(IM)PACIENTE (por Sara B.)

O cuando los profesionales de la salud olvidan que tratan con personas...

Criar con Sentido Común8 min de lectura
(IM)PACIENTE (por Sara B.)
Cuando hay un terremoto, un atentado o un accidente de tráfico, casi con las ambulancias llegan los psicólogos. ¿Dónde estaba mi psicólogo cuando en Urgencias averigüé que había perdido a mi bebé? “Eran solamente unas células”, han llegado a decirnos ciertos allegados. Perdona, era el producto de la unión de un espermatozoide de mi pareja con un óvulo mío ergo, para cualquiera con corazón que tenga eso en su tripa, “era” un bebé. Te pongas como te pongas. Nos habían confirmado el embarazo unos días antes, pero no se veía nada en la ecografía vaginal. “Será muy pequeño”. “Mancho un poco”. “Si manchas más te vas a Urgencias”. Punto. No más información. Horas después manché más, y sangré. En Urgencias el mismo diagnóstico: “No se ve nada, vuelve en dos días.” Esta vez no era un condicional, era una orden. Lunes, 4 p.m. Urgencias. Manchando y con un ligero dolor. Una hora en la sala de espera. Me piden que haga pis y hacen un test de embarazo. “Ha dado positivo débil, te sacamos sangre”. Ahora me pregunto qué hubiera pasado si hubiera dado negativo. ¿No me hubieran hecho la analítica y hubiera sufrido una complicación grave? “Salte a la sala de espera”. Era la primera vez que entraría y saldría de boxes esa tarde. A la sala de espera. Me llaman. Me sacan sangre y nada más. “Vuelve en una hora, que ya estarán los resultados”. Una hora, dos horas, tres horas. Tres horas y media. Le pido a una celadora que por favor pregunte qué pasa conmigo. “Justo te iban a llamar”, me dice a las 20.45. Me llaman. ¿Se habían olvidado de mí? “Desnúdate y súbete a la camilla. Deja tus cosas en la silla. El móvil también. Súbete, abre las piernas, bien abiertas”. Aparece una mujer. Deja lo que supongo que es el resultado de mi analítica sobre la poyata, justo a la altura de mis ojos. ¿Sería a propósito para no tener que hacer el esfuerzo emocional de decirme con palabras que la hormona del embarazo ha bajado y que he perdido el “bebé”? Ya lo han hecho mal. Ya da igual lo que venga después. Ya he averiguado que lo he perdido y nadie ha tenido el detalle de darme la noticia de una forma humana y médicamente comprensible. Una cifra en un papel y mis ojos sobre la cifra. “Soy la ginecóloga”. Le faltó decir: “Y ahora, con este pene gigante, te voy a violar el alma mientras lloras en silencio y casi con miedo”  (porque se supone que aún no lo sabes). Primera ecografía vaginal de la tarde. “No lo tengo claro”. ¿Qué es lo que no tienes claro, maja? “Espérate aquí, que viene otro médico”. Veinte minutos estuve sola, a oscuras, abierta de piernas, sin móvil, llorando hasta que viene una enfermera y me dice: —Van a tardar, vete a la sala de espera. —¿No puede pasar mi pareja? —No. Aquí solamente dejamos entrar a la pareja cuando hay un feto cruz. —¿Qué es un feto cruz? —Mejor no te lo cuento. Salte. Hasta para perder un hijo hay estamentos… Así, tal cual, te sueltan en una sala de espera llena de parejas y familiares impacientes, y tienes que explicarle a tu pareja, a quien nadie le ha dado ninguna información, con una persona sentada a 5 cm de distancia, que sabes que habéis perdido el embarazo pero que no te dejan irte y no sabes por qué. ¿Me harán un legrado? ¿QUÉ ******* PASA? Tiempo después, me vuelven a llamar. Sin pareja. “Desvístete y súbete a la camilla”. Esta vez para quitarme el móvil tendrían que haberme amputado la mano. Misma cantinela. “No lo tengo claro”. Entra otra ginecóloga. Ya son tres personas mirando mi ecografía. “No lo sé”. Hablan bajito entre ellas pero ninguna me da información. Oigo palabras. “Ovario, líquido libre, coágulos.”