Los adolescentes de hoy duermen menos que nunca: un problema que preocupa a los expertos

La falta de sueño se relaciona con problemas de salud mental, rendimiento académico y bienestar físico.

Redacción CSC6 min de lectura
Los adolescentes de hoy duermen menos que nunca: un problema que preocupa a los expertos



Un estudio con más de 400.000 adolescentes muestra que los jóvenes actuales duermen menos que generaciones anteriores. La falta de sueño se relaciona con problemas de salud mental, rendimiento académico y bienestar físico.

Los adolescentes de hoy están durmiendo menos que cualquier generación anterior

Si tienes un adolescente en casa, probablemente te resulte familiar esta escena: se acuesta tarde, le cuesta levantarse, parece cansado durante el día. Y cuando llega el fin de semana intenta recuperar horas de sueño durmiendo hasta mucho más tarde.

Durante años muchos padres han pensado que esto era simplemente una característica normal de la adolescencia. Pero la realidad es más preocupante.

Una nueva investigación realizada por la Universidad de Minnesota concluye que los adolescentes actuales están durmiendo menos que cualquier generación anterior desde que existen registros comparables. Y las consecuencias van mucho más allá del cansancio.

El estudio analizó más de tres décadas de datos

Los investigadores utilizaron información procedente del estudio Monitoring the Future, una de las mayores investigaciones sobre adolescentes realizadas en Estados Unidos. Analizaron datos de más de 400.000 estudiantes de 8º, 10º y 12º curso recogidos entre 1991 y 2023.

A los participantes se les preguntó:

  • con qué frecuencia dormían al menos siete horas por noche;
  • y con qué frecuencia sentían que descansaban lo suficiente.

Los resultados muestran una tendencia clara y sostenida: el sueño ha ido disminuyendo generación tras generación.

Los niveles actuales son los más bajos registrados

Los autores encontraron que los adolescentes de hoy presentan los niveles de sueño más bajos observados en todo el periodo estudiado. La situación es especialmente preocupante en los mayores.

Entre los adolescentes de más edad, apenas un 22% afirmaba dormir al menos siete horas por noche de forma habitual.

Y esto resulta especialmente llamativo porque las recomendaciones actuales indican que los adolescentes deberían dormir entre 8 y 10 horas diarias para favorecer un desarrollo físico, emocional y cognitivo saludable.

Dormir poco no significa solo estar cansado

A veces se habla del sueño como si fuera un lujo. Como si dormir fuera algo deseable pero prescindible. Sin embargo, para el cerebro adolescente el sueño es una necesidad biológica fundamental. Mientras duermen se producen procesos esenciales relacionados con:

  • la memoria;
  • el aprendizaje;
  • la regulación emocional;
  • la atención;
  • la consolidación de conocimientos;
  • y la recuperación física.

Cuando el descanso es insuficiente, el impacto puede sentirse prácticamente en todos los ámbitos de la vida.

La salud mental también se resiente

Los investigadores recuerdan que la falta crónica de sueño se ha asociado repetidamente con problemas de salud mental. Los adolescentes que duermen poco presentan un mayor riesgo de:

  • ansiedad;
  • síntomas depresivos;
  • irritabilidad;
  • dificultades emocionales;
  • problemas de concentración;
  • y peor bienestar psicológico genera.

La relación funciona además en ambas direcciones:

  • Dormir poco puede empeorar la salud mental;
  • y los problemas emocionales pueden dificultar aún más el sueño.

El rendimiento académico también se ve afectado

Muchos adolescentes intentan compensar la falta de tiempo sacrificando horas de sueño para estudiar. Paradójicamente, esto puede acabar perjudicando el aprendizaje. Dormir menos se relaciona con:

  • peor capacidad de atención;
  • menor concentración;
  • más dificultades para memorizar;
  • y peores resultados académicos.

El cerebro necesita descansar para consolidar lo aprendido durante el día.

Los adolescentes mayores son los más afectados

El estudio encontró que la duración del sueño disminuye progresivamente a medida que avanza la adolescencia. Es decir, los adolescentes más mayores suelen dormir menos que los más jóvenes. Esto puede explicarse por múltiples factores:

  • aumento de la carga académica;
  • actividades extraescolares;
  • empleo ocasional;
  • mayor autonomía;
  • vida social más activa;
  • y un uso creciente de dispositivos electrónicos.

Las pantallas aparecen como una de las grandes sospechosas

El estudio no analizó directamente el uso de pantallas, pero los investigadores señalan que los adolescentes actuales se enfrentan a desafíos que generaciones anteriores no tenían. Entre ellos destacan:

  • teléfonos móviles siempre disponibles;
  • redes sociales activas las 24 horas;
  • plataformas de vídeo;
  • videojuegos online;
  • y notificaciones constantes.

Muchos adolescentes no solo retrasan la hora de acostarse por utilizar estos dispositivos. Además, la estimulación emocional y cognitiva asociada puede dificultar el inicio del sueño.

Las desigualdades también están aumentando

Otro hallazgo importante del estudio es que las diferencias entre grupos sociales parecen estar ampliándose. Los adolescentes negros, latinos y aquellos cuyos padres tienen menor nivel educativo presentan cada vez más probabilidades de dormir insuficientemente en comparación con otros grupos. Esto sugiere que el problema del sueño también tiene una dimensión social y económica.

El cerebro adolescente funciona de forma diferente

Existe otro factor que muchas veces se pasa por alto. Durante la adolescencia se produce un cambio natural en los ritmos biológicos. Muchos jóvenes experimentan una tendencia fisiológica a acostarse más tarde y despertarse también más tarde.

El problema aparece cuando esta realidad biológica choca con horarios escolares muy tempranos. Muchos adolescentes tienen que levantarse cuando su organismo todavía necesitaría seguir durmiendo.

Qué pueden hacer las familias

No existe una solución mágica. Pero sí hay medidas que pueden ayudar:

  • Mantener horarios relativamente estables. Intentar que las diferencias entre días lectivos y fines de semana no sean excesivas.
  • Limitar pantallas antes de dormir. Reducir el uso de móviles, redes sociales o videojuegos durante la última hora antes de acostarse puede favorecer el descanso.
  • Priorizar el sueño. Muchos adolescentes reciben el mensaje de que estudiar más, entrenar más o hacer más actividades siempre es mejor. Pero dormir también es una necesidad básica. Por eso, conviene recordar algo que a veces olvidamos: dormir no es tiempo perdido. Para el cerebro adolescente, dormir es una de las actividades más importantes del día.
  • Crear un entorno adecuado. Habitaciones oscuras, silenciosas y con una temperatura agradable suelen favorecer un mejor descanso.
  • Hablar sobre el tema. Muchos adolescentes desconocen el impacto real que tiene la falta de sueño sobre su bienestar físico y emocional.

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