Shara y Julio son padres de dos niños,
Martiño y Jon. El primero es un niño de altas capacidades. Hoy los entrevistamos para conocer cómo es vivir con un menor con estas características. Martiño, por cierto, también nos aporta su visión. Los niños de altas capacidades son aquellos que tienen una inteligencia alta y que destacan en determinadas áreas. Suelen tener muy buena memoria y su desarrollo del lenguaje también supera la media. En el caso de
Martiño, de cuatro años, sus padres se dieron cuenta rápido de que era
un niño excepcional.
Ellos
han recurrido a profesionales para confirmar sus sospechas. Si tú también tienes dudas, puedes contactar con los profesionales de la
Tribu CSC para que
te orienten.
P: Lo primero: ¿Cómo están vuestros peques?
R: Muy bien, ahora mismo, Martiño está creando un parque de atracciones y Jon está durmiendo la siesta. ¡Estamos aprovechando el momento! (risas).
P: Uno de ellos, Martiño, es un niño de altas capacidades: ¿Cómo es?
R: Pues es un niño normal con sus particularidades, como cada uno. Es alegre, muy emocional y emotivo, aunque poco cariñoso (si entendemos cariño por contacto físico). Lo que pasa es que hay ciertas cosas que se magnifican porque tienes delante a un niño de cuatro años, que tiene la capacidad intelectual de uno de seis y la expresión verbal y el lenguaje de uno de más de ocho.
Hay cosas que se magnifican porque tienes a un niño de cuatro años, que tiene la capacidad intelectual de uno de seis y la expresión verbal de uno de más de ocho
Entonces te encuentras con un cuerpecillo que tiene una mente que va por delante, pero que en ciertos casos emocional y motrizmente aún no está preparado. Y ahí aparece la frustración y el enfado cuando algo no sale como él espera o como cree que debe salir.
Te encuentras con un cuerpecillo que tiene una mente que va por delante, pero que en ciertos casos emocional y motrizmente aún no está preparado. Y ahí aparece la frustración
P: ¿Cómo os distéis cuenta de que Martiño era distinto? ¿Cuáles fueron las primeras señales?
R: Nos dimos cuenta muy pronto. Desde bebé siempre ha estado pidiendo ver cosas desde el mismo momento en el que se levantaba de la cama. Había días que a las nueve de la mañana llevábamos caminados nueve kilómetros en un piso de 50 metros cuadrados porque teníamos que estar constantemente enseñándole cosas, cuentos, juegos, lo que se veía desde la ventana, etc.
A lo mejor ibas de visita al museo y veía una obra que le gustaba y mientras durase la exposición te llevaba él a verla todos los días sin excepción. No lo llevabas tú. Él te indicaba el camino, y el día que cambiaban la expo y ya no estaba… ¡Uf! Decepción máxima (estamos hablando de que esto ocurría a lo mejor con un año).
Con un año te llevaba al museo, se aprendía los cuentos de memoria, decía palabras en tres idiomas distintos y sabía volver solo a casa
También estaba su facilidad con el lenguaje, la manera de aprenderse los cuentos de memoria… Se sabía todas las canciones que escuchaba con oírlas un par de veces. Algunas palabras podía decirlas en tres idiomas distintos, no porque tú le preguntases, sino porque te lo decía espontáneamente para “compartir información”. Con el confinamiento (dos años) empezamos a ver pelis y se sabía los diálogos de memoria y te recreaba la película tal cual, ¡canciones incluidas!
Con un año y medio sabía volver a casa desde distintos puntos de la ciudad. Lo dejabas a tu lado, (vivimos en una zona peatonal) y si quería irse a casa porque consideraba que ya había estado suficientemente tiempo fuera, comenzaba a andar hasta que llegaba al portal y te pedía las llaves para entrar.
P: ¿Qué hicisteis cuando os disteis cuenta de que podía ser un niño de altas capacidades?
