La mayoría de las personas sostienen a los bebés sobre el lado izquierdo del cuerpo. La ciencia cree que esta posición podría favorecer la regulación emocional, el vínculo y la sensación de seguridad del bebé.
¿Por qué los bebés parecen calmarse cuando los llevamos sobre el lado izquierdo?
Hay cosas que los padres hacen sin que nadie se las enseñe: acunar, balancear suavemente, hablar en voz baja, caminar mientras sostienen al bebé... Y otra muy curiosa: apoyar al bebé sobre el lado izquierdo del cuerpo.
Si observas a una madre, un padre o cualquier cuidador sosteniendo a un bebé, es muy probable que lo haga así. De hecho, diversos estudios han comprobado que entre un 65% y un 85% de las personas prefieren cargar a los bebés sobre el lado izquierdo, independientemente de que sean diestras o zurdas.

Y lo más interesante es que los bebés parecen sentirse especialmente cómodos en esa posición. ¿Por qué ocurre? La respuesta no está del todo clara, pero la ciencia ha propuesto varias explicaciones fascinantes.
Un comportamiento que aparece en todo el mundo
La tendencia a sostener a los bebés sobre el lado izquierdo no parece depender de la cultura. Se ha observado en distintos países, en hombres y mujeres, e incluso en niñas que juegan con muñecos. Esto ha llevado a los investigadores a pensar que podría existir una base biológica detrás de esta preferencia.
Los científicos llaman a este fenómeno left-cradling bias o "preferencia por acunar hacia la izquierda". Y lleva estudiándose desde hace décadas.
La teoría más conocida: el latido del corazón
Probablemente sea la explicación más popular. Cuando un bebé descansa sobre el lado izquierdo del pecho del adulto, queda más cerca del corazón.
Durante el embarazo, el bebé pasa meses escuchando de forma constante los sonidos corporales de su madre: el flujo sanguíneo; los movimientos intestinales; la respiración; y, sobre todo, el latido cardíaco.

Algunos investigadores creen que volver a escuchar ese ritmo familiar tras el nacimiento podría generar una sensación de seguridad y calma.
No sería exactamente un recuerdo consciente, sino una forma de familiaridad sensorial profundamente grabada durante la vida fetal.
El cerebro también podría estar implicado
Otra hipótesis tiene que ver con cómo procesa la información nuestro cerebro. El hemisferio derecho cerebral está especialmente implicado en el reconocimiento de emociones; la comunicación no verbal; la interpretación de expresiones faciales; y la conexión social.
Curiosamente, el hemisferio derecho recibe principalmente información procedente del lado izquierdo del cuerpo y del campo visual izquierdo. Al sostener al bebé sobre el lado izquierdo, el adulto podría procesar mejor sus señales emocionales.
Es decir, le resultaría más fácil percibir cambios de expresión; signos de incomodidad; necesidades de contacto; o señales de estrés. Y eso favorecería respuestas más rápidas y sensibles.
Los bebés también ven mejor a quien los sostiene
No solo el adulto obtiene ventajas. El bebé, desde esa posición, suele tener una visión privilegiada del rostro de quien lo sostiene. Y para un recién nacido, observar caras es una de las actividades más importantes del mundo.

Desde muy pequeños son capaces de reconocer rostros; diferenciar expresiones emocionales; seguir miradas; y responder a cambios en la voz. Todo ello contribuye al desarrollo del apego y de las habilidades sociales.
El contacto físico regula el sistema nervioso
Quizá la pregunta más importante no sea por qué el lado izquierdo funciona mejor. Quizá la pregunta sea por qué los brazos funcionan tan bien. Porque la realidad es que muchos bebés se calman simplemente cuando alguien los sostiene.
El contacto físico proporciona calor; movimiento; contención; cercanía; regulación fisiológica; y sensación de protección.
Hoy sabemos que el sistema nervioso de un recién nacido todavía es inmaduro. No puede regular solo muchas de las situaciones que le generan estrés. Necesita hacerlo a través de otra persona. Y los brazos forman parte de ese proceso.
El bebé no se calma porque lo estemos "malacostumbrando"
Durante décadas se dijo a las familias que coger demasiado a un bebé podía volverlo dependiente. Que había que acostumbrarlo a estar solo y que llorar era bueno para fortalecerlo. Sin embargo, la investigación actual muestra una realidad muy distinta: los bebés pequeños no buscan brazos para manipular. Buscan brazos porque los necesitan.
Los bebés necesitan cercanía física para regular el estrés; mantener la temperatura; sentirse seguros; y organizar sus estados emocionales. Por eso resulta tan frecuente que un bebé pase de llorar intensamente a relajarse en cuanto alguien lo sostiene.
El porteo aprovecha muchos de estos mecanismos
No es casualidad que tantos bebés se tranquilicen cuando son porteados. En un portabebés encuentran muchas de las mismas experiencias que cuando son sostenidos en brazos: contacto constante; movimiento; calor corporal; proximidad emocional; y estimulación vestibular suave.
Además, el movimiento al caminar recuerda parcialmente las sensaciones que experimentaban durante el embarazo. ¡Para muchos bebés, resulta una combinación extraordinariamente reguladora!
No todos los bebés reaccionan igual
Como ocurre con cualquier aspecto del desarrollo, no existe una regla universal. Algunos bebés parecen adorar el brazo izquierdo. Otros se muestran indiferentes. Algunos tienen posiciones preferidas muy concretas. Y otros aceptan prácticamente cualquier postura. La variabilidad es completamente normal.
Lo importante no es el lado
¡Después de leer todo esto podría parecer que el lado izquierdo tiene poderes especiales! Pero probablemente no sea así. La investigación sugiere que existe una tendencia real y que puede tener ventajas biológicas interesantes.
Sin embargo, lo que más calma a un bebé no es exactamente el lado izquierdo. Es la combinación de contacto; cercanía; movimiento; voz; olor; y conexión emocional.
Es decir, la presencia de una figura de apego disponible.
El mensaje importante
Recapitulando: la mayoría de las personas sostienen a los bebés sobre el lado izquierdo del cuerpo sin darse cuenta. La ciencia cree que esta preferencia podría estar relacionada con el procesamiento emocional del cerebro, la percepción de las señales del bebé y la cercanía al latido cardíaco del adulto.
Pero más allá de la explicación exacta, el fenómeno nos recuerda algo fundamental: los bebés nacen preparados para buscar contacto.
Y cuando los sostenemos en brazos, no solo estamos calmando un llanto. Estamos ayudando a regular un sistema nervioso inmaduro, construyendo seguridad emocional y transmitiendo un mensaje que los bebés entienden perfectamente desde el primer día: "Estoy aquí. Estás a salvo." ❤️

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