La diabetes gestacional es la presencia de glucemia alta (glucosa en sangre) durante el embarazo. Se da en mujeres que antes del embarazo no tenían diabetes. Esta desaparece tras el parto, pero puede conllevar complicaciones para la madre y el feto. Hoy os explicamos cuáles son. Hablamos de diabetes gestacional y desarrollo del bebé.
Lo primero que hay que aclarar es que la diabetes gestacional es diferente a la diabetes tipo I o tipo II. Según Sara Caamaño, matrona de la Tribu CSC, si la madre padece diabetes antes de quedarse embarazada debe tener claro que la enfermedad ha de estar "muy controlada".
"En el caso de la diabetes tipo I es necesario un control glucémico muy estricto antes del embarazo porque se sabe que aumenta mucho el riesgo de que el bebé pueda nacer con malformaciones congénitas del corazón si no es así", indica nuestra matrona.
Por otro lado, una diabetes tipo II sin diagnosticar puede suponer un riesgo aumentado durante el embarazo. En estos casos es importante tomar medidas de ajuste de la glucemia y realizar pruebas de imagen a lo largo del embarazo "para vigilar si se dan alteraciones cardíacas en el bebé".
La diabetes gestacional, sin embargo, es una patología que solo se da en el embarazo, aunque tenga consecuencias para la salud.
Diabetes gestacional y desarrollo del bebé: ¿A qué nos referimos?
Como decimos, la diabetes gestacional es una patología que solo aparece en el embarazo. Esa presencia alta de glucemia en la sangre se produce por los cambios hormonales que acompañan a la gestación y preparan el cuerpo de la madre. Estos pueden dificultar el trabajo que hace la insulina y alterar el metabolismo, por lo que la glucosa se eleva (hiperglucemia). Tal y como lo explica Sara Caamaño:
"La glucosa en sangre materna es un elemento clave para el desarrollo del feto. Durante el embarazo, el cuerpo de la madre experimenta una serie de cambios que aumentan de forma natural la resistencia a la insulina, en gran parte debido al incremento de hormonas propias de la gestación —como el lactógeno placentario, la prolactina, la progesterona o el cortisol—, todas ellas con un efecto diabetógeno."
Es decir, que es una respuesta del cuerpo de la madre para atender a la demanda de nutrientes del feto, y ante la mayor demanda de calorías y necesidad de aumentar la reserva de grasa durante el embarazo. Cuando una mujer tiene diabetes gestacional el cuerpo no usa la insulina como debería. Es decir, las células no absorben adecuadamente la glucosa y esta permanece en la sangre.

Se trata, pues, de un problema de origen metabólico. Según Caamaño:
"Es, en cierto modo, un mecanismo de defensa que hoy se nos ha ido de las manos. Cuando las mujeres vivían en contextos como los de Atapuerca, la ingesta de alimentos era escasa y, en muchos casos, se comía como mucho una vez al día. Ese aumento fisiológico de la glucosa permitía que los bebés se desarrollaran correctamente y que la madre acumulara reservas de grasa suficientes para poder amamantar después.
En la actualidad, sin embargo, la disponibilidad de alimentos es constante y, a menudo, excesiva. En este contexto, ese mismo mecanismo adaptativo puede volverse problemático y favorecer la aparición de la diabetes gestacional".
Se calcula que afecta a entre el 6 y el 12% de las embarazadas en los países desarrollados, "una cifra suficientemente elevada como para que se realice un cribado".
La diabetes gestacional afecta al desarrollo del bebé que puede crecer más de lo necesario (macrosomía), entre otros aspectos. También tiene consecuencias para la madre porque, aunque desaparece tras el parto, se considera que es un factor de riesgo para padecer diabetes tipo 2 más adelante.