R: Lo primero que hicimos fue leer e informarnos mucho. Fue a través de un post de Instagram cuando empezamos a pensar que podía ser de AACC. Es cierto que Julio era más reticente, pero para mí eran muchos factores que coincidían y aunque todos me decían que qué más me daba, que no iba a cambiar mi forma de ser o estar con mi hijo por saberlo o que qué me iba a aportar; la cuestión no era esa. La cuestión era que, en caso de serlo, pudiéramos disponer de los recursos necesarios para ayudarlo llegado el momento.
La cuestión es poder disponer de los recursos necesarios para ayudarlo
¡Claro que no va a cambiar la percepción de mi hijo por ser de altas capacidades! Ni le voy a exigir más por serlo. Desde pequeño él ha marcado los tiempos en cuanto a aprendizaje y a hitos se refiere. Nunca ha habido presión ni se le ha forzado a hacer más por sus capacidades. No tendría sentido.
No va a cambiar la percepción de mi hijo por ser de altas capacidades ni le voy a exigir más por serlo
P: ¿Qué tipo de pruebas se le hacen a un niño para confirmar que es así?
R: En nuestro caso una psicóloga le realizó diferentes tipos de juegos a lo largo de un día en siete sesiones diferentes de 20 minutos, con descansos bastante amplios entre uno y otro. Juegos de lenguaje, memoria, creatividad, lógica…
P: ¿Cómo fue vuestra reacción?
R: Risa, pero risa nerviosa, de esa que tienes cuando no sabes, pero puedes intuir lo que se te viene encima (más risas).
P: ¿Ha cambiado en algo vuestro día a día?
R: En nuestro día a día, no. Nuestra manera de actuar sigue siendo la misma. Pero ahora tenemos más recursos y podemos entender mejor ciertos comportamientos, lo que nos permite ayudarle cuando la frustración entra en escena y acompañarlo de la mejor manera.
Ahora tenemos más recursos y podemos entender mejor ciertos comportamientos, lo que nos permite ayudarle
P: ¿Cómo es vivir con un niño con altas capacidades?
R: Difícil. A veces es bastante agotador. Tu ves a un niño de cuatro años, pero que en realidad va por delante y muchas veces, a nuestro cerebro de adulto le cuesta procesar. Imagínate: cuando estamos esperando para entrar en el cole, hablamos de temas como la Guerra Fría… ¡Con eso te digo todo!
Vivir con un niño con altas capacidades a veces es bastante agotador. Imagínate: cuando estamos esperando para entrar en el cole, hablamos de temas como la Guerra Fría… ¡Con eso te digo todo!
P: ¿Habéis necesitado asesoramiento o pensáis que lo podéis necesitar?
R: Sí, hemos tenido asesoramiento. Lo hemos necesitado y seguramente lo volvamos a necesitar. Martiño crece y con él sus necesidades. Si ahora con cuatro años tiene una capacidad de un niño de más de siete, con 14 no sabemos cómo puede ser…
P: ¿Qué os preocupa más de que el peque tenga altas capacidades?
R: No saber gestionarlo o no saber acompañar sus necesidades. Que pueda sentirse mal porque no encuentre su lugar en el cole o con sus compañeros o que le pongan etiquetas o le priven de cosas porque ya se sabe que es listo. Que sea excluido.
P: ¿Crees que el sistema educativo está preparado para atender a este tipo de niños? Hay casos en que, pese a las altas capacidades, el menor puede caer en el fracaso escolar.
R: No, claramente, y por desgracia creemos que hay muy poca gente con vocación y con ganas de trabajar. En algunos casos son los equipos de orientación por falta de ganas, en otros casos, el/la orientadora no llega a tener conocimiento, porque directamente es el/la tutor/a el que no lo pone sobre aviso. A veces, hasta con el informe realizado por un gabinete psicológico, el tutor es capaz de decir que no es AACC porque no escribe bien… Y la administración, que pasa bastante de dotar de recursos a los centros, hacen que este tipo de alumnos no tengan la ayuda suficiente y llegue el fracaso escolar.
