La culpa: Esa pesada carga que persigue a tantas madres

Te enseñamos a lidiar con el sentimiento de culpa, una emoción inútil que persigue a las madres en los primeros años de crianza

Armando BastidaArmando Bastida3 min de lectura
La culpa: Esa pesada carga que persigue a tantas madres

La maternidad llega con una avalancha de emociones. Algunas conocidas. Otras completamente nuevas. Intensísimas. Es una etapa que puede hacerte sentir profundamente plena… y al mismo tiempo tremendamente vulnerable.

Y si uno escucha con atención a las madres, si pregunta en consulta o en cualquier conversación honesta, hay una emoción que aparece una y otra vez. La reina silenciosa. La culpa.

¿Por qué la culpa persigue tanto a las madres?

La culpa aparece por mil motivos distintos. Por no llegar a todo. Por escuchar demasiado el “¿y cuándo vas a volver a trabajar?”. Por no estar radiante a las dos semanas de parir. Por no seguir todos los consejos al pie de la letra. Por estar agotada. Por no sentir felicidad constante. Por necesitar espacio. Por no querer visitas. Y la lista podría seguir.

La maternidad, en nuestra sociedad, viene acompañada de expectativas altísimas. Se espera entrega total, paciencia infinita, sonrisa permanente y un cuerpo que se recupere en tiempo récord. Pero la realidad no funciona así.

La soledad alimenta la culpa

Criar es una de las tareas más complejas que existen. Y muchas veces se hace en soledad. Sin red. Sin tribu. Sin descanso real.

A esto se suma algo importante: todos criamos con nuestra propia historia encima. Con lo que recibimos. Con lo que no recibimos. Con nuestras heridas, nuestros miedos y nuestras inseguridades.

Y entonces aparece esa presión interna: hacerlo perfecto. No repetir errores. No fallar.

Pero la perfección no existe. Y cuando se persigue, lo que aparece es la culpa. Que se alimenta de la falta de apoyo. De la falta de contención emocional. De no tener a alguien que diga: “Lo estás haciendo lo mejor que puedes, y está bien.”

Porque las madres también necesitan que alguien las sostenga.

¿Qué hacer cuando la culpa aparece?

Lo primero es reconocerla. Llamarla por su nombre. La culpa no es señal de que se esté haciendo mal. No necesariamente. Muchas veces es señal de que se está intentando hacer demasiado bien.

Un cambio importante es sustituir la palabra culpa por responsabilidad. No soy culpable. Soy responsable. Responsable de actuar con el mayor cariño posible. Responsable de decidir según la información que tengo hoy.

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También ayuda aceptar algo básico: se cometerán errores. Todos los padres y madres los cometen. Y los hijos no necesitan perfección; necesitan adultos disponibles y reparadores.

Otro punto clave: no proyectar cada decisión hacia un supuesto desastre futuro. No todo tiene consecuencias catastróficas. La crianza no es una suma de microerrores que arruinan a un hijo. No lo vas a traumatizar por equivocarte hoy. Ni por el error que cometas mañana. Lo importante no es el error, es qué haces después, si tratas de repararlo o no.

Y, por supuesto, buscar ayuda cuando se necesita. Pedir apoyo no es fracaso. Es cuidado.

 Transformar la culpa

La maternidad —y la paternidad— no dejan intacto a nadie. Remueven, cuestionan, transforman.

Y la culpa puede convertirse en otra cosa: conciencia. Responsabilidad. Aprendizaje. Pero para eso es necesario dejar de criar desde la exigencia constante y empezar a criar desde la humanidad.

Porque ser buena madre no es hacerlo todo bien. Es estar presente. Es reparar cuando se falla. Es seguir aprendiendo.

Y eso, aunque a veces no lo parezca, es más que suficiente. Y, si necesitas ayuda, búscala sin prejuicios. Si quieres más información o necesitas asesoramiento profesional, en la Tribu CSC puedes consultar online a nuestro equipo de expertos/as en salud materno-infantil y crianza respetuosa.