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¿Qué le hace la glucosa elevada al bebé?
Según Sara Caamaño, la diabetes gestacional y el desarrollo de bebé están directamente relacionadas. Al haber mucha cantidad de glucosa en la sangre, el feto "capta" más azúcar, que convierte en grasa. Eso provocará que sean "más anchos" y dificultará el parto vaginal. De hecho, si es necesario inducir el parto, hay más probabilidades de cesárea.
Otra consecuencia, según Caamaño, es que "como están acostumbrados a acceder a mucha glucosa y su páncreas ya crea insulina, pueden sufrir una bajada de azúcar al nacer". Por eso, tras el nacimiento, es muy importante controlar esta circunstancia. De hecho, si la madre es diabética y/o el bebé pesa más de cuatro kilos, se le hace un control de glucemia tras nacer. En estos casos, según nuestra matrona:
"Por eso es fundamental que el recién nacido pierda la menor cantidad de glucosa posible tras el nacimiento. Para lograrlo, se favorece el contacto piel con piel, manteniéndolo estrechamente junto a su madre para ayudarle a conservar el calor, y se ofrece calostro de manera precoz, lo que contribuye a reducir el riesgo de hipoglucemia.".
En algunos hospitales españoles ya existen planes de extracción de calostro prenatal precisamente para usarlo en esta situación o similares.
Cuando un recién nacido sufre una bajada de azúcar, esta se presenta como "una especie de temblor". También se puede mostrar muy "aletargado". Tras el nacimiento, los profesionales sanitarios irán valorando al bebé visualmente cada cierto tiempo y, si es necesario, le harán controles de glucemia para evitar cualquier problema.
¿Cuándo se produce la diabetes gestacional?
La diabetes gestacional suele aparecer en el segundo trimestre, entre la semana 20 y 24. Durante el primer trimestre también puede hacerlo, "pero es muy raro". Las mujeres con varios factores de riesgo para padecerlas se someten a la prueba del azúcar o Test de O'Sullivan desde el primer trimestre.
¿Y cuáles son los factores de riesgo?
- Tener más de 35 años.
- Obesidad ("generalmente aumenta el riesgo de diabetes gestacional una masa corporal superior a 30").
- Las mujeres de origen asiático, latinas y norteafricanas tienen más riesgo.
- Antecedentes de diabetes gestacional o alteraciones metabólicas, como por ejemplo ovario poliquístico.
- Diabetes gestacional no diagnosticada (otros hijos pesaron más de cuatro kilos, con aspecto macrosómico).
- Antecedentes familiares de diabetes tipo 1 y tipo 2 en familiares de primer grado (padres, hermanos o hijos).
"Cuando una mujer presenta más de un factor de riesgo, la prueba de sobrecarga de glucosa se realiza ya en el primer trimestre del embarazo y se repite de nuevo en el segundo. En cambio, si no existen factores de riesgo, esta prueba se lleva a cabo únicamente en el segundo trimestre.
Y un apunte importante: que la pareja de la mujer sea diabética no aumenta el riesgo de que ella desarrolle diabetes gestacional durante el embarazo".

