Un estudio de la Universidad de Toronto sugiere que los bebés pueden hacer juicios morales complejos desde los 12 meses, diferenciando entre personajes buenos, malos, víctimas y observadores ambiguos.
Los bebés hacen juicios morales antes de lo que pensábamos
A veces pensamos que los bebés son seres muy inmaduros, casi ajenos a lo que sucede a su alrededor. Que comen, duermen, lloran, juegan un poco y poco más. Pero la investigación en desarrollo infantil lleva años demostrando que, desde muy pronto, los bebés observan el mundo con una capacidad mucho más sofisticada de lo que imaginábamos.
Ahora, un nuevo estudio de la Universidad de Toronto añade una pieza más a ese puzzle: los bebés podrían empezar a hacer juicios morales desde los 12 meses de edad. Y no solo en términos simples de “este es bueno” y “este es malo”, sino de una manera algo más matizada.
Los bebés no solo distinguen entre buenos y malos
Hasta ahora, diferentes investigaciones habían mostrado que los bebés podían diferenciar entre personajes que ayudan y personajes que perjudican. Es decir, si veían a alguien colaborar o impedir que otro consiguiera algo, parecían mostrar cierta preferencia por quien ayudaba.

Pero este nuevo trabajo va un paso más allá. Los investigadores querían saber si los bebés podían entender que no todas las personas encajan perfectamente en categorías cerradas. Porque en la vida real no todo es blanco o negro: hay personas que ayudan, personas que hacen daño, personas que sufren ese daño y también personas que están presentes, miran, pero no intervienen.
Y eso es precisamente lo interesante del estudio: los bebés no solo parecían distinguir entre personajes “buenos” y “malos”, sino también reconocer figuras moralmente más ambiguas.
Cómo se hizo el estudio
Para comprobarlo, los investigadores mostraron a más de 250 bebés de entre 12 y 24 meses una serie de vídeos animados con formas geométricas que interactuaban entre sí. Es un tipo de diseño muy utilizado en psicología del desarrollo, porque permite representar situaciones sociales de forma sencilla, sin depender del lenguaje.
En una de las escenas, un personaje perseguía y golpeaba a otro. Había, por tanto, un agresor y una víctima. En algunas versiones aparecía un tercer personaje que intervenía para proteger a la víctima, una especie de "héroe". En otras, ese tercer personaje simplemente observaba lo que ocurría sin hacer nada: un testigo, alguien presente pero moralmente ambiguo.

Después, los investigadores observaron qué esperaban los bebés de esos personajes en una situación diferente: el reparto de cuatro fresas entre otros dos personajes nuevos.
Mirar más tiempo también dice cosas
Con bebés tan pequeños, no se les puede preguntar: "¿Crees que este personaje es justo?". Así que los investigadores utilizan una medida muy habitual en este tipo de estudios: el tiempo de mirada.
Los bebés tienden a mirar durante más tiempo aquello que les sorprende o contradice lo que esperaban. Por ejemplo, si un objeto parece desafiar la gravedad, suelen mirarlo más rato. Ese mismo principio se utiliza para estudiar qué expectativas tienen sobre el comportamiento social.
En este caso, si un personaje actuaba de una forma inesperada según lo que había hecho antes, los bebés lo miraban más tiempo.
Y ahí apareció el hallazgo más relevante.
Los bebés esperaban justicia de los héroes y de las víctimas

Según los resultados, los bebés esperaban que el personaje que había ayudado repartiera las fresas de forma justa: dos para uno y dos para otro. Esto quizá no sorprende demasiado. Si alguien se comporta como "héroe", parece lógico que después esperemos de él un comportamiento justo.
Pero hubo otro dato especialmente interesante: los bebés también esperaban que la víctima repartiera de manera justa. Esto contrasta con algunas tendencias adultas, porque los adultos a veces pueden caer en interpretaciones mucho más complejas, incluso injustas, como culpar parcialmente a la víctima o no verla necesariamente como alguien “bueno”. En cambio, los bebés parecían esperar de la víctima una conducta justa.
Los agresores eran vistos como menos justos
Cuando el personaje que había actuado como agresor repartía las fresas, los bebés esperaban un comportamiento menos equitativo. Es decir, anticipaban que favorecería a uno de los personajes y no repartiría de forma justa.
Esto sugiere algo importante: los bebés no solo recuerdan lo que ha pasado en una escena anterior, sino que usan esa información para imaginar cómo podría comportarse ese mismo personaje en otro contexto diferente.
Dicho de otro modo: desde muy pronto, los bebés parecen construir una especie de expectativa sobre el carácter moral de los demás.
¿Y qué pasa con quien mira y no hace nada?

