¿Si tomo sedantes durante el embarazo le provocaré trastornos psiquiátricos a mi bebé?

Sedantes en el embarazo: un gran estudio no encuentra más riesgo psiquiátrico en los hijos.

Redacción CSC9 min de lectura
¿Si tomo sedantes durante el embarazo le provocaré trastornos psiquiátricos a mi bebé?

Un gran estudio publicado en The BMJ no encuentra evidencia sólida de que el uso de benzodiacepinas o hipnóticos Z (fármacos no benzodiacepínicos —zolpidem, zopiclona, zaleplon— utilizados para el tratamiento a corto plazo del insomnio, indicados para mejorar la conciliación y calidad del sueño) durante el embarazo aumente el riesgo de trastornos psiquiátricos o del neurodesarrollo en los hijos. Aquí es clave distinguir asociación, causalidad y decisiones clínicas.

Sedantes en el embarazo: un estudio aporta datos tranquilizadores sobre la salud mental de los hijos

Tomar medicación durante el embarazo suele generar muchas dudas. Y es comprensible. Cuando una mujer embarazada necesita un tratamiento, la pregunta aparece casi de inmediato: "¿Puede afectar al bebé?". La respuesta, casi siempre, no es tan simple como un sí o un no.

Porque hay que valorar el fármaco, la dosis, el momento del embarazo, la duración del tratamiento, la enfermedad de base, las alternativas disponibles y también el riesgo de no tratar el problema.

En salud materno-infantil, a veces nos centramos mucho en los posibles riesgos de la medicación, pero olvidamos que la ansiedad intensa, el insomnio grave o los trastornos de salud mental no tratados también pueden tener consecuencias.

En este contexto, un gran estudio surcoreano publicado en The BMJ aporta datos tranquilizadores: no encontró un aumento claro del riesgo de trastornos psiquiátricos ni de trastornos del neurodesarrollo en niños cuyas madres usaron benzodiacepinas o hipnóticos Z durante el embarazo, una vez tenidos en cuenta factores familiares, genéticos y ambientales.

Qué son las benzodiacepinas y los hipnóticos Z

Las benzodiacepinas son fármacos que pueden utilizarse para tratar la ansiedad, el insomnio, algunas crisis convulsivas u otros problemas concretos. Dentro de este grupo encontramos medicamentos conocidos como diazepam, lorazepam, alprazolam o clonazepam, entre otros.

Los llamados hipnóticos Z son medicamentos utilizados sobre todo para el insomnio. Su nombre viene de fármacos como zolpidem, zopiclona o zaleplón.

No son medicamentos inocuos ni deberían tomarse sin indicación médica. Pueden producir somnolencia, dependencia, tolerancia, caídas, efectos cognitivos y otros problemas, especialmente si se usan durante mucho tiempo o sin seguimiento. Pero en algunos casos pueden ser necesarios.

Y durante el embarazo, precisamente por esa mezcla entre necesidad clínica y prudencia, su seguridad se ha estudiado con mucho interés.

Por qué hacía falta este estudio

Las benzodiacepinas y los hipnóticos Z se utilizan para aliviar la ansiedad y el insomnio, que se encuentran entre los problemas más frecuentes durante el embarazo. Aunque estudios previos habían analizado su seguridad a corto plazo, todavía había poca evidencia sobre sus posibles efectos psiquiátricos y del neurodesarrollo en los hijos.

Es decir, sabíamos algo sobre algunos riesgos inmediatos o perinatales, pero menos sobre una pregunta que preocupa mucho a las familias: qué ocurre años después.

¿Puede la exposición prenatal a estos fármacos aumentar el riesgo de TDAH, autismo, discapacidad intelectual, trastornos de conducta, esquizofrenia u otros problemas psiquiátricos?

Esa fue la pregunta central del estudio.

Casi 3,8 millones de niños seguidos en Corea del Sur

Para responderla, los investigadores utilizaron la Base Nacional de Información Sanitaria de Corea del Sur, una fuente de datos enorme que les permitió analizar a casi 3,8 millones de niños nacidos entre 2010 y 2022.

