Las cifras son alarmantes: casi el 80% de los adolescentes del mundo no realizan suficiente actividad física, según la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, un nuevo estudio longitudinal de la Universidad de Montreal, que siguió a más de 1.600 niños durante una década, sugiere que las bases de un estilo de vida sedentario —o activo— podrían estar gestándose mucho antes de lo que se creía, por ejemplo, a los dos años y medio.
El movimiento no empieza en el gimnasio ni en el deporte: empieza jugando con mamá y papá
Cuando pensamos en la actividad física de los adolescentes solemos mirar bastante tarde. Nos preocupamos cuando dejan el deporte, cuando pasan demasiadas horas sentados, cuando prefieren las pantallas al parque... Cuando la actividad física desaparece de su día a día. Pero quizá la pregunta debería hacerse mucho antes. Mucho antes.
El estudio canadiense concluye que jugar activamente con ellos durante los primeros años de vida puede influir en sus hábitos de actividad física durante la adolescencia.

La investigación ha encontrado que algunas de las experiencias relacionadas con el movimiento durante los primeros años de vida pueden influir en los hábitos físicos que esos mismos niños tendrán al llegar a la adolescencia.
Y hay un hallazgo especialmente interesante: no se trata solo de cuánto se movía el niño. Se trata también de cuánto jugaban con él sus padres.
Los primeros años son una etapa decisiva
Entre los 2 y los 5 años ocurren muchas cosas. El niño descubre su cuerpo. Aprende a correr, a saltar, a trepar, a mantener el equilibrio, a calcular riesgos, a explorar espacios... Pero además está construyendo algo menos visible: su relación emocional con el movimiento.
Porque los niños no nacen pensando: "Voy a hacer actividad física". Los niños simplemente juegan. Y es a través del juego como aprenden si moverse es divertido, agradable y forma parte natural de la vida.
El estudio siguió a los niños durante más de 10 años
Los investigadores utilizaron datos del Quebec Longitudinal Study of Child Development, que sigue a miles de niños desde la infancia.
Cuando tenían aproximadamente dos años y medio, los padres respondieron preguntas sobre actividad física; sueño; tiempo frente a pantallas; actividades al aire libre; y frecuencia de juego activo con sus hijos.

Diez años después, los investigadores analizaron cuánto se movían esos mismos niños durante la adolescencia temprana. Y encontraron asociaciones sorprendentes.
Jugar con los hijos parece importar más de lo que pensamos
Uno de los hallazgos más relevantes fue que los niños cuyos padres participaban más frecuentemente en juegos activos tendían a mostrar niveles más altos de actividad física años después.
Y aquí no hablamos de entrenamientos. No hablamos de apuntarlos a cinco actividades extraescolares. Hablamos de cosas tan simples como: jugar a perseguirse; bailar juntos; correr en el parque; jugar con una pelota; explorar el bosque; subir una colina; jugar a esconderse... Es decir, movimiento compartido.
Los niños aprenden lo que viven
Los autores sugieren que una parte importante de esta relación podría explicarse por el modelado. Los niños observan constantemente. Ven qué hacen sus padres, qué valoran, cómo pasan su tiempo libre... Y aprenden de ello.
Cuando el movimiento forma parte de la vida familiar, el niño recibe un mensaje muy potente: Moverse es algo normal. Moverse es divertido. Moverse forma parte de quiénes somos.
El juego libre al aire libre también marca diferencias
El estudio también encontró que el tiempo dedicado al juego al aire libre durante los primeros años se relacionaba con mayores niveles posteriores de actividad física.
No resulta difícil entender por qué: fuera hay espacio, hay desniveles, superficies distintas, oportunidades para correr, saltar, trepar y experimentar. Algo que difícilmente puede reproducirse sentado frente a una pantalla.
Menos del 10% cumplía todas las recomendaciones
Otro dato llamativo es que muy pocos niños cumplían simultáneamente las recomendaciones relacionadas con actividad física; sueño; y limitación del tiempo sedentario.
Menos de uno de cada diez alcanzaba los objetivos establecidos para una infancia saludable. Y esto plantea una reflexión importante: quizá estamos normalizando una infancia mucho más sedentaria de lo que creemos.
No estamos hablando de crear deportistas
Este punto es fundamental. La investigación no dice que un niño que juegue más vaya a convertirse en atleta. Ni que haya que obsesionarse con el ejercicio desde la cuna. Lo que sugiere es algo mucho más sencillo: los hábitos de movimiento empiezan a construirse muy pronto.

Mucho antes de que aparezcan los entrenamientos, las competiciones o los gimnasios. Empiezan cuando un niño descubre que correr es divertido, que trepar es emocionante, que jugar con su padre o su madre es una de las mejores partes del día.
El problema de la infancia sedentaria
Cada vez más investigaciones alertan sobre una realidad preocupante: los niños se mueven menos que generaciones anteriores.
Pasan más tiempo sentados; frente a pantallas; en espacios interiores; y con menos oportunidades de juego libre.
Y eso no afecta solo a la salud física. También influye en el bienestar emocional, el desarrollo motor, la autonomía y la relación con el propio cuerpo.
Qué pueden hacer las familias
La buena noticia es que no hacen falta grandes recursos. No hace falta montar una rutina deportiva compleja. A veces basta con:
- salir más al parque;
- caminar juntos;
- perseguirse;
- salir a montar en bici, patines o patinete;
- jugar a la pelota;
- bailar;
- explorar la naturaleza;
- o reservar tiempo para el juego al aire libre.
Porque los niños no necesitan programas de entrenamiento. Necesitan oportunidades para moverse.

El juego activo a los 2 años puede poner en marcha una década de actividad
Este estudio sugiere que la relación de un niño con el movimiento empieza a construirse mucho antes de la adolescencia.
Jugar activamente con los hijos, pasar tiempo al aire libre y permitir que exploren su cuerpo a través del juego podría influir en cómo se relacionarán con la actividad física muchos años después.
Y quizá eso nos recuerde algo importante: cuando un padre corre detrás de su hijo en un parque no solo está jugando. Puede estar ayudando a construir hábitos que acompañarán a ese niño durante toda su vida.
En la Tribu CSC cuentas con un equipo de expertos/as en salud infantil y crianza respetuosa que puede ayudaros en el desarrollo de vuestro peque. Podéis acceder a través de la web o descargar gratis la app de Criar con Sentido Común tanto para plataformas Apple como para plataformas Android, lo que os dará acceso una semana gratis para probar todas las ventajas de la membresía a la Tribu, realizar todos los cursos online disponibles y consultar a nuestros/as especialistas.

