Un nivel alto de estrés en el padre antes y después del parto podría repercutir en un mayor riesgo de su hijo a desarrollar problemas emocionales y conductuales a los dos años, independientemente del estrés materno
Hay ríos de tinta sobre los efectos que tiene el estrés materno en la salud presente y futura del bebé, pero ahora, un nuevo estudio realizado por miembros del Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del King’s College of London (Reino Unido) y el Institute for Health and Welfare, ponen el foco en cómo afecta el estrés paterno en los problemas emocionales y de conducta de los niños a los dos años.
La investigación, que se ha dado a conocer en el Journal of Child Psychology, Psychiatry and Allied Disciplines, indica que los hijos de padres que han tenido niveles altos de estrés antes y después del parto podrían tener mayores probabilidades de presentar problemas emocionales y de conducta al cumplir los 24 meses de edad. Este periodo del desarrollo infantil, al que tradicionalmente nos referimos de forma popular como “los terribles dos años”, se manifiesta con rabietas, gritos, mayor propensión al llanto, el uso continuado del ‘no’, e incluso agresividad en el niño.
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Para llegar a establecer esta asociación, los investigadores han estudiado los comportamientos paternos con los niños debidos a sus niveles de estrés o el impacto en los comportamientos maternos. La asociación más fuerte que encontraron fue la del estrés paterno a los tres meses del posparto con más riesgo de problemas emocionales y conductuales en los niños, incluso cuando se tenía en cuenta el estrés, depresión y ansiedad de la madre.
En este sentido, el estado emocional de la madre suele ser el objeto principal de estudio en prácticamente todas las investigaciones sobre el impacto de la crianza en los hijos/as. No obstante, cada vez son más los estudios que se centran en la corresponsabilidad en la crianza y en la necesidad de cuidar la salud mental y el bienestar emocional de ambos progenitores.
La vuelta al trabajo o la falta de sueño podría aumentar el estrés paterno
Además, creen que el estrés paterno no se va minimizando con el tiempo, sino que el regreso al trabajo tras los permisos laborales asociados a la paternidad, los problemas para dormir que causan los bebés y las dificultades de comportamiento cada vez más evidentes también podrían llegar a contribuir al desarrollo de dichos comportamientos en los pequeños. Los niveles de estrés se clasificaron en una escala de 20 puntos, considerando que 10 o más eran niveles altos de estrés. El 7% de los padres del estudio presentaron mucho estrés en las primeras etapas perinatales, un porcentaje que aumentó al 10% después del nacimiento del bebé.
El estrés provoca falta de disponibilidad y genera un estilo de crianza negativo
Los autores del estudio apuntan a que el estrés podría causar “falta de disponibilidad emocional o física con el niño, estilo de crianza negativo, conflicto de relaciones, impacto en la salud mental de la madre o una combinación de estos”, lo que puede acabar desencadenando los problemas del niño hacia los 24 meses de edad, cuando comienzan a ser más conscientes de las emociones del entorno y de sus propias emociones. Según los investigadores, la ausencia en la búsqueda de ayuda de los padres o la tendencia a sentirse excluidos puede agravar el problema. Los hombres, al parecer, tienden a expresar peor sus necesidades y padecen sus estados emocionales adversos en silencio:“Nuestro estudio encontró que el estrés paterno hace una contribución única a los resultados del niño, particularmente durante los primeros meses del posparto. No obstante, los hombres pueden ser reacios a buscar ayuda o expresar sus necesidades durante este tiempo y pueden sentirse excluidos del enfoque materno de los servicios perinatales”, ha explicado la Dra. Fiona Challacombe, principal autora del estudio.
Asimismo, es difícil establecer en qué medida la asociación entre el estrés paterno perinatal y los problemas emocionales de los niños a los dos años es más correlacional que causal o viceversa, ya que de la misma forma que el estado emocional del padre influye en sus hijos, el estado emocional de estos también influye en el grado de estrés paterno.
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