¿Te has preguntado alguna vez
cómo descubren los bebés quiénes son las personas de su círculo en las que más pueden confiar? Pues
una de las señales es compartir saliva, según investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
Según
un estudio publicado en
Science, los más peques interpretan que dos personas que se besan, comparten comida o tienen otras interacciones que implican compartir saliva tienen una vinculación fuerte y sólida. Y esperan de ellos que si uno de los dos está en apuros o necesita ayuda, la otra persona (con la que se ha besado, compartido comida, etc.)
será la primera en reaccionar y apoyar al primero.
En nuestro blog os hemos hablado en varias ocasiones de la creación del
vínculo afectivo, de la
importancia del apego y de los
tipos de apego que existen. Son elementos fundamentales en la crianza respetuosa, como podéis comprobar en
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Este estudio incide en que
los seres humanos necesitamos señales para aprender a manejar las relaciones sociales. Y
compartir saliva es una señal de que la relación entre dos personas es fuerte.
Compartir saliva: Aprendizaje a través de la observación
Rebeca Saxe, una de las investigadoras autoras del estudio y miembro del Instituo McGovern para la investigación del cerebro del MIT, explica
en la web de esta institución académica de EEUU:
"Los bebés no saben de antemano qué relaciones son las más cercanas y con más vínculo, por lo que deben tener alguna forma para aprender esto. Y lo hacen observando qué sucede a su alrededor".
Partiendo de esta premisa, que
los bebés aprenden a través de la observación, los autores han analizado el comportamiento que genera en los bebés y niños pequeños el hecho de compartir saliva en determinados contextos.

A través de sus estudios, los neurocientíficos han identificado esta como
una señal específica para los más peques. Para ellos, si dos personas se besan, comparten comida o tienes otras relaciones que implican
el intercambio de saliva, es un signo de que tienen una relación consolidada y una especie de obligación a ayudarse mutuamente.
De esta forma, si los bebés detectan que dos personas que comparten saliva entre sí
se deben ayudar cuando una de ellas está angustiada. Y que esto se produce mucho más en esa situación (intercambio de saliva) que si esas dos personas comparten juguetes o interactúan de otras maneras que no involucra ese intercambio.
¿En qué consistió la investigación?
En las relaciones humanas solemos distinguir entre
relaciones estrechas y más distantes o superficiales. La primeras, que generalmente se producen en la familia, son aquellas con
niveles altos de apego y capacidad de "respuesta mutua". En
antropología también se ha observado que en las relaciones sólidas las personas están "más dispuestas" a intercambiar fluidos corporales como la saliva.
Y esto es lo que "inspiró" a los investigadores del MIT a plantearse si los bebés son capaces de distinguir el tipo de relación entre personas a través de compartir la saliva.
¿Cómo lo hicieron? Por observación.
Participaron bebés de unos 8 a 10 meses y niños pequeños de hasta 18 meses y medio. Los neurocientíficos
observaron a los peques mientras estos miraban a actores humanos y títeres.

En la primera fase, un títere compartió una naranja con un actor y luego lanzó una pelota a otro. Después se les mostró a los bebés y niños
un momento de angustia del títere mientras estaba entre esos dos actores.
Basándose en un estudio anterior con primates no humanos, los investigadores plantearon la hipótesis de que
los bebés mirarían primero a la persona a la que esperaban que ayudara. En ese estudio, cuando los bebés monos lloraban, otros miembros de la manada miraban a los padres de este, como si
esperaran que intervinieran.
El equipo del MIT descubrió que
era más probable que los niños miraran hacia el actor que había compartido comida con el títere cuando este mostraba angustia y no al que había jugado a la pelota con el títere.
Compartir saliva: Una señal importante
En una segunda serie de experimentos, más enfocada en compartir saliva, el actor colocó un dedo en su boca y luego dentro de la boca del títere, o colocó su dedo en su frente y luego en la del títere. Cuando luego el actor mostró angustia entre los dos títeres, los niños y bebés miraban más hacia el títere con el que el actor
había compartido saliva.

Otro de los autores del estudio,
Ashley Thomas aclara que
el aprendizaje sobre las relaciones humanas es muy útil, sobre todo para los más pequeños.
"Los bebés humanos dependen durante más tiempo de los adultos que otras especies. Así que una de las razones por las que la distinción entre relación estrecha y distante puede ser importante para ellos es que es una buena forma de averiguar quién les pueden brindar más apoyo, de quien pueden depender para sobrevivir".
Además de
investigadores del MIT, participaron
especialistas de Harvard y la Universidad de Newcastle. La investigación sobre compartir saliva se vio interrumpida por la pandemia del coronavirus, así que parte de estos experimentos se hicieron a través de videollamadas.
Y, aún así, las reacciones de los bebés y los niños pequeños participantes era la misma. Miraban primero al adulto o el títere que había compartido saliva con el actor (o títere) que se mostraba angustiado,
esperando que lo ayudara.