¿Cuáles son los 7 sentidos del bebé?
Los sentidos son claves para el desarrollo de los bebés ya que gracias a ellos pueden recopilar información del mundo que les rodea. De hecho, durante los 2 primeros años de vida, el aprendizaje se centra en la información que reciben a través de los sentidos. Por ello, a este intervalo de tiempo se le conoce como etapa sensiomotora. Así, pueden ir desarrollando sus propias habilidades para ir alcanzando los diferentes hitos evolutivos propios de cada etapa. Por tanto, los 7 sentidos son imprescindibles en el desarrollo del bebé y su adaptación a diferentes ambientes. La vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto nos dan información sobre sensaciones externas que ocurren fuera del cuerpo y de las que somos plenamente conscientes y tenemos algo de control. Por su parte, el sentido vestibular y el propioceptivo nos dan información sobre el lugar que ocupa nuestro cuerpo en el espacio y de su movimiento, permitiendo que realicemos movimientos coordinados que respondan a nuestras necesidades. Pero, además, tener información sobre nuestro cuerpo y sobre su postura, es clave para el desarrollo del lenguaje y la comunicación.
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Así, aunque los 2 sentidos ocultos (el vestibular y el propioceptivo) son sensoriales, tienen una gran relación con el movimiento. Permiten por ejemplo coordinar el cuerpo con los ojos o que podamos andar en una dirección mientras miramos en otra. Su importancia es tal que, de hecho, los nervios vestibulares son los primeros en desarrollarse, incluso antes que el tacto o el olfato.
Sentido vestibular: el sentido del equilibrio
El sistema vestibular es el sentido responsable del equilibrio y el movimiento. Es decir, es el que nos permite mover todo el cuerpo sin caernos ya que nos informa de las posturas o los movimientos que debemos hacer en cada momento para luchar contra la fuerza de la gravedad. Gracias a él caminamos, corremos, nos montamos en bici o nos sentamos. Es decir, nos permite movernos libremente sin miedo. Somos conscientes de que nos estamos moviendo y de la velocidad, incluso aunque tengamos los ojos cerrados; de si es el entorno el que se mueve o la dirección del desplazamiento. Los receptores sensoriales del sistema vestibular se encuentran ubicados en el oído interno y se estimulan por el movimiento de la cabeza y el efecto de la gravedad sobre el cuerpo. En el oído interno hay órganos auditivos y no auditivos. Por ejemplo, la cóclea es el órgano dedicado a la audición, mientras que el aparato vestibular es el órgano no auditivo que controla la postura, el equilibrio, el tono muscular, los movimientos oculares y la orientación espacial. Así, ofrece información sobre la gravedad del cuerpo en el espacio y es capaz de influir en el lenguaje corporal.
En el cerebro se integra la información del sistema vestibular, la información visual y la propioceptiva, lo que permite lograr la coordinación postural y el control motor. Es decir, permite la coordinación de los dos lados del cuerpo, de los movimientos de los ojos y de la cabeza para que ambos sean independientes en caso de ser necesario. Por ejemplo, permite realizar un seguimiento visual leyendo en la pizarra y escribiendo en el cuaderno.
Pero, además, el sentido vestibular influye directamente en el desarrollo del lenguaje. De hecho, se le considera el principal organizador de sensaciones del resto de canales sensoriales, lo que permite la adquisición de palabras y la comprensión del lenguaje, además de la lectura y la escritura. Sin embargo, en caso de existir alguna dificultad en este ámbito no siempre está asociada a problemas del sistema vestibular.
Sentido Propioceptivo
El sistema propioceptivo es el sentido de la posición del cuerpo. Informa al cerebro sobre las diferentes partes del cuerpo y lo que están haciendo, lo que permite corregir posturas casi de forma automática. Sus receptores son los músculos, los tendones, los ligamentos y las articulaciones. Gracias a él nos podemos sentar correctamente, coger un boli y ejercer la fuerza necesaria para escribir o abrir una puerta.
Este sentido ofrece información sobre cada una de las partes del cuerpo sin necesidad de mirarlas y permite ejercer la fuerza adecuada en función de cada acción concreta. Sin el sentido propioceptivo no podríamos utilizar prácticamente ningún aparato o utensilio o lo haríamos de forma poco eficaz. Por ejemplo, nos permite subir o bajar escaleras sin necesidad de mirar hacia abajo o ajustar nuestra postura para hacer cualquier tarea de forma automática.
Actividades para estimular los 7 sentidos en la primera infancia
Más de la mitad de los niños u niñas con desórdenes de aprendizaje presentan síntomas de disfunción vestibular o propioceptiva. Sin embargo, muchas veces se suelen confundir con otros síntomas. En el caso del sentido vestibular puede existir un tono muscular bajo, problemas de equilibrio, problemas en el registro de información visual o pobre integración bilateral. Si existen disfunciones del sentido propioceptivo, puede darse torpeza motriz, dificultad para mantener cabeza y cuerpo erguidos, coordinación de las manos, falta de concentración, inquietud postural, rigidez del tronco y ausencia de noción del peligro.
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Por ello, la estimulación vestibular y propioceptiva debe formar parte de cualquier programa de estimulación al facilitar la activación de numerosas redes neuronales involucradas en el resto de los sistemas perceptivos. De hecho, en caso de existir deficiencia en alguna de estas funciones pueden aparecer dificultades que acaben afectando a la autoestima del peque al considerarse torpes o que se chocan con todo, por ejemplo. Pero, ¿qué podemos hacer para estimular el sentido vestibular y el propioceptivo? En el caso del primero, se recomiendan:
- Juegos de vueltas, giros y balanceos.
- Movimientos simétricos.
- Juegos de equilibrio y desequilibrio.
- Circuitos psicomotrices.
- Andar encima de una cuerda o sobre superficies estrechas.
- Escalar.
- Saltar a la pata coja.
- Masajes y caricias para potenciar el autoconocimiento del cuerpo.
- Envolver y abrazar con una manta o toalla ejerciendo diferentes presiones.
- Estimular la planta de los pies.
- Fomentar que anden descalzos sobre diferentes superficies.
- Utilizar recipientes de agua a diferentes temperaturas donde puedan meter manos y pies.
- Empujar sillas u otros objetos.
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