Depresión perinatal en los padres: cómo prevenirla y por qué también importa

Los padres también pueden sufrir una depresión perinatal.

Redacción CSC8 min de lectura
Depresión perinatal en los padres: cómo prevenirla y por qué también importa

La depresión perinatal también puede afectar a los padres. Te explicamos qué es, cuáles son las señales más frecuentes y cómo prevenirla para cuidar mejor a toda la familia.

La depresión perinatal también afecta a los padres

Cuando hablamos de embarazo y salud mental, casi toda la atención suele centrarse en las madres. Y tiene sentido: el embarazo, el parto y el posparto implican enormes cambios físicos, hormonales y emocionales.

Pero hay algo que todavía se menciona muy poco: los padres también pueden sufrir una depresión perinatal.

Y no, no hablamos simplemente de estar cansado, nervioso o preocupado por la llegada del bebé. Hablamos de un problema real de salud mental que puede afectar al vínculo, a la pareja, al bienestar familiar y también al desarrollo del niño.

Porque convertirse en padre también supone una revolución emocional enorme. Y aunque muchas veces socialmente se espera que el hombre "aguante", "responda" o "sea fuerte", la realidad es que algunos padres atraviesan esta etapa con ansiedad intensa, tristeza persistente, irritabilidad, sensación de desconexión o incluso síntomas depresivos importantes.

Por eso cada vez más expertos insisten en la importancia de la prevención de la depresión perinatal en el padre. No solo para cuidar su salud mental, sino también para proteger el bienestar de toda la familia.

Qué es la depresión perinatal paterna

La depresión perinatal paterna es un trastorno depresivo que puede aparecer durante el embarazo o en el primer año después del nacimiento del bebé.

Aunque durante mucho tiempo apenas se habló de ello, distintos estudios muestran que no es algo raro. Algunos padres desarrollan síntomas depresivos durante esta etapa, especialmente cuando existen factores de estrés importantes o dificultades emocionales previas.

El problema es que muchas veces pasa desapercibida. Y pasa desapercibida por varios motivos:

  • porque los hombres consultan menos sobre salud mental;
  • porque algunos síntomas se expresan de forma diferente;
  • y porque socialmente sigue existiendo la idea de que el padre debe sostener, no derrumbarse.

Cómo puede manifestarse

La depresión en los padres no siempre se presenta exactamente igual que en las madres. A veces no aparece como tristeza evidente, sino como irritabilidad, apatía, desconexión emocional, aislamiento, enfados frecuentes, conductas evitativas o sensación constante de agotamiento. También pueden aparecer:

  • ansiedad;
  • dificultades para dormir;
  • sensación de fracaso;
  • pérdida de interés;
  • problemas de concentración;
  • aumento del consumo de alcohol o sustancias;
  • y dificultades en la relación de pareja.

Algunos padres describen además una sensación extraña de no reconocerse, de sentirse fuera de lugar o de no conectar como esperaban con el bebé.

Y todo esto suele vivirse con bastante culpa y silencio.

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La llegada de un hijo cambia muchas cosas

A veces romantizamos la paternidad tanto que parece que todo debería sentirse maravilloso desde el primer momento. Pero tener un bebé cambia radicalmente la vida:

  • cambia el sueño;
  • cambia la relación de pareja;
  • cambia la organización familiar;
  • cambia el tiempo personal;
  • cambia la economía;
  • cambia la identidad;
  • y cambia incluso la manera en que uno se percibe a sí mismo.

Muchas familias atraviesan esta transición con bastante soledad y agotamiento. Y si además existen antecedentes de ansiedad, depresión, estrés laboral, dificultades económicas o conflictos de pareja, el riesgo aumenta. Por eso la salud mental paterna no debería verse como un tema secundario.

La depresión del padre también afecta al bebé

Hablar de esto no es culpabilizar a los padres. Es entender que el bienestar emocional de los adultos influye en el clima familiar en el que crecen los niños.

Distintas investigaciones han relacionado la depresión paterna con más dificultades emocionales y conductuales en los hijos, más tensión familiar y peor calidad de la interacción temprana.

No porque un padre deprimido deje automáticamente de querer a su hijo, sino porque la depresión puede dificultar:

  • la disponibilidad emocional;
  • la paciencia;
  • la regulación;
  • el juego;
  • la conexión;
  • y la capacidad de sostener el día a día.

Y cuando un adulto está desbordado emocionalmente, toda la familia lo nota.