De todos ellos, 94.482 niños, el 2,5%, habían estado expuestos durante el embarazo a benzodiacepinas o hipnóticos Z. El resto no había estado expuesto.

Además, los investigadores compararon también con otro grupo importante: mujeres que habían usado estos fármacos antes del embarazo, pero no durante la gestación. Esto último es relevante porque ayuda a separar, al menos en parte, el efecto del medicamento del efecto de las condiciones de salud materna que llevaron a usarlo.

No es lo mismo comparar embarazadas con ansiedad o insomnio que toman medicación con embarazadas sin esos problemas. Puede parecer que el riesgo se debe al fármaco, cuando quizá se relaciona con otros factores: salud mental materna, genética familiar, entorno, uso de otros medicamentos, nivel socioeconómico o condiciones previas.

Qué trastornos analizaron

El estudio evaluó 12 trastornos psiquiátricos y del neurodesarrollo. Entre ellos se incluyeron trastorno por consumo de sustancias, esquizofrenia, trastornos de personalidad, discapacidad intelectual, trastorno del espectro autista, TDAH y trastornos de conducta.

También se tuvieron en cuenta factores como la edad de la madre, el nivel de ingresos, enfermedades previas y el uso de otros medicamentos.

Este detalle importa mucho, porque en los estudios observacionales —los que analizan datos de la vida real, no ensayos clínicos aleatorizados— el gran reto es controlar los factores de confusión. Es decir, todo aquello que puede hacer que dos grupos sean diferentes más allá del medicamento que estamos estudiando.

Al principio parecía haber más diagnósticos, pero el análisis cambió la interpretación

En un primer análisis, las tasas de trastornos psiquiátricos fueron algo más altas en los niños expuestos durante el embarazo: 19,2%, frente al 13,8% en los no expuestos y el 16,5% en el grupo de hijos de mujeres que habían usado estos fármacos antes del embarazo. Si nos quedáramos solo con ese dato, el titular sería preocupante. Pero sería un titular incompleto.

Porque después los investigadores aplicaron análisis más rigurosos, incluyendo un análisis entre hermanos. Este tipo de análisis compara hermanos dentro de una misma familia, lo que ayuda a controlar factores compartidos: genética, ambiente familiar, nivel socioeconómico, estilos de crianza, vulnerabilidad psiquiátrica familiar y otros elementos difíciles de medir.

Y al hacer ese análisis, la asociación dejó de ser significativa. Es decir, no se encontró un aumento claro del riesgo atribuible a la exposición prenatal a benzodiacepinas o hipnóticos Z. Tampoco se observó un mayor riesgo para trastornos psiquiátricos concretos analizados individualmente.

La conclusión: no hay evidencia sólida de un aumento importante del riesgo

Los autores concluyen que el estudio no aporta "evidencia sustancial" de que la exposición prenatal a benzodiacepinas o hipnóticos Z aumente el riesgo de trastornos psiquiátricos en niños.

Esto es una noticia tranquilizadora, sobre todo para mujeres que han necesitado tratamiento durante el embarazo o que se sienten culpables por haber tomado medicación indicada por su médico.

Pero conviene no convertir un mensaje tranquilizador en un mensaje simplista. El estudio no dice que estos fármacos deban usarse sin cautela. Tampoco dice que sean la primera opción para cualquier insomnio o ansiedad en el embarazo. Y tampoco evalúa todos los aspectos de seguridad posibles, sino unos resultados concretos: trastornos psiquiátricos y del neurodesarrollo en los hijos.

Lo que el estudio no puede demostrar

El propio artículo recuerda que se trata de un estudio observacional. Por tanto, no puede demostrar causa y efecto con la misma fuerza que un ensayo clínico diseñado específicamente para ello. Además, una receta registrada no siempre significa que la mujer tomara realmente el medicamento, ni permite saber siempre con precisión cómo lo tomó.

También hay otro límite importante: el seguimiento llegó hasta 14 años. Es mucho tiempo para estudiar desarrollo infantil, pero puede quedarse corto para algunos trastornos de aparición más tardía, como la esquizofrenia o ciertos trastornos de personalidad.

