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Cuando el sentido común parece el menos común de los sentidos
Confesiones de una mamá Nutricionista.
Natalia Moragues7 min de lectura

Hoy os escribo una carta desde el corazón, porque yo también me he sentido así, como ahora os cuento.
Incomprendida, rara, a contramarcha ¿Cuántas veces te has sentido así desde que eres madre o tal vez desde que te quedaste embarazada?
Hubo un día en el que te quedaste embarazada por primera vez y fue el miedo a lo desconocido, a lo que iba a venir, fue la preocupación por querer darle a tu hijo lo mejor, el querer ser la mejor versión de ti misma como madre, lo que te provocó ese ansia por aprender, por leer, por querer asesorarte por los mejores, por las personas que más saben en los temas de crianza, salud, educación y alimentación.
La maternidad es sin duda una situación de lo más compleja y no hablemos ya de la crianza. Sobre ambas cuestiones bien sabréis que se podría escribir un libro, que digo uno, muchísimos libros contando anécdotas, mitos, situaciones estresantes para la madre, momentos de dudas y de incomprensión. Muchas veces, la mayoría realmente, nos encontramos ante situaciones incómodas por parte de personas cercanas, claro, al fin y al cabo es nuestro entorno el que nos afecta y las personas que nos rodean. Parecerá un topicazo, pero ¿cuántas mamás no han tenido sus más y sus menos con su suegra o con su propia madre a raíz de la maternidad? Y es que no es un topicazo, es que es la pura realidad.
Como digo, hubo un día en el que te quedaste embarazada y comenzaste a indagar, a formarte, leíste a Carlos González, aprendiste cómo funciona esa maravillosa maquinaria que llevamos de serie que es la teta, que aunque parezca una tontería, hay que estudiarse bien el manual de instrucciones (hay que comprarlo más bien porque venimos sin él) y que resulta que es ni más ni menos que ¡imprescindible! porque si no lo lees, resulta que no tienes ni idea de cómo debes dar el pecho. Aún recuerdo el día que me quedé embarazada de mi primera hija y le pregunté a una amiga que además de pediatra ya era mamá, qué libro me recomendaba para leer durante el embarazo. jamás olvidaré sus palabras…
-¿Vas a darle el pecho? me preguntó
-¡Claro! contesté sin dudar.
- Pues verás Natalia, te recomendaría varios libros, pero si tuviera que quedarme con uno solo, sin duda sería este: “Un regalo para toda la vida” de Carlos González.
Pues bien, después de aquello lo comencé a leer y he de deciros que quedé fascinada, me asombró darme cuenta que no tenía ni la más remota idea de cómo se da el pecho, que resulta que no es poner al niño en la teta y hala ya está, que resulta que hay muchísimo más en ese aparentemente sencillo gesto. Y no solo eso, sino que a partir de ese momento me leí otros libros más sobre crianza, alimentación, etc.
Cuando llegó el gran día de dar a luz me encontré con varias enfermeras dándome cada una un mensaje diferente, que si no lo tengas al pecho más de 10 minutos que eso ya es vicio, que si tienes que darle un poco de biberón ¡ya! porque no agarra bien el pecho, que si una cosa, que si lo otra. Con toda la buena intención del mundo llegó mi suegra y me dio un mensaje diferente, y a los pocos días mi madre me empezó a agobiar porque mi hija no ponía mucho peso. Aunque no viene al caso, ese momento fue para mí un punto de inflexión en mi carrera como nutricionista y fue cuando empecé a especializarme más y a formarme en alimentación infantil y lactancia.
A día de hoy, varios años después, cuando recuerdo esos momentos en aquella situación, pienso lo siguiente: estamos sometidos en nuestro día a día a un bombardeo de información incorrecta o sesgada por parte de nuestro entorno, y muchas veces del entorno más cercano. Pero ya no es solo eso, sino que esas personas que te dan ese tipo de mensajes a veces te hacen sentir mal, te quieren hacer creer que estás equivocada y que no estás haciendo lo correcto y tú, que incluso te has documentado y has leído de los mejores, acabas dudando, y al hacerlo entras en una situación de estrés y de ansiedad al sentir que vas a contracorriente, que vas en contra de todos y te dan ganas de llorar.
Si es incluso después de haber leído que surgen dudas, haces mastitis y necesitas a una buena asesora de lactancia como Carmen Vega, ¡imagínate sin leer! Probablemente ya habrías dejado de dar el pecho.
Así que a veces el sentido común es el menos común de todos los sentidos, porque si de algo me he dado cuenta es que de maternidad, crianza y alimentación, todo el mundo sabe (o eso cree) u opina. Y resulta que es todo lo contrario, para ser madre hay que sacarse el mayor título de vuestra vida, es una carrera de fondo.
Por eso a ti, madre o padre, que cuando os enterasteis que ibais a ser mamá y papá empezasteis a leer, os felicito.
A ti, que cuando tu hijo creció y empezó con la alimentación complementaria empezaste a leer a Julio Basulto entre otros, te felicito. Precisamente por documentarte bien, formarte y asesorarte entrarás en el grupo minoritario de la gente que lo intenta hacer bien y por ello, te encontrarás en mil situaciones donde amigos, familia y personas de tu entorno criticarán lo que haces, por desconocimiento y porque a día de hoy hay mucha mala información de muy fácil acceso que nos llega sin que nosotros tengamos que molestarnos en comprar un libro y leerlo.
Te encontrarás a gente que se echará las manos a la cabeza y te criticará cuando vea que le das a tu bebé de 7 meses un plátano entero; dirán: ¡que se va ahogar!, o te tacharán de hacer una guarrería porque tu hija se pone de tomate hasta los pelos cuando come. También habrá personas que cuando tu hijo que tiene 3 años y al parque siempre lleva fruta dirán que es un pobrecito porque nunca le das galletas.
Insisto que en este tema se ha perdido el sentido común ya que para lo que nosotros es un comportamiento lógico y no solo lógico, sino que a veces imprescindible, para muchos será un motivo de burla, de ataque y de discriminación.
A todos vosotros, padres y madres que seguís leyendo y os seguís formando, que seguís a divulgadores de calidad, pediatras como Lucía Galán, Gloria Colli o Jesús Martínez, enfermeros como Armando Bastida, nutricionistas como Aitor Sánchez (Mi dieta cojea) y por qué no, a una servidora y a psicólogos como Alberto Soler, a todos aquellos que habéis tomado la decisión de criar con respeto, con documentación y formación, os doy la enhorabuena y os digo también que cuando os sintáis desplazados, raros o humillados penséis que vuestros hijos han tenido la gran suerte de nacer en una familia donde sus padres han hecho todo lo que está en sus manos por darle la mejor crianza, salud, alimentación y educación y que les estáis premiando con un regalo para toda la vida (como decía Carlos González) aunque como antes he comentado a veces nos dé la sensación de que el sentido común muchas veces parezca el menos común de los sentidos.
Os admiro, enhorabuena, estáis aprobando con nota.
Firmado: una mamá-nutricionista que a veces sigue sintiendo que va a contracorriente pero que seguirá haciéndolo porque sabe que gracias a ello consigue, aunque sea en un pequeño porcentaje de la población, crear conciencia para actuar en coherencia.
Con Cariño
Natalia Moragues
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