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Test de O'Sullivan
Es una prueba que se realiza alrededor de la semana 24 y 28 de gestación a todas las embarazadas, normalmente aprovechando el análisis de sangre del segundo trimestre. Determina la cantidad de glucosa en sangre venosa.
Consiste en ingerir 50 gramos de glucosa. Si los resultados dan unas cifras iguales o mayores a 140 mg/dl al cabo de una hora se puede sospechar de que hay una diabetes gestacional. Tras esa prueba positiva se pide otra, la sobrecarga oral de glucosa, en la que la embarazada ingiere 100 gr de glucosa pura (tras proponer a la mujer tres días de dieta abierta, rica en hidratos de carbono).
Si dan dos o más valores alterados, se le diagnostica diabetes gestacional. Cuando solo hay un valor alterado se recomienda repetir esta prueba a las tres semanas.
Diabetes gestacional y desarrollo del bebé: ¿Cuáles son las consecuencias?
La diabetes gestacional y el desarrollo del bebé dentro de la madre están relacionados porque la primera afecta al feto. Los riesgos más importantes (si no se controla adecuadamente la glucosa en sangre de forma mantenida) son:
- Riesgo de macrosomía (bebés más grandes). "No se trata únicamente de que el bebé supere los cuatro kilos de peso, algo que en algunos casos puede entrar dentro de la normalidad, sino de que presentan un mayor acúmulo de tejido adiposo, con un aspecto más rollizo, lo que puede incrementar el riesgo de complicaciones durante el parto", indica Sara Caamaño.
- Aumenta el riesgo de preeclampsia y otras complicaciones como un crecimiento intrauterino retardado.
- Puede provocar polihidramnios, es decir, un exceso de líquido amniótico. "Esto no es un problema en sí mismo, pero si hay mucho líquido aumenta el riesgo de parto prematuro".
- Riesgo de bajada de azúcar en el bebé al nacer (que requerirá controles continuos, como hemos explicado antes).
- Más subida de la bilirrubina.
- Posibles problemas respiratorios y déficit de calcio y magnesio.
- Exceso de glóbulos rojos.
- Riesgo de problemas cardíacos.
- También hay riesgo de muerte intrauterina entre la semana 36 y 42 "pero en casos de mal control de la diabetes gestacional". Por eso, es habitual que se programe la inducción al parto entre la semana 38 y 40, sobre todo si la diabetes gestacional ha necesitado tratamiento de insulina durante el embarazo.
- Hay más riesgo de malformaciones y aborto, sobre todo si se da en el primer trimestre, en el momento de la formación del bebé. No obstante, en estos casos suele tratarse de una diabetes pregestacional que debuta con el embarazo o que no había sido detectada hasta entonces.

Más a largo plazo, el bebé tiene más riesgo de padecer obesidad, mala tolerancia a la glucosa y síndrome metabólico. Pero en este caso hay que tener en cuenta que dependerá mucho de la alimentación: "Si esta es inadecuada durante el embarazo y luego se mantiene durante la infancia, es más probable que ocurra. Hay que ser consciente y debemos ser un buen ejemplo para nuestros hijos en este punto".
¿Qué debo comer para evitar la diabetes gestacional?
Lo primero que advierte nuestra matrona es que la diabetes gestacional "no se puede evitar". Lo único que se puede hacer es tratar de evitar algunos de los factores de riesgo, como buscar el embarazo antes de los 35 años. Pero cada mujer es un mundo y tiene sus ritmos, sus circunstancias y sus necesidades y deseos.
Otra medida preventiva que sí se puede aplicar es, para aquellas mujeres con obesidad, bajar de peso, "pero esto no siempre es posible". Según Caamaño:
"Sabemos que la obesidad conlleva riesgos para la salud y que, aun existiendo sobrepeso, es posible cuidar los hábitos de vida para reducir el riesgo de complicaciones. Sin embargo, no está demostrado que exista una relación directa entre una alimentación inadecuada y el desarrollo de la diabetes gestacional.
Una mujer puede llevar una dieta saludable, mantenerse activa y aun así desarrollarla; del mismo modo que otra, con hábitos más desestructurados, puede no presentar ningún problema porque su organismo se equilibra sin dificultad. No obstante, cuando los hábitos previos son poco saludables, resulta más complicado modificarlos si finalmente aparece una diabetes gestacional."
Pero, entonces, ¿qué debe hacer una mujer para neutralizar los efectos negativos de la relación entre diabetes gestacional y desarrollo del bebé? Pues, según Sara Caamaño, "cuidarse". Y es que "una dieta saludable y hacer ejercicio son los dos pilares fundamentales para evitar que la diabetes gestacional afecte al feto".

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Se debe priorizar la ingesta de verduras, legumbres, frutos secos y proteínas y grasas "de calidad". Y hacer algo de ejercicio tras la comida. "Un paseo de unos 15 minutos por casa o por la calle después de comer puede ser suficiente, si luego se va alternando con otras actividades físicas a lo largo del día y deporte variado durante la semana".
Y si pese a todo, la presencia de glucosa en sangre está por encima de los 140 g una hora después de comer, o 120 a las dos horas en varias determinaciones, sí será necesario que la madre reciba dosis de insulina para controlar la diabetes.