Por qué cuesta tanto pedir ayuda

Uno de los grandes problemas es que muchos hombres sienten que no tienen permiso para sentirse mal durante la llegada de un hijo. Existe una presión muy fuerte para cumplir determinados roles:

“Tienes que apoyar”.
“Ahora ella es la importante”.
“No puedes venirte abajo”.
“Sé fuerte”.

Y claro que la madre necesita apoyo. Muchísimo. Pero eso no significa que el padre deje de ser una persona con emociones, miedos y límites. Muchos hombres han aprendido desde pequeños a no expresar vulnerabilidad. A resolver solos. A callar. A aguantar.

Y eso hace que la depresión perinatal masculina muchas veces se esconda detrás del trabajo excesivo, la irritabilidad, el aislamiento o el silencio.

Qué factores aumentan el riesgo

Existen algunos factores que pueden aumentar el riesgo de desarrollar depresión perinatal en el padre:

  • antecedentes de ansiedad o depresión;
  • conflictos de pareja;
  • falta de apoyo social;
  • estrés económico;
  • privación de sueño;
  • embarazo complicado;
  • problemas de salud del bebé;
  • experiencias traumáticas previas;
  • o depresión materna.

De hecho, cuando una madre presenta depresión perinatal, el riesgo de síntomas depresivos en el padre también aumenta. Por eso el cuidado emocional debería entenderse como algo familiar, no individual.

La prevención empieza antes de que aparezca el problema

Uno de los mensajes más importantes es este: no hace falta esperar a estar completamente desbordado para empezar a cuidar la salud mental.

La prevención de la depresión perinatal implica preparar mejor la transición a la paternidad y ofrecer más apoyo real a las familias. Y eso incluye cosas bastante concretas:

  • hablar de expectativas reales;
  • normalizar emociones difíciles;
  • favorecer espacios de descanso;
  • mejorar la conciliación;
  • repartir cuidados de forma corresponsable;
  • permitir que el padre participe activamente en la crianza;
  • y facilitar acceso a apoyo psicológico cuando haga falta.

También ayuda mucho tener una red: amigos, familia, grupos de apoyo o profesionales con quienes poder hablar sin miedo al juicio.

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El problema de idealizar la paternidad

En redes sociales y discursos públicos muchas veces aparece una imagen muy simplificada: padres felices, bebés tranquilos, conexión inmediata y plenitud constante. Pero la realidad suele ser mucho más compleja.

Hay padres profundamente enamorados de sus hijos que al mismo tiempo están agotados, perdidos o emocionalmente sobrepasados.

Y poder decir eso sin culpa debería ser posible.

Porque la salud mental no se cuida negando el malestar. Se cuida pudiendo nombrarlo.

Qué señales conviene vigilar

Conviene consultar con un profesional si el padre presenta durante semanas:

  • tristeza persistente;
  • irritabilidad intensa;
  • ansiedad constante;
  • aislamiento;
  • apatía;
  • dificultades importantes para dormir;
  • sensación de desconexión con el bebé;
  • desesperanza;
  • o pérdida marcada de interés por la vida cotidiana.

Especialmente si esos síntomas interfieren en el funcionamiento diario o en las relaciones familiares. Pedir ayuda no significa ser peor padre. A veces significa precisamente lo contrario: intentar cuidarse para poder cuidar mejor.

Qué pueden hacer las parejas y el entorno

Muchas veces la prevención empieza por algo muy sencillo: preguntar de verdad cómo está el otro. No solo cómo está el bebé.

También ayuda:

  • repartir responsabilidades;
  • validar el cansancio mutuo;
  • evitar competir por quién está peor;
  • y entender que ambos pueden necesitar apoyo al mismo tiempo.

La crianza no debería vivirse como una prueba individual de resistencia.

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Cuidar a una familia implica cuidar emocionalmente a quienes sostienen la crianza

La depresión perinatal paterna existe. Y aunque durante años apenas se habló de ella, cada vez sabemos más sobre su impacto en la salud familiar y en el bienestar de los hijos.

Hablar de ello no resta importancia a la salud mental materna. La amplía. Porque cuidar a una familia también implica cuidar emocionalmente a quienes sostienen la crianza.

Y quizá necesitamos empezar a decir algo más a menudo a los padres recientes: que pueden sentirse vulnerables, que pedir ayuda no los hace débiles, y que nadie debería atravesar la paternidad en silencio mientras intenta aparentar que puede con todo.