Aquí está una de las partes más interesantes del estudio. Cuando el personaje había sido simplemente un observador, alguien que veía la agresión pero no intervenía, los bebés no parecían esperar claramente ni justicia ni injusticia. No lo colocaban en el mismo lugar que el héroe, pero tampoco en el mismo lugar que el agresor. Lo percibían como alguien moralmente ambiguo.
Y esto es muy potente, porque sugiere que incluso bebés de 12 meses pueden manejar una idea que muchos adultos seguimos debatiendo toda la vida: no intervenir ante una situación injusta no es exactamente lo mismo que hacer daño, pero tampoco es lo mismo que ayudar.
Las primeras experiencias sociales también importan
El estudio también analizó si factores como tener hermanos o acudir a la escuela infantil influían en esta capacidad. Por separado, estas variables no predijeron claramente la habilidad de los bebés para diferenciar el carácter moral de los personajes. Pero, tomadas en conjunto, sí parecían asociarse con una mayor capacidad para distinguir mejor esas inclinaciones morales.
Esto no significa que haya que llevar a un bebé a la escuela infantil para que desarrolle sentido moral, ni que tener hermanos sea imprescindible. Pero sí apunta a algo bastante coherente: las primeras interacciones sociales podrían contribuir a afinar la manera en que los bebés interpretan las conductas de los demás.
Qué nos dice esto sobre el desarrollo infantil
Este estudio no demuestra que los bebés tengan una moral adulta. No conviene exagerar. Un bebé de 12 meses no razona sobre el bien y el mal como lo haría un niño mayor, un adolescente o un adulto. Pero sí parece mostrar que el desarrollo moral infantil empieza muy pronto. Mucho antes de que puedan hablar de justicia, empatía o responsabilidad, los bebés ya observan quién ayuda, quién hace daño, quién sufre y quién mira sin actuar. Y, de alguna manera, empiezan a construir expectativas.

Esto nos recuerda algo importante: los bebés no son recipientes vacíos. No están esperando a “entender” el mundo cuando hablen. Ya están interpretando lo que ven. Ya están aprendiendo de nuestras acciones, de nuestras respuestas, de cómo tratamos a los demás y de cómo reaccionamos ante el dolor ajeno.
Bebés que observan, aprenden y sacan conclusiones
A veces decimos que los bebés "no se enteran". Pero se enteran. A su manera, con sus recursos, desde su inmadurez y con las limitaciones propias de su edad. Pero observan muchísimo.
Ven cómo hablamos. Cómo respondemos. Cómo cuidamos. Cómo tratamos a quien necesita ayuda. Cómo reaccionamos ante una injusticia. Cómo acompañamos a alguien que sufre. Cómo intervenimos cuando otro niño lo pasa mal.
Y todo eso también educa.
Porque la crianza no es solo lo que decimos. Es, sobre todo, lo que hacemos delante de ellos.
Este estudio no nos dice que los bebés nazcan con una moral cerrada e inmutable. Nos dice algo quizá más bonito y más complejo: que llegan al mundo preparados para mirar a los demás, interpretar conductas y empezar a entender algo tan profundamente humano como la diferencia entre ayudar, dañar, sufrir o mirar hacia otro lado.
Y eso, para quienes criamos y acompañamos a niños, es un recordatorio enorme: desde muy pronto, incluso antes de que puedan decirlo con palabras, los bebés ya están aprendiendo qué significa vivir con otros.

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