De tal palo, tal astilla: el bostezo contagioso comienza en el útero

Los fetos podrían "contagiarse" del bostezo de su madre antes de nacer.

Redacción CSC8 min de lectura
De tal palo, tal astilla: el bostezo contagioso comienza en el útero

Un estudio publicado en Current Biology sugiere que los fetos bostezan más después de que bostece su madre. El hallazgo apunta a una posible forma temprana de conexión conductual antes del nacimiento.

Los fetos podrían contagiarse del bostezo de su madre dentro del útero

Hay gestos tan cotidianos que casi no les damos importancia. Bostezar, por ejemplo. Bostezamos cuando tenemos sueño, cuando estamos cansados, cuando estamos aburridos o incluso cuando vemos bostezar a otra persona. Y esto último es curioso: el bostezo contagioso es una conducta muy conocida en humanos. Ves a alguien bostezar y, muchas veces, sin pensarlo, tú también bostezas.

Durante años se ha relacionado este fenómeno con mecanismos de conexión social, imitación, sincronía emocional y respuesta automática ante las acciones de los demás. Es decir, no sería solo una reacción física, sino también una forma muy básica de resonancia con el otro.

Ahora, el estudio publicado en Current Biology sugiere algo sorprendente: esta forma de "contagio" podría empezar incluso antes del nacimiento. Según los investigadores, los fetos bostezaban con más frecuencia después de que sus madres bostezaran, con un retraso aproximado de 90 segundos.

El bostezo fetal empieza muy pronto

Aunque pueda llamar la atención, los fetos bostezan desde etapas muy tempranas del desarrollo. Según la ciencia, el bostezo fetal puede observarse alrededor de las 11 semanas de gestación.

Evidentemente, dentro del útero el bostezo no es exactamente igual que fuera. El feto no está tomando aire como lo haría un bebé, un niño o un adulto. Lo que se observa es una secuencia de movimientos: abre lentamente la boca, realiza movimientos que recuerdan a la inspiración y la espiración, y después vuelve a cerrarla.

Durante mucho tiempo se pensó que estos bostezos fetales respondían únicamente a procesos internos del desarrollo: maduración neurológica, actividad motora, regulación biológica o patrones propios del sistema nervioso en formación.

Pero faltaba evidencia para saber si el feto podía responder también a señales procedentes de la madre. Y eso es precisamente lo que ha explorado este nuevo estudio.

Cómo se estudió la posible sincronía entre madre y feto

Para investigar si los fetos podían "contagiarse" del bostezo materno, los investigadores reclutaron a 38 mujeres embarazadas entre las semanas 28 y 32 de gestación. Todas tenían embarazos sanos y sin complicaciones.

Durante el experimento, las madres veían tres tipos de vídeos en una sala tranquila: vídeos de personas bostezando, vídeos con movimientos de boca sin bostezo y vídeos con rostros inmóviles. Mientras tanto, una cámara registraba la cara de la madre y una ecografía 2D permitía observar en tiempo real la zona de la nariz y los labios del feto.

Después, tres expertos analizaron las grabaciones sin saber qué tipo de vídeo estaba viendo cada madre. Esto es importante porque ayuda a reducir sesgos: quien valora si hay bostezo fetal no sabe si la madre estaba expuesta a bostezos, a simples movimientos de boca o a una cara quieta.

Además, los investigadores utilizaron una herramienta de inteligencia artificial llamada DeepLabCut para seguir con precisión movimientos sutiles de labios y nariz, y entrenaron una red neuronal para analizar si los patrones de movimiento del bostezo materno se reflejaban en los movimientos fetales.

Los fetos bostezaban más cuando bostezaba la madre

El hallazgo principal fue claro: el bostezo fetal aumentaba significativamente cuando la madre bostezaba. En cambio, no aumentaba cuando la madre simplemente abría y cerraba la boca ni cuando mantenía el rostro quieto.

Esto es importante porque permite descartar una explicación demasiado simple: no parecía bastar con que la madre moviera la boca. Lo que se asociaba al aumento de bostezos fetales era específicamente el bostezo de la madre.

Los investigadores denominaron a este fenómeno contagio conductual prenatal. Es decir, una forma temprana de resonancia o sincronía entre la conducta materna y la respuesta fetal.

Además, los bostezos del feto no aparecían de forma aleatoria: solían observarse unos 90 segundos después del bostezo materno. Según la noticia, ese intervalo se parece al tiempo de respuesta que se observa en el bostezo contagioso entre adultos.

Qué significa este hallazgo

La interpretación más prudente es que el feto podría estar respondiendo a alguna señal relacionada con el bostezo materno. No significa que el bebé "vea" a su madre bostezar, evidentemente. El feto no está observando la cara materna. Pero el bostezo de la madre podría generar cambios corporales perceptibles para el feto: movimientos musculares, variaciones respiratorias, cambios en la tensión abdominal, modificaciones sutiles del ritmo corporal o señales fisiológicas que todavía deberán investigarse mejor.

