Seguro que más de uno nos hemos hartado a escuchar la frase “
tienes que ser obediente” en nuestra infancia, y seguro que ahora la oímos referida a los niños como signo de buena educación: "Qué bien se porta, qué obediente". Sin embargo, ¿nos hemos parado a pensar sobre
las implicaciones de la obediencia?
Desde hace más de un año y hasta dentro de unos días, hay en Madrid una
exposición sobre Auschwitz que está removiendo conciencias y dejando impactados a todos sus visitantes. Y la gran pregunta siempre ha sido, ¿cómo fue posible? ¿Cómo pudo suceder algo así?
En 1961
Adolf Eichmann fue juzgado y sentenciado a muerte por
crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi (era el encargado del programa que deportó a los judíos hasta los campos de exterminio). Ese mismo año,
Stanley Milgram ideó una serie de experimentos, de los más conocidos de la
psicología social, para tratar de responder precisamente a esta pregunta: ¿los cómplices del Holocausto fueron capaces de cometer estas acciones atroces porque estaban
obedeciendo órdenes de superiores?
Los orígenes y motivaciones de la obediencia
Milgram quiso investigar sobre la
obediencia y sus resultados fueron realmente inesperados, porque a priori parece muy lógico buscar la obediencia de niños y niñas que aún están aprendiendo a vivir en sociedad, pero no tanto esperar la obediencia en
adultos a los que se les supone criterio propio, y más si las órdenes son terribles.
Aun hoy en día siguen sorprendiéndonos los resultados de sus estudios, y creo que como padres es interesantísimo conocerlos a la hora de enfocar esta idea en
nuestra crianza y educación.
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¿Quieres que tu/s hijo/s sean
obedientes o que desarrollen el
pensamiento crítico?
¿En qué consistió el experimento?
Milgram desarrolló su primer estudio en la Universidad de Yale, y era bastante sencillo: la idea era
descubrir cuánto dolor puede infligir un ciudadano corriente a otra persona simplemente por obedecer instrucciones.
Antes de llevarlo a cabo hizo una serie de estimaciones junto a su equipo, considerando que habría un límite muy claro impuesto por el
sentido común, pero ¿qué crees que pasó?
Búsqueda de voluntarios
La primera tarea de todas era
localizar voluntarios para el ensayo. Colocaron un cartel en una parada de autobús anunciando la posibilidad de participar en un
estudio de la memoria y el aprendizaje. Buscaban personas de entre 20 y 50 años de todo tipo de educación, a las que se les daría una pequeña compensación más dietas.
Al llegar los voluntarios, se les explicaba que el experimento consistía en representar a un
maestro que hace preguntas a un
alumno y tomar acciones en función de los resultados.
En caso de que el
alumno no respondiera correctamente, el
maestro le aplicaría pequeñas
descargas eléctricas (las cuales podrían ir subiendo de intensidad), a través de una máquina conectada a ambos. Algo similar a los experimentos sobre conductismo, basados en gratificaciones y castigos.

Estos fueron los roles de las tres personas:
- El investigador (V) de la universidad que era el que dirigía el estudio y daba las indicaciones a obedecer.
- El participante (L) al que se le adjudicó el papel de “maestro” que hacía preguntas para, supuestamente, investigar la memoria.
- El “alumno” (S) que tenía que responder a las preguntas y se encontraba en otra habitación separada por una pared contigua.
Pasos previos
Antes de comenzar se advertía de que a los “
alumnos” se les colocarían unos electrodos en su cuerpo con crema "
para evitar posibles quemaduras", que se les ataría para evitar “
movimientos excesivos” y que las descargas podrían llegar a ser “
extremadamente dolorosas” pero que no provocarían daños irreversibles. Todo el experimento sería grabado, para que fueran conscientes de que después no podrían negar lo ocurrido.
Entonces, se adjudicaban
“aleatoriamente” los roles de
maestro y
alumno a través de unos inocentes papeles, pero en ambos estaba escrita la palabra “
maestro” y se le daba a elegir primeramente al
voluntario. Así, todos los voluntarios resultaron ser maestros, y otro supuesto voluntario era el que debía hacer de “
alumno”, siendo en realidad un
cómplice del experimento.
El experimento Milgram
En una primera fase aplicaban una
pequeña descarga tanto al “
maestro” como al “
alumno” para que experimentasen en su cuerpo el voltaje, y posteriormente comenzaba la prueba.
Después, todos se colocaban en sus puestos y empezaba la ronda de preguntas. Una vez que llegase la primera respuesta fallida el
maestro aplicaría al
alumno una descarga de
15 voltios. Éstas irían aumentando intensidad de 15 en 15 hasta llegar a un rango posible de
450 voltios (lo cual a priori era completamente inimaginable).
El “
alumno”, cómplice del experimento, no sufría descargas reales, pero actuaba como si fueran verdad. Y lo interesante del experimento es que
el voluntario era el que tenía que accionar el botón para aplicar la descarga, en función de las respuestas del alumno y las
órdenes del investigador.
Imagen de la película “Experimenter: la historia de Stanley Milgram”
Resultados
Los resultados del experimento
fueron espeluznantes. Aunque los “
maestros” empezaban a dudar de su actuación al llegar a descargas de
75 voltios, continuaban siguiendo órdenes.
A los
135 algunos se detenían ante los gritos y golpes de los “
alumnos” sometidos a sus castigos; solo unos pocos llegaron a cuestionar el experimento, pero la escalofriante realidad fue que
el 60% de los participantes fueron capaces de llegar a aplicar los 450 voltios, aun temiendo por las consecuencias sufridas (al llegar a los 300 voltios los alumnos dejaban de responder como si hubieran entrado en un coma).
Las predicciones del equipo de Milgram habían estimado lo siguiente:
- Que la mayoría de los voluntarios abandonarían a los 150 V, cuando el supuesto alumno pedía que le dejaran irse.
- Que solo el 4% llegaría a los 300 V.
- Que solo un 0,1% (una de cada 1000 personas), podría llegar a aplicar la descarga máxima de 450 V.
- Que no habría obediencia ciega a las órdenes del investigador.
El desconcierto fue tan grande que
pensaron que algo había fallado, que quizá los participantes tenían una personalidad muy
agresiva y
competitiva. Repitieron el experimento en numerosas ocasiones, en diferentes países y con voluntarios de muy diferentes estratos sociales, y los resultados era incluso peores, llegando a tasas del
65% de participantes que llegaban a aplicar la descarga máxima.
Conclusiones
Estos resultados vinieron a cuestionar la posibilidad de que
Adolf Eichmann no fuera un monstruo sádico y que todas las deportaciones que ordenó las hizo porque
la férrea autoridad se impuso sobre cualquier planteamiento moral, tesis que defendió
Hannah Arendt en su “
Informe sobre la banalidad del mal” publicado en 1963.
"La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio". Stanley Milgram.
Y cerramos el artículo con la pregunta planteada inicialmente. Después de conocer estos experimentos:
¿Quieres que tu hijo sea obediente o que desarrolle el pensamiento crítico?
¡Os leemos en los comentarios!