Seguro que en más de una ocasión te ha pasado: tienes a tu peque en brazos y en un arrebato de felicidad te han dado ganas de
achuchar al bebé o darle un mordisco en sus papitos, o en su barrigota prominente (o en el culo), o
lo has abrazado un poco más fuerte de lo que parecería aconsejable.
Muchas mamás de la
Tribu CSC nos cuentan que les pasa. Seguro que alguna vez te ha pasado a ti también. Y quizás luego te has preguntado por qué
has estado a punto de pegarle un bocado, o quizás no te lo has preguntado pero te llama la atención dicho comportamiento. Pues bien, quizás te guste saber que
hay una explicación científica a esta manera de actuar.
La "agresión tierna": Achuchar al bebé es la expresión de una emoción
Por un lado,
según indican científicos de la Universidad de Yale, las ganas de comérnoslos a bocados, o de abrazarlos fuerte, son
respuestas emocionales a la ternura que nos provocan los bebés. Respuestas extrañas, porque parecen contrarias a lo que debería suceder, pero normales.
Según comentan, son
reacciones que podrían asemejarse a cuando gritamos de felicidad (cuando normalmente uno grita por otras razones más negativas), lloramos también de alegría (siendo lo habitual llorar de pena o dolor), o incluso cuando reímos en un momento en el que deberíamos estar llorando (risa de desesperación, que a menudo precede al llanto).

Es lo que se llama
una "agresión tierna", y según
Oriana Aragón, investigadora principal del estudio:
Regulamos nuestras emociones de muchas maneras: a veces intentamos pensar dos veces en la situación y entender qué estamos sintiendo; a veces tratamos de no dejarnos llevar ni un poco por las emociones, e incluso llegamos a evitar cualquier tipo de situaciones emocionales. Pero sucede que a veces expresamos nuestros sentimientos de formas inesperadas, que a simple vista mostrarían todo lo contrario a lo que sentimos, y eso, aparentemente nos ayuda a guardar el balance emocional interior.
Es decir, actuamos así
para no "morir de ternura", en una explosión de felicidad y de amor que nos llena de energía y que nos incita a utilizarla con la persona que nos provoca ese sentimiento.
El olor de los bebés tiene mucho que ver
Pero eso no es todo. Está
demostrado que
el olor, los gorjeos y las señales de comunicación temprana (cuando nos miran y parecen admirarnos más que a nada en el mundo) hacen reaccionar a nuestro cerebro creando un mejor vínculo, y en el caso del olor, estimulando
las mismas zonas que se activan cuando estamos ante una comida muy apetecible.
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Quizás por eso, ante nuestro precioso bebé, con
su olorcito particular, nos den
ganas de llegar a comérnoslos. Porque
nuestro cerebro nos está diciendo que son maravillosos.