Un nuevo estudio de la Universidad de Griffith, realizada en colaboración con la UNSW Sydney advierte de que muchas familias subestiman el riesgo de las piscinas portátiles. La supervisión, el vaciado y las barreras de seguridad son claves para prevenir ahogamientos infantiles.
Piscinas portátiles: pequeñas, prácticas… y no tan inofensivas como parecen
Con la llegada del calor, muchas familias compran una piscina portátil para el jardín, la terraza o el patio. Son baratas, fáciles de montar y parecen una solución sencilla para que los niños se refresquen sin tener que ir a una piscina pública.
Y precisamente ahí está una parte del problema: como son pequeñas, desmontables y muchas veces poco profundas, tendemos a verlas como algo casi inocente. Pero no lo son.
Un nuevo estudio de la Griffith University, realizado junto con la UNSW Sydney, ha alertado de que muchos padres y cuidadores no conocen bien los requisitos de seguridad relacionados con las piscinas portátiles, especialmente en lo que tiene que ver con las vallas o barreras de protección. La investigación se publicó en el Journal of Paediatrics and Child Health.
Muchas familias saben que hay que vigilar, pero no siempre conocen otros riesgos
El estudio encuestó a 214 padres y cuidadores australianos que tenían una piscina portátil y niños menores de 5 años. El objetivo era conocer cómo percibían el riesgo, qué sabían sobre seguridad y qué medidas aplicaban realmente en casa.

Los resultados muestran algo que probablemente muchas familias reconocerán: la mayoría entiende que hay que supervisar a los niños cuando están cerca del agua. De hecho, el 76% de los participantes reconocía la importancia de la supervisión adulta activa.
También había bastante conciencia sobre la necesidad de vaciar la piscina después de usarla: el 89% sabía que era importante hacerlo.
Sin embargo, el problema aparecía sobre todo con las barreras de seguridad. Solo el 26% identificaba correctamente los requisitos relacionados con el vallado y apenas el 19% decía que su piscina portátil estaba vallada.
Y esto es importante porque el riesgo no depende solo de estar dentro del agua en ese momento. También depende de qué ocurre cuando el adulto se despista, entra en casa un minuto, atiende una llamada o cree que la piscina está "fuera de uso".
El riesgo de las piscinas portátiles se subestima
La profesora Kyra Hamilton, de la School of Applied Psychology de Griffith, explica que muchos padres perciben las piscinas portátiles como menos peligrosas que las piscinas permanentes. Y esa percepción más baja del riesgo se traduce en menos medidas de seguridad, especialmente en lo referente al vallado.
Tiene sentido, porque visualmente no imponen lo mismo. Una piscina enterrada o una piscina grande de obra nos parece claramente peligrosa. En cambio, una piscina hinchable o desmontable puede parecernos casi un juguete. Pero para un niño pequeño, esa diferencia puede no ser tan relevante.

Un menor de 5 años puede ahogarse en muy poca agua. ELa investigación recuerda que los niños pueden ahogarse en apenas unos centímetros, y que estos episodios pueden ocurrir de forma rápida y silenciosa.
Esta es una de las ideas más importantes en prevención del ahogamiento infantil: el ahogamiento no suele parecerse a lo que vemos en las películas. No siempre hay gritos, chapoteos exagerados o llamadas de auxilio. Muchas veces sucede en silencio.
Las tres medidas clave para prevenir ahogamientos
La encuesta analizó tres conductas de seguridad consideradas fundamentales para prevenir el ahogamiento infantil en piscinas portátiles:
1. Supervisión adulta activa
La supervisión infantil en el agua no significa "estar cerca". Significa mirar, estar presente, no delegar la vigilancia en otros niños y no distraerse con el móvil, la cocina, las visitas o cualquier otra tarea.
Cuando hay agua y niños pequeños, la supervisión debe ser constante. Y esto no quiere decir vivir con miedo. Quiere decir entender que el agua exige presencia real.
2. Vaciar y guardar la piscina después de usarla
Una piscina portátil no debería quedarse llena "para mañana" si no cuenta con las medidas de seguridad necesarias. Vaciarla tras el uso reduce mucho el riesgo, porque elimina el peligro cuando ya no hay una actividad acuática supervisada.
Pero además de vaciarla, conviene guardarla o dejarla de forma que el niño no pueda volver a llenarla, acceder a ella o utilizarla sin un adulto.

Porque muchas veces el accidente no ocurre durante el baño. Ocurre antes. O después. En ese momento en que nadie cree que haya peligro.
3. Barreras de seguridad
El estudio insiste especialmente en este punto: muchas familias desconocen o no cumplen los requisitos de vallado de las piscinas desmontables.
Las barreras físicas son importantes porque añaden una capa de protección cuando falla lo demás. Y en seguridad infantil necesitamos capas. No basta con una sola medida.
La supervisión es imprescindible, pero los adultos no somos infalibles. Por eso las barreras, el vaciado y el almacenamiento seguro ayudan a reducir el riesgo.
No basta con decir "yo estoy pendiente"
Esta frase la hemos dicho todos alguna vez. Y normalmente es verdad: estamos pendientes. Pero la prevención no puede depender solo de la intención. Porque basta un despiste mínimo para que ocurra algo grave.
Un niño pequeño no entiende el riesgo del agua. Puede acercarse por curiosidad, intentar coger un juguete, resbalar, caer dentro y no saber incorporarse. Y si el agua le cubre la cara, aunque sea poca, el riesgo ya existe.

Por eso una piscina portátil segura no es la que parece pequeña o poco profunda, sino la que se usa con medidas claras: adulto presente, acceso limitado, piscina vacía después del uso y cumplimiento de las normas de seguridad.
Una llamada a mejorar la información a las familias
Los autores del estudio consideran que estos resultados muestran una oportunidad clara para reforzar las campañas de prevención de ahogamientos. No basta con decir a las familias que vigilen. También hay que explicar que las piscinas portátiles pueden ser peligrosas, que no deben tratarse como juguetes y que las barreras de seguridad importan.
También señalan la importancia de mejorar los mensajes de seguridad en los propios productos y de reforzar el cumplimiento de la normativa.
Porque muchas familias no actúan de forma insegura por irresponsabilidad, sino por desconocimiento. Si nadie les explica que una piscina desmontable puede requerir medidas similares a una piscina permanente, es fácil que no perciban el riesgo real.
El mensaje para las familias
Las piscinas portátiles pueden ser una opción divertida para refrescarse en verano, pero no deberían usarse sin medidas de seguridad. Especialmente cuando hay niños pequeños. La idea no es asustar. La idea es prevenir.
Porque el agua puede ser disfrute, juego y verano. Pero con niños menores de 5 años, también exige vigilancia, barreras y sentido común. Una piscina pequeña no siempre implica un riesgo pequeño.
Y cuando hablamos de seguridad infantil en piscinas, más vale pasarnos de prudentes que confiar demasiado en que "solo es un momento".

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