Y, además, el estudio no estaba diseñado para valorar la seguridad global de estos fármacos en el embarazo, sino su relación con determinados resultados psiquiátricos en los hijos.

Por eso sería incorrecto utilizarlo para decir: "no pasa nada por tomar sedantes en el embarazo". Lo que sí podemos decir es: "en este gran estudio, no se encontró un aumento sustancial del riesgo de trastornos psiquiátricos o del neurodesarrollo en los hijos tras controlar mejor los factores familiares y ambientales".

Prudencia, pero también alivio

Un editorial vinculado al estudio coincide en que los datos son tranquilizadores, pero advierte que eso no significa que los sedantes en el embarazo deban prescribirse sin precaución. Los clínicos deben estar atentos a posibles señales relacionadas con el uso prolongado y la exposición al final del embarazo, equilibrando siempre esos posibles riesgos con los riesgos de no tratar la enfermedad psiquiátrica materna.

Este equilibrio es probablemente el mensaje más importante. Porque a veces las mujeres embarazadas reciben una presión enorme para no tomar nada, aguantarlo todo y funcionar como si el embarazo las protegiera mágicamente de la ansiedad, el insomnio o el sufrimiento emocional. Y no es así.

Una mujer embarazada con insomnio severo, ansiedad intensa, crisis de pánico o un trastorno psiquiátrico relevante necesita valoración, acompañamiento y tratamiento. A veces el tratamiento será psicológico. A veces incluirá medidas de sueño, apoyo familiar, cambios en rutinas o intervención social. Y en algunos casos, puede ser necesario tratamiento farmacológico.

La clave es que esa decisión sea individualizada, informada y supervisada.

No abandonar ni iniciar medicación sin consultar

Este punto es fundamental: ninguna embarazada debería iniciar, suspender o modificar benzodiacepinas, hipnóticos Z u otros medicamentos por su cuenta a raíz de una noticia o de un post.

Suspender bruscamente algunos fármacos puede producir síntomas de retirada, empeoramiento clínico o recaídas. Y empezarlos sin indicación también puede ser peligroso.

Lo adecuado es hablarlo con el profesional que lleva el embarazo y, si hace falta, con psiquiatría perinatal o con un equipo especializado en salud mental materna.

En la Tribu CSC cuentas con una red de apoyo formada por cientos de familias y un equipo de expertos/as en salud p/materno-infantil y crianza respetuosa que puede ayudarte. Podéis acceder a través de la web o descargar gratis la app de Criar con Sentido Común tanto para plataformas Apple como para plataformas Android, lo que os dará acceso una semana gratis para probar todas las ventajas de la membresía a la Tribu, realizar todos los cursos online disponibles y consultar a nuestros/as especialistas.

En definitiva, la pregunta no debería ser solo "¿este medicamento tiene riesgo?", sino también "¿qué riesgo tiene no tratar lo que está pasando?".

El mensaje para las familias

Este estudio aporta una información valiosa y tranquilizadora: en una cohorte enorme de casi 3,8 millones de niños, la exposición prenatal a benzodiacepinas o hipnóticos Z no se asoció con un aumento sustancial del riesgo de trastornos psiquiátricos o trastornos del neurodesarrollo cuando se tuvieron en cuenta factores familiares, genéticos y ambientales.

Pero tranquilizador no significa barra libre. Significa que podemos hablar de estos tratamientos con menos miedo y más rigor. Que podemos aliviar culpas innecesarias. Que podemos tomar decisiones clínicas mirando el conjunto, no solo el fármaco.

En el Curso Online "Autocuidado emocional en el embarazo" te ayudamos a practicar el autocuidado, a entrar en contacto con tu mundo emocional durante el embarazo y a gestionar problemas de salud mental para que no afecten a la gestación.

Porque en el embarazo, cuidar al bebé también pasa por cuidar a la madre. Y una madre que no duerme, que vive con ansiedad intensa o que está sufriendo de forma sostenida no necesita juicio. Necesita escucha, apoyo y una valoración profesional que le permita decidir con seguridad, evidencia y calma.