzarte en el parque porque tu hijo pequeño no quería compartir sus juguetes; y te he escuchado explicar a otras madres que vosotros le decís que hay que compartir.
Hoy te he visto en la consulta preguntando a la pediatra qué debías darle de almorzar a tu bebé.
Hoy te he visto en la puerta de la guardería preguntando
cuándo tenías que empezar a quitar el pañal a tu hija.
Hoy te he visto en el colegio preguntando a la maestra si es normal que tu hijo
quiera pasarse cada noche a vuestra cama.
Hoy te he visto llorar tras las gafas de sol mientras te llevabas a tu hijo del parque porque había pegado a otro niño.
Te he visto vulnerable, asustada, desbordada, cansada de sentirte juzgada y
sobrepasada por la maternidad.
¿Pero sabes que más he visto mientras te miraba?
He visto a
una madre amorosa que hablaba dulcemente a su bebé mientras le daba el biberón.
He visto a una madre que explicaba pacientemente a su hija que hay que tener más cuidado mientras colocaban juntas de nuevo la fruta en el expositor.
He visto a una madre capaz de mantener
una lactancia larga y placentera a pesar de los comentarios y juicios en contra.

He visto a una madre
preocupada por educar bien a su hijo, temerosa de equivocarse.
He visto a una madre que busca fuera las respuestas que tiene dentro pero que no consigue escuchar.
He visto a una madre preocupada por
no llegar a ser la madre perfecta, de revista, que todos esperan.
Y, ¿sabes qué, mamá?
Que
las madres perfectas no existen. Que las decisiones sobre cómo alimentar a tu bebé solo os incumben a vosotros. Que los niños hacen ruido, rompen cosas, tienen rabietas. Que
a ser madre también se aprende cada día y todas cometemos errores. Que la pediatra y la maestra saben mucho de lo suyo, pero de cómo quieres criar a tus hijos en tu casa sabes tú. Que yo también he leído libros sobre crianza para tener opiniones de expertos que validaran mis creencias. Pero al final
solo tú y tu bebé podéis escribir vuestra historia. Escúchale.
Escúchate. Confía en ti porque
lo estás haciendo genial.
Maternar es demasiado difícil para
atormentarte con lo que esperan los demás; es
demasiado bonito para dejar que el ruido de fuera lo enturbie.
Porque cuando se cierra la puerta de casa solo ese núcleo perfecto que es tu familia tiene la palabra.
Porque al final del camino solo tú misma y tus hijos podréis mirar atrás y ver
cuáles fueron las piedras y los valles de vuestro camino. Que las unas y los otros sean fruto de tu aprendizaje y tu crecimiento como madre. De vuestra historia juntos. Que
sigas a tu corazón y no a la opinión de los demás. Porque tus hijos no te cambiarían por ninguna otra madre del mundo. Porque tú, eres hoy, así, con tus seguridades y tus miedos, con
tus luces y tus sombras, exactamente
la madre que ellos necesitan a su lado.
Su madre...