Uno de los errores más frecuentes es confundir las dificultades de comunicación o interacción social propias del autismo con una menor inteligencia. Sin embargo, son aspectos diferentes. Una persona autista puede tener problemas para expresar lo que sabe sin que eso implique una menor capacidad intelectual.
El autismo no define la inteligencia
Muchas de las características visibles del autismo pueden parecer, desde fuera, dificultades intelectuales, cuando en realidad no lo son. Históricamente, el error se ha producido por varias razones:
1. Dificultades de lenguaje ≠ baja inteligencia
Algunas personas autistas tienen retraso en el lenguaje o utilizan formas de comunicación diferentes. Un niño que no habla; habla poco; responde de forma inusual, o tarda en procesar preguntas, puede dar la impresión de que no entiende.
Sin embargo, comprender y expresar no son lo mismo. Hay personas autistas con importantes dificultades de comunicación que entienden mucho más de lo que son capaces de expresar.
2. No siempre muestran lo que saben
Muchos test de inteligencia exigen comprender instrucciones verbales; mantener contacto social con el examinador; responder rápidamente; o tolerar situaciones nuevas. Y precisamente esas áreas pueden resultar difíciles para algunas personas autistas. Como consecuencia, durante décadas se infravaloraron muchas capacidades cognitivas.
3. La inteligencia suele evaluarse a través de la conducta
Tendemos a inferir inteligencia observando comportamientos. Por ejemplo: mirar a los ojos; responder preguntas; participar en conversaciones; o mostrar interés social.
Cuando una persona no realiza esas conductas de la manera esperada, algunas personas asumen erróneamente que entiende menos. Pero el autismo afecta principalmente a la comunicación social, no necesariamente a la capacidad intelectual.
4. Antes se diagnosticaba sobre todo a los casos más graves
Hace décadas los diagnósticos de autismo se realizaban principalmente en personas con necesidades de apoyo muy elevadas. Y una parte de ellas presentaba además discapacidad intelectual asociada.
Eso contribuyó a crear la falsa idea de que autismo e inteligencia baja eran prácticamente lo mismo. Hoy sabemos que no es así.
5. El autismo y la discapacidad intelectual son condiciones distintas
Una persona puede tener autismo sin discapacidad intelectual; autismo con discapacidad intelectual; discapacidad intelectual sin autismo; o ninguna de las dos. Son diagnósticos diferentes.
Actualmente se estima que aproximadamente entre un 30% y un 40% de las personas autistas presentan también discapacidad intelectual, lo que significa que la mayoría no la presentan.
Asimismo, las estimaciones más aceptadas actualmente sitúan la llamada doble excepcionalidad (autismo + altas capacidades) aproximadamente entre un 5% y un 15% de las personas autistas. Algunos estudios han encontrado cifras incluso superiores, especialmente cuando se utilizan pruebas cognitivas adaptadas y se evalúan perfiles de inteligencia menos convencionales.

El problema es que históricamente ha habido dos errores frecuentes:
- Si se detectaba primero el autismo, muchas veces no se buscaban altas capacidades.
- Si se detectaban primero las altas capacidades, podían pasar desapercibidas las características autistas.
Por eso durante años muchos niños y adolescentes fueron (y, en ocasiones, siguen siendo) infradiagnosticados.
6. Algunas habilidades pueden ser muy desiguales
En el autismo es frecuente encontrar perfiles cognitivos muy heterogéneos. Por ejemplo, una persona puede tener dificultades para mantener una conversación espontánea pero una memoria extraordinaria; grandes conocimientos en áreas concretas; o una capacidad excepcional para detectar patrones.
Esto desconcierta a quienes esperan que la inteligencia sea uniforme.
Lo que sabemos hoy
La investigación actual considera que el autismo es una condición del neurodesarrollo relacionada con diferencias en la comunicación social, el procesamiento sensorial y ciertos patrones de comportamiento. No es un trastorno de la inteligencia.

Algunas personas autistas tienen discapacidad intelectual, otras tienen inteligencia media y otras presentan capacidades intelectuales muy superiores a la media. Por eso los especialistas insisten cada vez más en una idea: no debemos juzgar lo que una persona entiende por la forma en que se comunica o por cómo expresa lo que sabe.
Y esa confusión ha sido, probablemente, una de las mayores injusticias que han sufrido muchas personas autistas durante décadas.
La inteligencia "autista"
Esta es una de las preguntas donde la ciencia ha tenido que corregirse más veces a lo largo de los años. La respuesta corta es: el autismo no define la inteligencia.
En el espectro autista encontramos personas con capacidades intelectuales muy diversas, de la misma forma que ocurre entre las personas neurotípicas. Sin embargo, hay tres puntos clave que explican por qué existe tanta confusión al respecto:
1. El perfil "en picos" (Heterogeneidad)
A diferencia de una persona neurotípica, que suele tener un nivel de inteligencia similar en diferentes áreas (lenguaje, lógica, memoria), las personas autistas suelen tener un perfil irregular:
- Pueden tener muchas dificultades (pareciendo "menos inteligentes") en comprensión social o lenguaje metafórico.
- Pueden ser brillantes, casi "genios", en memoria visual o razonamiento lógico-matemático.

2. La trampa de los tests de inteligencia
Históricamente, se decía que muchos autistas tenían discapacidad intelectual. Hoy sabemos que esto era un error de medición:
- Si le haces un test de inteligencia basado en el habla a un niño autista que no habla, el resultado será bajo, pero eso no significa que no sea inteligente; significa que el test no es adecuado para él.
- Cuando se usan tests no verbales (como las Matrices Progresivas de Raven), muchas personas autistas puntúan igual o por encima de la media neurotípica.
3. La distribución en el espectro
Si miramos las estadísticas generales, la población autista se divide aproximadamente así:
- 30-40%: Presentan algún grado de discapacidad intelectual (a menudo asociada a condiciones genéticas o falta de apoyo temprano).
- 30-40%: Tienen una inteligencia dentro de la media (lo que antes se llamaba erróneamente "autismo de alto funcionamiento").
- 10-20%: Tienen una inteligencia superior o son superdotados.
¿Son "más" inteligentes?
No es que sean "más" o "menos", sino que su inteligencia suele ser especializada. Existe un fenómeno llamado Hiper-sistematización: el cerebro autista es experto en encontrar patrones, reglas y datos donde otros solo ven caos. Esto hace que en áreas como la programación, la ingeniería, la música o el arte, puedan destacar muchísimo más que un neurotípico.

En resumen, ser autista no te hace ni más ni menos inteligente por defecto. Lo que sí hace es que tu inteligencia funcione de manera diferente, procesando los detalles antes que el conjunto.
Es importante no caer en el mito de que todos los autistas son "Rain Man" (genios con cálculos), ni tampoco en el de que todos tienen problemas cognitivos. Cada persona es un mundo con sus propios talentos y desafíos.
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