Tendrían que haberme avisado (por Margarita Gutiérrez)
Vuelvo a ser la mujer que podía con todo.
Criar con Sentido Común5 min de lectura

Desde que soy madre me siento la persona más afortunada de este mundo.
No puede ser más maravilloso cada instante que vivo a su lado y tengo claro que si pudiera, mi vida la emplearía en tener hijos, cuidarlos, educarlos y verles crecer enamorada de la vida... Bueno, y si sumamos el viajar por el mundo con ellos ya sería redondo, aunque estos últimos deseos quedan algo lejos de la realidad económica en la que me veo sumergida.
Estoy 5 días de 7 sola con ella, viviendo en otro pueblo, 15 horas semanales de trabajo gracias a la reducción y el resto con mi niña, nada me pesa. Soy plenamente feliz, disfruto cada instante y soy consciente de que hasta lo duro hay que saborearlo y verlo desde otra perspectiva porque pasará y hasta ello lo echaré de menos.
Disfruto de la teta, del colecho y tengo una niña que nunca quiso hamaca, carro, ni estar sola. Siempre con mami, en brazos y yo feliz como una perdiz. Leí sobre todo ello aunque no pensé que me saliera una niña tan de libro (jajaja).
Ahora bien, lo que nunca me contaron, lo que nunca olvidaré, lo peor de este camino: la gente (no toda, claro está, pero la justa para subir muchos parámetros, poco saludables, en mi cuerpo).
Los familiares y amigos por la confianza y los extraños por eso mismo, porque son extraños y no pierden nada abriendo la boca.
Puedo decir que ha sido durísimo, que me han hecho llorar, que me he peleado contra viento y marea y que a día de hoy he tenido que alejarme de lo tóxico para conservar la salud.
Cuando mi niña nació todo lo que antes había aguantado dejó de caber en mi paciencia y comenzaron las batallas. Yo pedía respeto y como madre que protege a su cría montaba en cólera por la poca cabeza de la gente. Mi niña tenía horas y hubo personas que vinieron enfermas al hospital a verla. ¿En serio? ¿Eso podía pasar? ¿A mí? No daba crédito, ¿cómo puede ser? Ahí ya supe que iba a tener un duro camino y no me equivoqué.
Empezaron a lloverme consejos que no pedía y no solo eso, se me intentaban imponer. Yo sentía que se saltaban mi papel de madre y es que si te digo que te quites de un sitio con ella porque hace corriente, ¿por qué sigues? Parece una tontería si ocurre una vez y es algo puntual pero a diario siempre algo, semana tras semana, con todo lo que conlleva un comienzo de madre primeriza... Cuesta.
Miles de veces salvaba a mi hija de los brazos en los que no quería estar. "Si llora no quiere estar contigo, no tienes que entretenerla ni llevártela o apartarla de mí, no quiere, devuélvela a donde estaba, a mis brazos". Tenía y tengo muy claro que mi hija no iba ni va a llorar sin necesidad. No he tenido un bebé para cubrir las carencias de nadie.
Bueno, eso de llevársela para que no vea a mamá es algo que aún hoy por hoy me sigue molestando muchísimo; lo que ocurre que ya no guardo silencio y reparto a diestro y siniestro.
La batalla de la teta ha sido otro tema complicado donde todo el mundo tiene que hablar. Menos mal que durante el embarazo me preparé bien mentalmente y todo ha ido de lujo (estoy segura de que haber hecho caso hubiera sido el fin) pero aún recuerdo a personas que soltaban la coletilla de "Bueno, le darás pecho si puedes". A ellas le dedico mi lactancia durante 13 meses y medio y los que quedan.
El chupete, déjala que llore, dale manzanilla, está enviciada con la teta, la niña debe dormir en su cuna no en brazos que eso no es bueno, no la cojas tanto y bueno, ya luego con la Alimentación Complementaria y el Baby-led Weaning... Eso no es comer, la niña así no come, la niña así se queda con hambre... Esto último pasó bastante poco porque opté por comenzar en casa sin público "opinólogo experto" y bueno, tengo que decir que otro triunfo por parte de ella.
A veces tenía la sensación de vivir peleada con el mundo porque siempre tenía que andar a la defensiva para frenar ciertas cosas y aun así muchas que aguanté por evitar. Por evitar malas caras o enfrentamientos pero, ¿a costa de quién? ¿De mi hija? No, jamás volveré a aguantar por los demás porque la primera es ella y si el mundo en su adultez no respeta, es su problema.
Si yo entrara en una casa y viera a alguien llorando correría a ayudarla, a calmarla... ¿Por qué debo dejar a mi hija llorar? ¿Y por qué yo la tengo que dejar llorar y tú llegas y lo que quieres es arrebatarla de mis brazos? O sea, yo que soy la madre, que me he llevado 9 meses con los botes de antiestrías no la cojo, y tú venga brazos... Y sí, digo arrebatarla porque mi niña nació y desde los primeros días supo que solo quería estar conmigo. Otra batalla.
Cuando yo más necesitaba, psicológicamente, por los comienzos como primeriza que era, más difícil me lo ponían.
De todo esto mi familia se lleva la peor parte, por la confianza con ellos, no callaba, al contrario, por esta "pelea interior hormonal" pagaba con ellos todo lo que en principio callaba con los demás. Gracias a que me quieren, a que les duelo, a que me sienten y a que estuvieron ahí para calmar mis lágrimas, gracias. Ojalá fueran eternos.
Puedo decir para concluir que tuve y tengo la capacidad de dejar todo esto al lado con mi niña. Con ella son todos momentos felices. Era un cambio de chip radical porque todo era perfecto y nada ni nadie me iba a enturbiar ni tan solo un segundo.
Cuando la miro, como ahora, dormida en mi regazo, aferrada a su teta, siento algo tan grande que no puedo explicar. He tenido que ser muy buena en esta vida para tener tal recompensa. Me encanta sentir que somos la primera la una para la otra y todo lo demás, lo malo, forma parte de la vida misma, solo me queda aprender de ello para que no vuelva a pasar y si pasa, saber que si quiero, nada puede influirme.
Vuelvo a ser la mujer que podía con todo y con ella, mi hija, me siento más fuerte que nunca.