Alimentar a los niños puede ser un reto. A veces es difícil saber si lo estamos haciendo bien. Queremos lo mejor para nuestros hijos y solemos pensar que eso significa asegurarnos de que coman las cantidades adecuadas de los alimentos correctos. Sin embargo, las investigaciones nos indican que también debemos considerar cómo apoyamos a los niños en su alimentación y los mensajes que reciben sobre la comida.
Los especialistas Sadie Harley y Andrés Zinin aseguran que, dado que cada vez más niños asisten a escuelas infantiles durante la mayor parte del día, estos centros son de vital importancia para promover el crecimiento y desarrollo óptimos de los niños durante los que son sus años fundamentales.
Es más, los expertos subrayan que las oportunidades de alimentación en estos entornos son especialmente importantes, ya que más de uno de cada cuatro niños sufre inseguridad alimentaria en el hogar.
¿Qué significa alimentación receptiva?
Los niños nacen con la capacidad de reconocer su propia hambre y saciedad. Pero con el tiempo, esta capacidad puede cambiar, ya que las creencias culturales y sociales en torno a la alimentación de los niños pequeños —y el estrés financiero o la inseguridad alimentaria— pueden llevar a que los cuidadores ignoren las señales internas de los niños controlando su ingesta de alimentos. Esto puede implicar presionarlos para que coman, restringirles la comida o usarla como recompensa.

Los niños pequeños necesitan tiempo para aprender sobre diferentes alimentos y texturas. Algunos niños son aventureros a la hora de comer y pueden estar entusiasmados por probar nuevos alimentos y aceptarlos con mayor rapidez. Otros niños pueden ser naturalmente más cautelosos al comer y necesitar apoyo o más tiempo.
Sin embargo, Harley y Zinin promueven un entorno de alimentación receptivo que permita a los niños comunicar sus sensaciones de hambre y saciedad, y de esta manera los anima a regular su propia alimentación.
"Cuando los cuidadores respetan la autonomía del niño, este puede sentirse cómodo con una amplia variedad de alimentos y texturas. Esto le permite practicar la autorregulación al responder a las sensaciones de hambre y saciedad, y desarrollar una relación sana con la comida para toda la vida", aseguran.
Alimentación receptiva en el cuidado infantil: CELEBRATE Feeding
El proyecto CELEBRATE Feeding (Coaching en Entornos de Aprendizaje Temprano para Desarrollar un Enfoque Receptivo hacia la Alimentación), ha colaborado con programas de cuidado infantil en Nueva Escocia y la Isla del Príncipe Eduardo, apoyando a los educadores de la primera infancia para que desarrollen su confianza y habilidades en la alimentación adaptada a las necesidades individuales, al tiempo que fomenta el placer de comer en un entorno que celebra la diversidad y la inclusión.
El Enfoque de Alimentación CELEBRATE es un marco flexible para apoyar comportamientos clave de los educadores en áreas prioritarias de cambio, como las rutinas a la hora de comer y la forma en que los educadores hablan sobre la comida a lo largo del día.
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los educadores descubrieron el gran impacto que pueden tener al servir de ejemplo, sentándose a comer los mismos alimentos que los niños.
"Cuando ayudamos a los niños a tener control sobre qué y cuánto comen, desarrollan autonomía en sus decisiones sobre la comida, así como habilidades físicas y de motricidad fina", declaran los especialistas Sadie Harley y Andrés Zinin.
Reducción de la presión
A través de CELEBRATE Feeding, los educadores reformularon su lenguaje para reducir la presión sobre los niños para que comieran más o menos, o para que comieran ciertos alimentos.
Esto implicaba dejar de coaccionar, elogiar o recompensar a los niños en función de lo que comían. "Si bien los niños pueden comer cuando se les presiona, a largo plazo, esta presión puede ser contraproducente y hacer que sean menos propensos a aceptar la comida", afirman los especialistas.
Se anima, por tanto, a los educadores a centrarse en un lenguaje más neutral, a evitar etiquetar los alimentos como buenos o malos y a no presionar a los niños para que coman más o menos de ciertos alimentos.

En el Curso Online "Mi niño no come" os damos pautas cómo actuar cuando los peques rechazan la comida, de cómo saber cuándo de verdad no está comiendo o si es en realidad un problema de expectativas
Conversación de sobremesa
Los educadores también entablaron conversaciones con los niños en la mesa que no se limitaban a la comida. Centrarse en la conexión y la diversión en la mesa, en lugar de preocuparse por lo que comen los niños, puede ser especialmente útil para aquellos que se estresan a la hora de comer debido a la inseguridad alimentaria en el hogar o porque han sido etiquetados como niños quisquillosos o difíciles de comer.
"Queremos crear un entorno seguro y positivo para que los niños disfruten de una variedad de alimentos y eviten asociar sentimientos de culpa y vergüenza a la comida", sostienen Sadie Harley y Andrés Zinin.
Fomentar la exploración de los alimentos
El proyecto capacitó a los educadores para que brindaran a los niños oportunidades repetidas para explorar los alimentos, sin la expectativa de que los comieran o los probaran. Esto se logró a través de comidas y juegos, jardinería, cocina, actividades sensoriales y libros, canciones y materiales relacionados con la comida.
Los niños exploraron los alimentos a través de la vista, el olfato, el tacto y el gusto de forma positiva y alegre para fomentar su curiosidad y su confianza "como personas que comen con soltura".
Cambiar las perspectivas en torno a la alimentación
Cambiar nuestra perspectiva sobre la comida puede ser difícil. Como adultos, nuestros valores y creencias personales en torno a la comida se han ido formando a lo largo de nuestra vida.
Nuestras creencias culturales y sociales sobre la comida, la maltrecha economía familiar o la inseguridad alimentaria influyen en lo que decimos y hacemos cuando estamos con los niños.
"Un cambio de perspectiva implica que debemos confiar en que, si bien la preocupación de los adultos por la nutrición de los niños es genuina y bienintencionada, los niños son capaces de autorregularse respondiendo a las sensaciones de hambre y saciedad", afirman Harley y Zinin.
Priorizar la curiosidad y la alegría
"Los educadores se han mostrado abrumadoramente receptivos a replantear su enfoque sobre la alimentación infantil, priorizando la curiosidad y la alegría en lugar de la coerción y la obligación", declaran los especialistas.
En la actualidad, continúan compartiendo estos mensajes a través del desarrollo profesional y los recursos disponibles en su sitio web, desde donde, aunque a veces resulte difícil acertar con la hora de alimentar a los niños, animan a los cuidadores a "respirar hondo" y a centrarse en crear un vínculo afectivo en la mesa.
"Generar confianza, seguridad y recuerdos agradables relacionados con la comida es quizás más importante para la salud a largo plazo que un bocado de brócoli que provoque resentimiento", aseguran.
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