El horario de verano puede empeorar los problemas cognitivos y psicológicos, según un nuevo estudio

El cambio de hora puede alterar el sueño infantil, la concentración y el estado de ánimo.

Redacción CSC6 min de lectura
El horario de verano puede empeorar los problemas cognitivos y psicológicos, según un nuevo estudio

El cambio de hora puede alterar el sueño infantil, la concentración y el estado de ánimo. Descubre cómo afecta a niños y adolescentes y qué pueden hacer las familias.

Cambio de hora en niños: cómo puede afectar al sueño, la conducta y el bienestar emocional

El cambio de hora suele parecer una molestia menor: dormimos una hora menos o una hora más, ajustamos relojes y seguimos con la rutina. Sin embargo, para muchas personas esa modificación no es tan inocente.

Un nuevo estudio publicado en Brain Sciences advierte de que los cambios asociados al horario de verano pueden actuar como un estresor circadiano, afectando al sueño, la regulación emocional, la cognición y la estabilidad psicológica, especialmente en personas con dificultades previas de salud mental o sueño.

Aunque el estudio se centra especialmente en población con depresión, ansiedad, trastorno bipolar, TDAH, estrés postraumático o trastornos psicóticos, sus conclusiones también invitan a reflexionar sobre cómo el cambio de hora en niños puede afectar a las rutinas familiares.

Por qué el cambio de hora afecta al sueño infantil

El cuerpo no funciona solo con relojes externos. También tiene un reloj biológico interno que regula cuándo tenemos sueño, cuándo estamos más activos, cuándo comemos y cómo se organizan muchos procesos hormonales. Ese reloj se sincroniza principalmente con la luz natural.

Cuando adelantamos o atrasamos la hora de golpe, el horario social cambia en una sola noche, pero el cuerpo necesita más tiempo para adaptarse. Los investigadores explican que el cerebro no se ajusta tan rápido como el reloj de la pared.

En bebés, niños pequeños y adolescentes, esta desincronización puede notarse más porque sus rutinas de sueño suelen ser más sensibles.

Señales de que a tu hijo le está afectando el cambio de hora

Algunos niños apenas notan el cambio. Otros pueden tardar varios días en recuperar su ritmo habitual. Durante esa transición pueden aparecer:

  • más dificultad para dormirse;
  • despertares nocturnos;
  • sueño más ligero;
  • cansancio durante el día;
  • irritabilidad;
  • rabietas más frecuentes;
  • menor concentración;
  • más hambre o menos apetito;
  • más resistencia para levantarse por la mañana.

En adolescentes, además, puede empeorar algo que ya suele ser frecuente: la tendencia a acostarse tarde y necesitar dormir más por la mañana.

Cambio de hora, TDAH y dificultades de regulación

El estudio señala que las personas con TDAH o trastornos de salud mental pueden ser especialmente vulnerables a los efectos del cambio horario. Esto es importante para muchas familias, porque algunos niños con TDAH, autismo, ansiedad o dificultades de regulación emocional ya presentan problemas de sueño de base.

En estos casos, una hora de diferencia puede parecer poco, pero puede desorganizar bastante el día: les cuesta más despertarse, están más irritables, toleran peor la frustración o tienen más dificultades para mantener la atención. No significa que el cambio de hora sea la causa de todos esos problemas, pero sí puede actuar como un factor añadido de estrés.

La luz de la mañana es clave

Una de las recomendaciones de los autores del estudio es utilizar la luz brillante por la mañana para ayudar a reajustar el ritmo circadiano. En niños, esto puede traducirse en algo muy sencillo:

  • Abrir persianas al despertarse.
  • Desayunar cerca de una ventana.
  • Salir a caminar si es posible.
  • Salir un rato al exterior por la mañana.

La luz natural matinal ayuda al cerebro a entender que el día ha empezado. Por la tarde y por la noche ocurre lo contrario: conviene reducir luces intensas y evitar pantallas antes de dormir, porque la luz artificial puede retrasar todavía más la aparición del sueño.

Cómo preparar a los niños antes del cambio de hora

Una estrategia útil es no esperar al día del cambio. Los investigadores recomiendan ajustar progresivamente los horarios varios días antes.

Con niños pequeños, puede hacerse adelantando o retrasando las rutinas unos 10-15 minutos cada día: cena, baño, cuento y hora de dormir. Así el cuerpo no recibe el cambio de golpe.

También ayuda mantener estables los elementos que dan seguridad: misma rutina de sueño, ambiente tranquilo, poca luz por la noche y un despertar lo más previsible posible.

Qué hacer si duerme peor esos días

Si tu hijo duerme peor después del cambio de hora, lo más importante es no entrar en pánico ni cambiarlo todo. Durante unos días puede necesitar más acompañamiento, más paciencia y algo más de flexibilidad. Puede ayudar:

  • mantener horarios relativamente estables;
  • evitar siestas demasiado largas o tardías;
  • salir a la luz natural por la mañana;
  • reducir pantallas por la tarde;
  • adelantar la cena si está llegando demasiado cansado;
  • bajar el nivel de exigencia esos días.

Un niño cansado no se porta peor porque quiera. Muchas veces simplemente tiene menos recursos para regularse.

El horario de verano permanente no siempre sería la mejor solución

Una de las conclusiones del estudio es que, desde el punto de vista de la salud pública, el horario estándar permanente podría ser más favorable que mantener el horario de verano todo el año, porque se alinea mejor con la luz natural de la mañana y la biología circadiana humana.

Este debate es complejo y depende de decisiones políticas, sociales y económicas. Pero desde la perspectiva del sueño, la luz matinal tiene un papel muy importante.

Para las familias, la idea práctica es clara: cuanto más podamos respetar los ritmos de sueño y luz natural, mejor.

Cuándo consultar

Conviene consultar con el pediatra si, tras el cambio de hora, el niño presenta problemas de sueño intensos que se mantienen durante semanas, somnolencia diurna importante, cambios bruscos de conducta, empeoramiento claro de ansiedad, bajo rendimiento escolar o síntomas emocionales preocupantes.

También es recomendable pedir orientación si el niño ya tenía un trastorno del sueño, TDAH, autismo, ansiedad u otra dificultad del neurodesarrollo o salud mental.

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El cambio de hora no es solo una hora

Para algunas familias, el cambio de hora pasa casi desapercibido. Para otras, especialmente con niños pequeños o adolescentes con sueño vulnerable, puede alterar varios días de descanso, ánimo y convivencia.

La clave no está en asustarse, sino en anticiparse: ajustar rutinas poco a poco, priorizar la luz natural por la mañana, reducir pantallas por la noche y recordar que esos días los niños pueden necesitar más acompañamiento. Porque, aunque el reloj cambie en una noche, el cuerpo necesita un poco más de tiempo para ponerse al día.