Lo interesante es que el feto no parece ser un organismo aislado dentro del útero. Está en un entorno biológico profundamente conectado con la madre. Siente movimientos, ritmos, sonidos, cambios hormonales y variaciones del estado corporal materno.

Este estudio añade una posibilidad más: que algunas conductas maternas puedan influir en respuestas fetales de una forma más precisa de lo que pensábamos.

No es una prueba de empatía fetal

Conviene tener cuidado con los titulares. El bostezo contagioso en adultos suele relacionarse con conexión social, imitación y, en algunos contextos, con procesos de resonancia emocional. Pero eso no significa que un feto tenga empatía en el sentido adulto de la palabra.

Un feto de 28 a 32 semanas no entiende que su madre está bostezando. No interpreta la situación como lo haría un niño mayor. No podemos atribuirle una conciencia social compleja.

Lo que el estudio sugiere es mucho más básico, pero también muy bonito: que podrían existir formas muy tempranas de sincronía madre-bebé antes del nacimiento. Y eso, sin exagerarlo, ya es bastante potente.

Una conexión que empieza antes del parto

Durante mucho tiempo hemos hablado del vínculo entre madre y bebé como algo que empieza realmente tras el nacimiento: la mirada, el contacto piel con piel, la lactancia, el olor, la voz, la presencia, el sostén.

Pero cada vez sabemos más sobre la vida prenatal. El feto escucha la voz materna, percibe ritmos corporales, se mueve en respuesta a estímulos y se desarrolla dentro de un entorno que no es neutro. El cuerpo de la madre no es solo "el lugar" donde crece el bebé. Es también el primer mundo que habita.

Averigua cómo sienten los bebés dentro de la barriga, cómo potenciar una vivencia positiva del embarazo y "conectar" con tu bebé con prácticas de relajación y mindfulness con nuestro Curso Online "Apego Prenatal - Conecta con tu bebé"

Por eso este estudio resulta tan sugerente. No porque demuestre una relación emocional consciente antes de nacer, sino porque muestra una posible forma de respuesta fetal a la conducta materna.

Dicho de otro modo: antes incluso de mirarse por primera vez, madre y bebé ya podrían estar participando en pequeñas formas de sincronía corporal.

Qué falta por saber

Los propios autores plantean que hacen falta más investigaciones para entender hasta dónde llega esta conexión conductual y si tiene algún efecto a largo plazo en el desarrollo.

También será importante saber qué mecanismos explican esa respuesta. ¿Es una señal respiratoria? ¿Un movimiento corporal? ¿Una variación fisiológica? ¿Un patrón de vibración o presión? ¿Una combinación de varias cosas?

Y, sobre todo, habrá que evitar convertir un hallazgo curioso en una recomendación absurda para embarazadas. No se trata de que las madres tengan que bostezar para estimular al bebé, ni de que deban preocuparse si no bostezan, ni de sacar conclusiones clínicas precipitadas. El estudio abre una línea de investigación, no una pauta de crianza prenatal.

El mensaje para las familias

Este hallazgo nos recuerda algo muy sencillo y muy profundo: el bebé no empieza a existir el día que nace. Ya antes del parto hay movimiento, respuesta, desarrollo, sensibilidad y una relación constante con el cuerpo materno.

El vínculo prenatal no debe entenderse como una obligación más para la madre, ni como otro motivo para cargarla de responsabilidad. No necesitamos madres perfectas ni embarazos vividos bajo presión.

En el Curso Online "Autocuidado emocional en el embarazo" te ayudamos a practicar el autocuidado, a entrar en contacto con tu mundo emocional durante el embarazo y a gestionar problemas de salud mental para que no afecten a la gestación.

Pero sí podemos mirar el embarazo con un poco más de asombro. Porque dentro del útero no hay un ser pasivo esperando a salir. Hay un bebé en desarrollo que se mueve, responde, madura y quizá incluso se sincroniza, de formas muy básicas, con algunos gestos de su madre.

Y si este estudio se confirma con nuevas investigaciones, el bostezo fetal podría convertirse en una pequeña ventana para entender mejor algo que siempre ha sido difícil de estudiar: cómo empieza la conexión entre madre y bebé antes de que puedan verse cara a cara.

En la Tribu CSC cuentas con una red de apoyo formada por cientos de familias y un equipo de expertos/as en salud p/materno-infantil y crianza respetuosa que puede ayudarte. Podéis acceder a través de la web o descargar gratis la app de Criar con Sentido Común tanto para plataformas Apple como para plataformas Android, lo que os dará acceso una semana gratis para probar todas las ventajas de la membresía a la Tribu, realizar todos los cursos online disponibles y consultar a nuestros/as especialistas.