Este tipo de alumnos no tienen la ayuda suficiente y pueden llegar al fracaso escolar. No tienen por qué ser buenos en todo, no tienen por qué destacar en todos los ámbitos
Hay que tener en cuenta que estos niños no tienen por qué ser buenos en todo. No tienen por qué destacar en todos los ámbitos. Pueden ser buenísimos en matemáticas, pero se les puede dar mal escribir, porque la motricidad fina no está igual de desarrollada. Entonces, es ahí donde necesitan apoyo y ayuda. Es cierto que cuando en un centro se detecta un caso de altas capacidades (por lo menos en nuestra comunidad autónoma) se tiene que poner en práctica un protocolo especial de actuación, pero, tristemente, por lo que comentábamos antes, esto no sucede, porque no hay ganas de evaluar ni de hacer ese trabajo extra que conlleva tener un/a alumno/a así en clase. ¡Tampoco queremos generalizar! Hay estupendos/as docentes que se implican, aunque luego la administración haga caso omiso de las peticiones.
Cuando en un centro se detecta un caso de altas capacidades se tiene que poner en práctica un protocolo especial de actuación, pero, tristemente, esto no sucede
Nosotros, por nuestra parte, estamos a la expectativa. La tutora de Martiño tiene el informe y estamos a la espera de respuesta. No estamos ni ansiosos ni preocupados, ya que el primer curso escolar Martiño no estuvo escolarizado y por el momento es un mundo nuevo que descubrir. En este caso, y refiriéndonos al fracaso escolar que comentabas antes, Martiño no lleva bien la motricidad fina, le cuesta dibujar o escribir, y requiere trabajo extra, tanto por nuestra parte como por la del centro.

En nuestro caso, tenemos la suerte de que sus profes se implican, pero ¿qué pasaría en el caso de un niño que las profesoras lo tildan de vago, que no se esfuerza o que dibuja mal? ¿Cómo se sentirá un niño al que avergüenzan desde tan pequeño? Y quien dice escribir, dice más adelante leer, sumar o multiplicar. Y esto pasa, incluso con niños de tan solo tres años a los que sus profesoras preguntan por qué dibujan así de mal.
P: Me gustaría que ahora contestara el peque, si quiere... Martiño, ¿cómo es tu familia?
R: (Con su vocecita y cierta vergüenza dramática, explican sus padres, Martiño responde). Pues Jon es muy bonito, mamá es muy bonita y papá es muy bonito. ¡Todos somos bonitos! Y es una familia muy buena. Lo que más me gusta de mamá es que pinta muy bien y papá hace el desayuno muy bien y trabaja muy bien. Con Jon me gusta jugar muchísimo.
¡Todos somos bonitos!, dice Martiño (4 años)
P: ¿Cómo te gusta divertirte?
R: Estando en el cole trabajando
(hemos pasado vacaciones de Navidad y confinamiento todo seguido, ¡así que lo echa de menos!, dicen sus padres), en el parque, tirándome por el tobogán, yendo al rocódromo a escalar y tirándome a la piscina de bolas gigantescas.
A Martiño le gustaría cambiar el mundo para que no hubiera guerras ni hogares destruidos y que al inmigrante se le diera la mano para no morir ahogado
P: Si pudieras cambiar algo del mundo en el que vivimos, ¿qué sería?
R: Pues que hay guerras y me gustaría tener un mando para cuando se destruyesen las casas volver a hacerlas y si hay incendios poder apagarlos. Y que no se ahogue la gente (se refiere a los inmigrantes que mueren ahogados intentando llegar a las costas), que si se va a ahogar, lo vea y que con una bolita que tenga muchas manos, que las coja para que no se ahoguen dándole al mando. Tampoco me gusta que se muera la gente ni que se talen árboles. Habría que plantar más.
No me gusta que se muera la gente ni que se talen árboles. Habría que plantar más