Una investigación sugiere que los bebés pueden recordar los aromas de algunos alimentos consumidos durante el embarazo. Esta exposición prenatal podría influir en cómo reaccionan a ciertos alimentos años después.
La relación de los niños con las verduras podría empezar antes del nacimiento
Muchos padres conocen bien esta escena: preparas unas verduras con la mejor intención, las colocas en el plato, y el niño las mira como si fueran el peor invento de la historia.
Conseguir que algunos niños acepten determinados vegetales puede convertirse en una auténtica batalla diaria. Sin embargo, una nueva investigación plantea una idea sorprendente: parte de esa historia podría comenzar mucho antes de que el bebé pruebe su primera cucharada de comida.
Según un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Durham, los niños parecen recordar algunos de los olores y sabores a los que estuvieron expuestos durante la vida fetal. Y esa memoria podría influir en sus reacciones a ciertos alimentos incluso años después.
Los sabores llegan al bebé durante el embarazo

Durante la gestación, los compuestos aromáticos de los alimentos que consume la madre pueden pasar al líquido amniótico. El bebé no permanece aislado de ese entorno. De hecho, traga e inhala líquido amniótico de forma habitual, lo que le permite entrar en contacto con diferentes sabores y olores antes de nacer.
Por eso los científicos llevaban años preguntándose si esas experiencias tempranas podrían dejar alguna huella duradera. Ahora, los investigadores sugieren que lograr que los niños coman verduras comienza en el útero.
Un estudio que comenzó antes del nacimiento
Esta investigación forma parte de un proyecto que lleva siguiendo a los mismos niños desde que estaban en el útero materno. Durante el embarazo, algunas madres tomaron cápsulas con polvo de zanahoria y otras cápsulas con polvo de col rizada (kale), una verdura conocida por su sabor más amargo.
Posteriormente, los investigadores analizaron las reacciones de los fetos mediante ecografías y observaron cómo respondían a estos estímulos. Las observaciones continuaron cuando los bebés tenían unas pocas semanas de vida y, más recientemente, cuando alcanzaron los tres años de edad.
¿Qué ocurrió cuando cumplieron tres años?
A los tres años, los investigadores presentaron a los niños los olores de zanahoria y col rizada mediante bastoncillos impregnados con estos aromas. Después analizaron cuidadosamente sus expresiones faciales. Los resultados fueron llamativos.
Los niños expuestos repetidamente a zanahoria durante el embarazo mostraron menos reacciones negativas al olor de la zanahoria. Y los niños expuestos a col rizada reaccionaron de forma más favorable a ese olor que a otros desconocidos para ellos.
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Una memoria que podría durar años
Los investigadores creen que estos resultados apoyan la existencia de una especie de memoria quimiosensorial prenatal. Es decir, una capacidad para recordar ciertos olores o sabores experimentados antes de nacer.
Lo interesante es que la respuesta observada no apareció únicamente en recién nacidos. También seguía presente cuando los niños tenían tres años, lo que sugiere que estas experiencias tempranas podrían tener efectos duraderos. Mucho más duraderos, de hecho, de lo que se pensaba.
¿Significa esto que las verduras gustarán automáticamente?
No. Y este es un punto importante. El estudio no demuestra que comer verduras durante el embarazo garantice que un niño vaya a convertirse en un gran amante de las verduras.
Los propios autores reconocen que todavía no sabemos si estas reacciones más positivas a los olores terminan traduciéndose en un mayor consumo real de esos alimentos. Es decir, una cosa es reaccionar mejor al olor de una verdura y otra muy distinta comerla con entusiasmo.
La alimentación infantil depende de muchos factores
Las preferencias alimentarias se construyen a través de múltiples experiencias. Influyen: la genética; el entorno familiar; la disponibilidad de alimentos; la presión o insistencia de los adultos; las experiencias previas; el ejemplo de los padres; y las oportunidades repetidas de exposición. Por eso ningún alimento consumido durante el embarazo determina por sí solo lo que ocurrirá después.
Lo que sí sabemos sobre las verduras y los niños
La evidencia actual muestra que muchos niños necesitan múltiples exposiciones a un alimento antes de aceptarlo. A veces una verdura debe aparecer en la mesa diez, quince o incluso más veces antes de que el niño empiece a aceptarla con normalidad.
Por eso los expertos suelen recomendar:
- ofrecer verduras sin presión;
- evitar obligar a comer;
- dar ejemplo consumiéndolas en familia;
- mantener la exposición repetida;
- y permitir que el niño las explore a su ritmo.
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Una razón más para mantener una alimentación variada durante el embarazo
Los investigadores creen que estos hallazgos podrían abrir nuevas vías para comprender cómo se desarrollan las preferencias alimentarias desde etapas muy tempranas de la vida. Aunque todavía hacen falta estudios más amplios, los resultados sugieren que la dieta materna podría influir en la familiaridad que el bebé desarrolla con determinados sabores y aromas antes incluso de nacer.
Esto no significa que exista una fórmula mágica para conseguir que un niño adore las verduras. Pero sí nos recuerda algo fascinante: la educación alimentaria no empieza cuando ofrecemos el primer puré ni cuando aparece el primer trozo de brócoli en el plato. Puede empezar mucho antes, incluso antes del nacimiento. 🌱👶🥕

