Me han diagnosticado un herpes: ¿Se lo puedo contagiar a mi bebé?

Las complicaciones graves pueden provocar en el bebé ceguera y encefalitis, infección del sistema nervioso similar a una meningitis con una altísima mortalidad y alta frecuencia de secuelas

Gloria Colli5 min de lectura
Me han diagnosticado un herpes: ¿Se lo puedo contagiar a mi bebé?

Seguro que en más de una ocasión habréis leído lo peligroso que puede llegar a ser dar un beso a un bebé si se tiene un herpes, o os habéis asustado porque vuestro bebé ha estado con un familiar que tiene "la culebrilla", o incluso os habéis dado cuenta de que le habéis dado el pecho a la niña y os empieza a escocer el labio porque tenéis un herpes incipiente.

Si os habéis visto en esta situación, o una similar, y queréis saber cuáles son los riesgos reales, seguid leyendo porque hoy os voy a explicar todo lo que tenéis que saber sobre el virus del herpes: me han diagnosticado un herpes: ¿Se lo puedo contagiar a mi bebé? 

Aunque cuando hablamos de herpes todos solemos pensar en aquel que se instala en el labio, hay varios tipos de virus herpes. Los más frecuentes son el virus varicela-zóster y el virus del herpes simple.

Varicela-zóster: el virus de la varicela y la culebrilla

Cuando el virus varicela-zóster afecta por primera vez a una persona, se produce la varicela. Antes de la vacuna todas las personas pasaban la varicela, porque es extremadamente contagiosa. El virus se transmite desde 1 o 2 días antes de salir las típicas vesículas y continúa transmitiéndose hasta que todas las vesículas están cubiertas por una costra y completamente secas, lo que suele tardar una semana.

Por eso, aunque los niños no acudan al colegio hasta que todas las lesiones estén en fase de costra, como se transmite incluso durante el período de incubación, cuando aparece algún caso el contagio ya se ha producido. La varicela es tan contagiosa que, en ausencia de vacuna, el 95% de los niños habrán pasado la enfermedad antes de los 12 años.

El virus, además de en la piel, que es donde produce las características vesículas, va a buscar el tejido nervioso. En concreto los ganglios dorsales de la médula espinal. Estos ganglios, distintos de los ganglios linfáticos que podemos notar en el cuello (por ejemplo, cuando hay una infección), sirven de reservorio para el virus que queda latente, como dormido, para el resto de la vida.

Si bajan las defensas por cualquier motivo (y a las madres y padres, con su mal dormir, es habitual que les pase), el virus se reactiva y se produce el herpes-zoster. Esta infección se caracteriza por unas vesículas parecidas a las de la varicela, pero localizadas en el trayecto de un nervio. Las vesículas se agrupan formando como una cintilla, por lo que al herpes-zóster se le conoce también como culebrilla.

El herpes-zóster puede ser muy doloroso, a diferencia de la varicela, que como mucho pica un poco.

Cómo se contagia la culebrilla

En esta fase de reactivación, el virus solo se contagia si hay contacto directo con el líquido de las vesículas y solo puede afectar a personas que no hayan pasado la varicela ni estén vacunadas. Así que el riesgo es muy bajo si las lesiones están cubiertas y si nos lavamos las manos.

Actualmente la vacuna de la varicela se administra a los 15 meses, porque se considera que el bebé está hasta entonces protegido por los anticuerpos que le transmite la madre durante el embarazo.

Si una madre lactante padece un herpes-zóster es muy difícil que le transmita el virus al bebé, porque le ha pasado los anticuerpos protectores durante el embarazo (si la madre tiene un herpes-zóster es porque ha pasado previamente la varicela). En cualquier caso, se recomienda además mantener las lesiones cubiertas y lavarse las manos antes de tocar al bebé.

¿Y si me ha salido un herpes en el labio?

El virus del herpes labial también tiene dos formas de presentación. La primera vez que afecta a una persona susceptible, generalmente un niño pequeño, produce una molesta infección llamada (atención al nombrecito) gingivoestomatitis herpética. Las encías están inflamadas, rojas, duelen y sangran con facilidad.

Además, la boca y la lengua se llenan de dolorosas aftas. Puede haber fiebre alta y aunque la infección no es grave, a veces es necesario ingresar a un niño que se niega rotundamente a comer y beber para evitar que se deshidrate.

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Este virus también tiene tendencia a refugiarse en los ganglios nerviosos, en este caso de la cabeza. Así, cuando bajan las defensas se puede reactivar y se produce el herpes labial.

Cómo se contagia el herpes simple

Una madre, lactante o no, que tenga un herpes labial, puede contagiar el virus a su bebé a través de un simple beso. Si el niño no ha tenido nunca una infección por el virus va a desarrollar la molesta gingivoestomatitis, pero si es un bebé muy pequeño o con las defensas bajas, pueden producirse también complicaciones graves.

Las más serias son las infecciones oculares que pueden provocar ceguera y la encefalitis, infección del sistema nervioso similar a una meningitis con una altísima mortalidad y alta frecuencia de secuelas.

En resumen, si la madre (u otro cuidador) padece un herpes-zóster o un herpes labial, el riesgo para el bebé es muy bajo. No hay que aislar a la madre ni interrumpir la lactancia. Solo hay que extremar las medidas de higiene habituales (lavado de manos antes de levantar al bebé), cubrir las lesiones del herpes-zóster y evitar besar con un herpes labial.

Si tenéis dudas acerca de este u otro tema relacionado con la salud de vuestro bebé, os espero junto al resto de profesionales de Criar con Sentido Común en la Tribu CSC.

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