¿Cuánto dura un embarazo? ¿Nueve meses? ¿Cuarenta semanas? Son preguntas que se hacen las parejas cuando se saben en la dulce espera. Entonces reciben la fecha probable de parto y para entonces es cuando hacen los planes. Pero ¿qué sucede cuando es un bebé prematuro?
La ropa de la talla 0-3 meses, las clases preparto destinadas a preparar un parto que llegará cuando el bebé decida nacer, tras sus más de 37 semanas de gestación que se considera a término; todo gira alrededor de nueve meses... y de repente ese todo se precipita.
¿Cómo estar preparados para algo así, cuando apenas llegamos preparados para un bebé que nace a término? O dicho de otro modo: cuando un bebé llega a término ya lo hace tremendamente inmaduro y dependiente. ¿Cómo definir entonces la llegada de un bebé prematuro? Como mínimo, y a riesgo de quedarme muy corto: nada es como esperabas.
Pierdes el control del parto
Todo lo que tenías pensado se desvanece. Un parto a término provoca mucha incertidumbre, pero se mantiene la confianza de que en la mayoría de ocasiones los instintos llevan a la mujer a parir, aunque no lo haya hecho nunca.
Al llegar antes de tiempo ya no sirve nada de lo que te habías planteado. Si tenías intención de tener un parto así o asá, si habías redactado un plan de parto, ya nada importa. Los miedos se apoderan de la situación y las esperanzas se centran en que todo vaya lo mejor posible.
Cedes, por supuesto, el control del parto a los profesionales porque lo único que quieres es poder abrazar al bebé y que todo pase, a pesar de sentir que algo os habéis perdido... unos meses de embarazo que aún tenías que vivir.
Se llevan al bebé
Habías leído en un montón de sitios, te habían hablado, de lo importante que es que al nacer los bebés no sean separados de mamá: poder tenerlo piel con piel en el tórax para regular mejor la temperatura, para estar tranquilo, para poder mamar cuando quiera.

Y nada de eso es posible porque se llevan a tu bebé, cuya vida corre riesgo si está contigo. Y en ese instante hay que hacer lo mejor para tu bebé, que no es lo que habías pensado, en absoluto, porque habías imaginado unas cuantas horas de piel con piel juntos.
Esa primera foto diminuto y lleno de "cables"
Quizás pasen pocos minutos; quizás sean horas, el rato que pase hasta que puedas por fin mirar con detenimiento a tu bebé. Ingresado en la unidad de neonatos, la primera foto será la de un bebé dentro de una incubadora, muy pequeño, conectado a diferentes "cables", y no sabes ni qué decirle... ni si hablarle. Amor y miedo. Ganas de sostenerlo en brazos y miedo de hacerlo.
Esa foto, y otras, junto a algún vídeo, serán la única manera de que mamá conozca a su pequeño: "Tanto tiempo esperándote y tengo que conocerte a través de un móvil".
Y al fin llega el momento en que puedes ir con él, con tu bebé prematuro, para encontrártelo en una incubadora, dándote cuenta de que no tienes la libertad de cuidarlo como el resto de madres y padres, que pueden tenerlos en brazos todo el tiempo que quieran, e incluso ponérselo en la cama un rato para descansar juntos.

Pero tú no tienes cama. Ahí en neonatos, no. Solo puedes sentarte en un sillón en el cubículo y poner a tu bebé en tu pecho para que sepa que aun tan pequeño, le vas a querer siempre y le vas a cuidar lo mejor que puedas y sepas. Eso que llaman método canguro que ya ha demostrado ser una gran estrategia para que el bebé engorde, evolucione mejor, esté más tranquilo, y se vaya antes a casa con vosotros.
Ese contacto que ayuda a mamá y papá a aprender a marchas forzadas. A sentir intenso. A enamorarse. A quitarse un poco del miedo y empezar a tomar conciencia de la grandísima responsabilidad que les ha tocado en forma de personita diminuta y frágil, pero llena de ganas de vivir.
La soledad de la noche
La noche es otro momento complicado, porque mamá se va a su habitación, a su cama, sin su bebé. Y aunque parece que está ahí cerquita... se siente lejos.

