El orden de nacimiento importa más de lo que solemos pensar. No solo en términos de carácter, responsabilidades o expectativas familiares, sino también en cómo los niños y niñas pasan su tiempo… y, en concreto, en cuánto tiempo pasan frente a las pantallas.
Un estudio reciente aporta un dato que debería hacernos reflexionar como familias: los hermanos pequeños pasan más tiempo frente a pantallas y menos tiempo en actividades que estimulan su desarrollo intelectual que sus hermanos mayores.
Y no, no tiene que ver con que “antes educábamos mejor” o con que los padres y madres se relajen sin más. La realidad es bastante más compleja.
Qué ha analizado este estudio
La investigación se ha realizado con datos de más de 5.500 niños y niñas de entre 2 y 15 años en Australia, dentro del Longitudinal Study of Australian Children, un estudio representativo a nivel nacional.

Las familias registraron diarios detallados de 24 horas, anotando qué hacían sus hijos desde que se levantaban hasta que se acostaban, y si esas actividades las realizaban solos o acompañados por adultos.
Las actividades se agruparon en cinco grandes bloques:
- Sueño
- Tiempo escolar
- Actividad física
- Tiempo de pantalla
- Actividades de enriquecimiento
Estas últimas incluyen leer, hacer deberes, tocar un instrumento, jugar a juegos de mesa o cualquier actividad que estimule el desarrollo cognitivo fuera del aula.
Más pantallas y menos actividades enriquecedoras
Los resultados del estudio son claros:
- Los segundos hijos pasan unos 9 minutos más al día frente a pantallas que los primogénitos.
- Los terceros hijos, hasta 14 minutos más diarios.
- Puede parecer poco, pero supone un incremento del 7–10 %. A lo largo de una semana, hablamos de entre una y una hora y media más de pantallas.
- ¿De dónde sale ese tiempo extra? Principalmente de aquí: entre 11 y 18 minutos menos al día en actividades de enriquecimiento, lo que supone una reducción de hasta el 20 % respecto a los hermanos mayores.
No se encontraron diferencias relevantes en sueño, actividad física o tiempo escolar. El cambio está, sobre todo, en cómo se ocupa el tiempo libre. En vez de hacerlo de una manera estimulante, acaban absortos en la pantalla más tiempo que sus hermanos mayores.

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El estudio muestra, además, que estas diferencias son más marcadas entre los 10 y los 14 años, una etapa especialmente sensible desde el punto de vista emocional, cognitivo y social.
¿Por qué ocurre esto?
Durante años se ha explicado el “efecto del orden de nacimiento” por una razón sencilla: a más hijos, menos tiempo adulto disponible. Eso es parte de la explicación… pero no toda.
Este estudio muestra algo interesante: la mitad de la diferencia se debe a que los hermanos pequeños pasan más tiempo solos frente a pantallas, no tanto a que los padres estén más ausentes.
Es decir, no es solo falta de acompañamiento, sino más libertad, menos límites y más acceso temprano a pantallas. Lo típico que se dice de que "el mayor abre puertas, y los pequeños solo tienen que cruzarlas".
Además, los datos indican que:
- Los hermanos pequeños suelen tener normas más laxas sobre uso de pantallas.
- Perciben menos expectativas parentales claras.
- Muchas veces se busca “igualdad” entre hermanos (si el mayor puede, el pequeño también), aunque no tengan la misma edad ni el mismo momento evolutivo.
Por qué esto importa (y mucho)
Sabemos por investigaciones previas que más tiempo de pantalla y menos actividades de enriquecimiento se asocian a peores resultados académicos a largo plazo.

De hecho, los propios autores señalan que estas diferencias se traducen en brechas en habilidades lectoras y matemáticas a lo largo de la infancia.
Además, el aumento del uso de pantallas en solitario es especialmente preocupante, porque incrementa la exposición a contenidos inapropiados y reduce oportunidades de interacción, juego compartido y aprendizaje significativo.
Qué podemos hacer como familias
Este estudio no pretende culpabilizar a nadie. Al contrario: nos da información valiosa para ajustar la crianza.
Pues venga, con esta información valiosa, vamos con algunas claves prácticas:
- Revisar los límites de pantallas específicamente para los hermanos pequeños, no por comparación con los mayores, sino por su etapa evolutiva.
- Promover actividades de enriquecimiento también cuando “no hay tiempo”: leer juntos, juegos de mesa, conversaciones, música.
- Acompañar más el tiempo libre, y no solo controlar el tiempo de pantalla.
- Mantener normas claras y coherentes, aunque el cansancio apriete.

Y, por supuesto, recordar que las políticas públicas también importan. Medidas como la limitación del acceso a redes sociales antes de los 16 años pueden ayudar a reducir desigualdades que empiezan, muchas veces, dentro de casa sin que seamos conscientes.
Un mensaje final
No se trata de criar hijos “mejores” o “peores” según el orden de nacimiento. Se trata de entender que los hermanos pequeños parten de un contexto diferente… y que necesitan, quizá, un poco más de presencia consciente para no quedar diluidos entre pantallas, rutinas y prisas.
Porque criar con sentido común también es mirar los datos, entenderlos y ajustar el rumbo.
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