Una
nueva investigación pone en evidencia las
consecuencias de la exposición de los bebés a pantallas, encontrando una asociación entre el uso de estas durante el primer año de vida, con
trastornos del espectro autista (TEA) a los tres años de edad. Se trata de uno de los mayores estudios realizados hasta la fecha. La investigación dio seguimiento a
84.030 parejas de mamás y bebés.
Uso de pantallas y TEA en la primera infancia
Son múltiples los
estudios que han analizado las
repercusiones de la exposición temprana de los niños a pantallas. De hecho, en la actualidad, los expertos en salud y desarrollo infantil recomiendan un uso de pantallas responsable y limitado siempre que el niño no sea demasiado pequeño, en cuyo caso es mejor evitarlas.
Ya en 2019, la
Organización Mundial de la Salud publicó pautas sobre actividad física saludable,
comportamiento sedentario y sueño en niños menores de cinco años, incluyendo la recomendación de que los niños no deben estar expuestos a pantallas a edades muy tempranas. La
Academia Estadounidense de Pediatría hace extensible esta recomendación hasta los 18 meses de edad; y en este sentido,
se han emitido advertencias sobre los
efectos adversos de la exposición a las pantallas en la salud de los niños.

Por otra parte, diversas investigaciones han sugerido que el
trastorno del espectro autista (TEA) se asocia a
factores congénitos, como las
mutaciones genómicas y los
factores de riesgo prenatales, perinatales y neonatales. Además,
se han observado anomalías en la
morfología y función del cerebro en niños con TEA desde la primera infancia.
Estudios realizados en 2019 y 2020 ya informaban de que, como factor ambiental posnatal, la
duración del tiempo frente a una pantalla puede
estar asociada con las características del TEA y la
morfología cerebral específica del TEA. Por lo tanto, el
tiempo de exposición a pantallas durante la infancia puede ser uno de los factores adquiridos que pueden estar
asociados con los TEA.
Sin embargo, hasta la fecha había pocos estudios de cohortes grandes que se hayan centrado en la
exposición prolongada a la pantalla y los TEA en la infancia. Además, los investigadores de este nuevo estudio alegan que:
"En medio del reciente brote de la pandemia de COVID-19, se ha producido un cambio acelerado en los estilos de vida, incrementándose el uso de dispositivos electrónicos. Como consecuencia, el tiempo de pantalla entre los niños ha aumentado en todo el mundo".

Por todo lo anterior, los autores concluyen que
"en medio de este clima social, examinar las asociaciones de la exposición a la pantalla con la salud de un niño es un tema importante de salud pública".
El estudio: Pantallas y trastorno del espectro autista
El estudio realizado en Japón y publicado en la revista
Jama Pediatrics, dio
seguimiento a 84.030 parejas de mamás y bebés, utilizando la información proporcionada por un estudio anterior también de gran extensión realizado en el mismo país.
Cuando sus hijos tenían un año de edad, se pidió a las madres que respondieran un cuestionario acerca de
la cantidad de horas al día que sus hijos veían televisión. Al cumplir tres años de edad, se volvió a repetir la misma pregunta y además, si habían recibido algún diagnóstico de
trastorno del espectro autista.

Tras analizar los datos, el equipo encontró que existía una relación entre el uso excesivo de pantallas a la edad de un año con un diagnóstico de TEA a los tres años:
a mayor uso de pantallas, mayores probabilidades de recibir este diagnóstico, pero que esto solamente sucedía en los niños y no en las niñas.
Si bien el estudio no muestra una relación causal entre ambos, pues no está claro en qué medida la duración del tiempo de pantalla en la infancia se asocia con el diagnóstico posterior de trastorno del espectro autista, los investigadores aseguran que estos datos son importantes, ya que se extrae de ellos una asociación significativa, por lo que
es necesario continuar revisando a fondo los efectos del uso de pantallas y evitar que los bebés y niños pequeños pasen demasiado tiempo frente a ellas.
Además, el uso de dispositivos se extiende y aumenta rápidamente, por lo que, según los investigadores,
es necesario revisar los efectos en la salud del tiempo de pantalla en los bebés y controlar el tiempo de pantalla excesivo.
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Según los resultados del estudio, la prevalencia de niños con trastorno del espectro autista a los tres años de edad fue de 392 por 100.000 (0,4 %), y
los niños tenían tres veces más probabilidades de haber sido diagnosticados con trastorno del espectro autista que las niñas. El análisis de regresión logística mostró que entre los niños, cuando la referencia era "sin pantalla", los cocientes de probabilidades ajustados fueron los siguientes: menos de 1 hora, cociente de probabilidades, 1,38 (IC del 95 %, 0,71-2,69; p = 0,35), 1 hora a menos de 2 horas, razón de probabilidades, 2,16 (IC del 95 %, 1,13-4,14; p = 0,02), de 2 horas a menos de 4 horas, razón de probabilidades, 3,48 (IC del 95 %, 1,83-6,65; p < 0,02). 001), y más de 4 horas, razón de probabilidad, 3,02 (IC 95%, 1,44-6,34; P = .04). Entre las niñas, sin embargo, no hubo asociación entre el trastorno del espectro autista y el tiempo frente a la pantalla.
Los investigadores señalan, además, que a pesar de las
recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y la Academia Estadounidense de Pediatría,
el 90 % de los niños de este estudio habían estado expuestos a pantallas al año de edad. Según una
encuesta realizada por la Oficina del Gabinete de Japón, el 85,7 % de los niños menores de un año y el 75,7 % de los niños de un año utilizaban teléfonos móviles, y muchos de ellos compartían teléfonos móviles con sus padres. Por lo tanto, concluyen los autores,
"al año de edad, los entornos de crianza pueden estar asociados con el desarrollo de TEA".
Una afirmación controvertida, puesto que la mayoría de
investigaciones científicas concluyen que, si bien
la causa exacta del TEA se desconoce, el trastorno del espectro autista (TEA) es
un trastorno cerebral con el que se nace.

La experta en atención temprana del
equipo CSC, la
terapeuta ocupacional pediátrica Jessica Romero, con quien podéis contactar online en la
Tribu CSC, tampoco es partidaria de considerar el uso de pantallas la causa del desarrollo de TEA:
"Aunque es cierto que la sintomatología TEA no suele aparecer hasta los 16 o 18 meses y en adelante, sí puede haber algunos rasgos biológicos al inicio de la infancia. No es posible pensar que son las pantallas las que pueden causar el desarrollo del trastorno del espectro autista sino más bien, y dado que uno de los puntos fuertes de estos menores son las habilidades visoperceptivas, puede suceder que se sientan con mayor frecuencia atraídos por imágenes, vídeos, pantallas, etc."
Desde este enfoque, por lo tanto, el estudio sería interesante por cuanto nos mostraría
posibles indicadores de TEA a edades tempranas (por ejemplo, patrones de comportamiento e intereses restringidos y repetitivos, como una mayor atracción por las pantallas).
En cualquier caso, desde Criar con Sentido Común seguimos haciendo hincapié en que
ofrecer pantallas a niños muy pequeños comporta
más riesgos que beneficios.