Muchas mujeres lo pasan especialmente mal en esos momentos, cuando se juntan el cansancio, el miedo, las ganas de abrazar a tu bebé, el deseo de que todo sea como se suponía que iba a ser... Hasta que se dice que tiene que descansar, para poder dar lo mejor de sí a su bebé. Trata de dormir, despertándose con gemidos y llantos de bebé, con el impulso de sacarse el pecho para acallarlos, para darse cuenta de que no es el suyo:
"¿Pero por qué no me ponen una cama junto a mi bebé?"
"Pues me da igual, yo voy a neonatos. Aunque sean las dos de la mañana: necesito estar con mi bebé".
"¿No entendéis que no veo la manera de ser madre, si todo es diferente a como esperaba?"
La amargura de ser una madre que debería ser feliz, porque ya ha tenido a su bebé, pero que comparte los cuidados con los profesionales; que sabe que es su bebé, pero que no lo siente del todo suyo. Porque es un poco de todos. Que querría llevárselo cuanto antes a casa, pero no puede. Porque su bebé llegó al mundo lleno de vida, pero con una lucha asociada: la de seguir vivo.
Cuando a mamá le dan el alta
A ella, pero no a su bebé. Y se va a casa sin su bebé. Ya no lo lleva en su útero, pero tampoco en sus brazos, como tantas veces había imaginado. De nuevo la sensación de que se ha perdido algo importante. De nuevo la falta. El vacío.

Y así sigue la lucha del bebé, y la de los padres, para salir adelante de la situación. A veces el ingreso es largo y a papá se le acaba el permiso de paternidad. Mamá pasa todo el día en el hospital hasta que llega él, y de noche se ve durante horas sola en casa mientras papá va a dar las tomas en que ella duerme.
Y así los dos siguen con sus vidas en una situación tan compleja como tener a tu bebé ingresado en el hospital requiriendo de tiempo, afecto, alimento de mamá casi a todas horas y la esperanza de poder salir de allí en cuanto sea posible, pero sabiendo que allí es donde más segura está su vida.
E imaginad que hay que llevar a cabo alguna intervención, o varias, y el bebé prematuro empieza a depender aún más del saturador, del monitor, de las posibles complicaciones; y de repente ya no solo sois sus progenitores, sino también personas pendientes de su salud, como si fuerais sanitarios a cargo de esa criatura en un papel que no imaginabais.
Cuando por fin te lo llevas a casa
Si es que ese día llega, porque por desgracia son muchos los bebés que no lo logran.
Ese día no es el final, como mucha gente piensa, cuando cree que por estar en casa ya podéis hacer lo mismo que si fuera un bebé a término.
Sales del hospital, pero te encierras en casa. Estás en tu lugar, pero durante un tiempo no puede venir gente a veros. Y no es un alta para siempre, porque en muchos casos aún iréis muchas veces al hospital, aún seguiréis sintiendo que el bebé prematuro es un poco de todos. Como si solo os lo estuvieran prestando para unos días, como si su casa no fuera la vuestra, sino ese lugar donde nació y ha pasado sus primeras semanas o meses.
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¡Mucho ánimo!
No estáis solos. No es fácil, pero no estáis solos. Nadie sabe lo que es tener un bebé prematuro hasta que lo tiene, y es totalmente lógico sentir que todo se desborda por los miedos, la incertidumbre, la esperanza, el amor y las pérdidas de todo lo que iba a ser y no es.
Así que mucho ánimo mamá y papá: sois unos guerreros, unos luchadores, como vuestro bebé. Si necesitáis asesoramiento profesional con vuestro bebé prematuro podéis contactar online con todo nuestro equipo de profesionales en salud materno-infantil en la Tribu CSC.
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