. “Salte y ahora te llamamos”. Cuatro ecografías me hicieron esa tarde, con sus correspondientes “sal, entra, desvístete, súbete, abre las piernas, no lo tengo claro…”. En la cuarta ya estaba un adjunto de planta. “Te vamos a ingresar” fueron las primeras palabras que me dirigió. La conversación siguió así: —¿Perdona? —Que te vamos a ingresar. —¿Por qué? —Tienes un embarazo ectópico en la trompa derecha. Parece que lo estás abortando; pero a lo mejor te operamos. No he cambiado sus palabras ni el tiempo verbal. Sé que dijo eso porque en ese momento pensé: si te crees tú que me vas a operar porque te salga a ti de los ******* la llevas clara. A mí me das una explicación ahora mismo. Para no arrancarle la cabeza de un mordisco, pregunté educadamente: —¿Por qué? —Porque puede reventar la trompa y provocarte daños severos. —Vale (¿por qué no empiezas explicándome eso?), ¿en qué consiste la operación? —Es por laparoscopia. Silencio. ¿No piensa explicarme nada más? Insisto: —¿En qué consiste la operación? —Te limpiamos todo. Silencio. ¿Hola? ¿Qué es exactamente lo que me vas a limpiar? Insisto: —¿Qué significa eso? —Que te sacamos lo que esté mal y drenamos la sangre y el líquido. —¿Y la trompa? —La trompa la pierdes. Todavía me pregunto si hubiera considerado su obligación darme esa información si yo no le hubiera preguntado. Dejé de hacer preguntas. Sólo quería perderlo de vista y no verlo nunca más. Como nadie consideraba necesario informar a mi pareja, le pido a una enfermera que por favor salga a informar. En ese momento no lo supe, pero salió preguntando a grito pelado por mis familiares sólo para decirle que me estaban explorando. Tuvimos un embarazo ectópico con aborto tubárico ese día, pero bien podríamos haber tenido también un infarto. Once y media de la noche. Por fin en planta. Mi padre y su pareja relevan a mi chico para que vaya a casa a por algunas cosas y vuelva a dormir conmigo. Entretanto, suben a otra chica a la habitación. La habían operado por laparoscopia (anda, qué casualidad) y tenía unos dolores tremendos por los gases. Lloraba y gemía de dolor. La maravilla de las habitaciones compartidas. Por fin llegó mi chico y yo solamente quería apagar la luz, abrazarme a él, llorar y dormir. En teoría yo en la cama y él en el engendro que llaman sillón pero que en realidad es una silla reclinable medio mullidita. Conseguí que se viniera conmigo a la cama. Al menos estaríamos juntos. Por la mañana una enfermera igual de humana que los médicos de Urgencias: “Las camas son para los pacientes. Esto no es un hotel, es un hospital.” Mi chico se pasó de la cama al sillón. Yo apreté fuerte los ojos y me mordí la lengua, porque si tengo que enfrentarme a la enfermera no respondo de mi reacción. ¿DE VERDAD TE PIENSAS QUE ME HE CONFUNDIDO Y CREO QUE ESTO ES UN HOTEL? SI NO TE IMPORTA, DEJA QUE LLOREMOS TRANQUILOS LA ********** QUE NOS ACABA DE CAER EN LA CABEZA Y VETE A ***********. Al rato, ecografía. Le comento a la ecografista que tengo muchos picores, probablemente por las ecografías del día anterior. Igual tengo un poco de sensibilidad al latex. “Vale. Uso otra funda”. Ese día la ecografía vaginal se me hizo con un guante de nitrilo a modo de funda. Sobra decir que el guante salió de una caja de cartón y que no estaba estéril. Respuesta de médico: “El pene de tu novio tiene muchas más bacterias que esto, y tu vagina también”. ¿PERDOOOOOONAAAAAA? Por supuesto, pero son SUS Y MIS bacterias; no las bacterias de un hospital, que vete tú a saber. Tedio absoluto de hospital. Más amabilidades del personal. Atención médica correcta y acertada. Trato pobre, muy pobre. A la mañana siguiente: analítica. “Ha bajado la hormona. Te vas a casa. Parece que todo va bien, pero tienes que estar acompañada 24 horas por si tienes una hemorragia. Dentro de una semana, revisión. De baja hasta entonces. Y quizás un mes en casa.” Y así, asumiendo que tengo un sistema de apoyo 24 horas (¿Es que en mi familia nadie trabaja? Si así es como debo estar, ¿no sería mejor que me quedara en el hospital?), sin ninguna información sobre los motivos por los que te ha pasado lo que te ha pasado, sin ninguna información sobre cómo ha podido afectar esto a tu fertilidad, sin ninguna información sobre cómo tienes que afrontar el futuro (¿puedo tener más hijos, cuánto tiempo debemos esperar, nos va a costar, qué opciones hay para nosotros…?), sin ninguna consideración acerca de cómo te ha podido afectar esto emocionalmente… te mandan a casa. Hasta aquí el hospital. Al día siguiente en mi médico de cabecera: “He tenido un aborto tubárico, pero me he librado de la operación.”. “Cuánto lo siento. Tómatelo con tranquilidad. Pasad el duelo tranquilos. Mimaos mucho”. Gracias, Ana. Algunos podrían aprender tanto de ti… cuatro frases bastaban. Creo que me hubiera conformado con una. Ahora una semana en casa hasta la revisión, cuando esperamos que nos den algo más de información. Pero todavía, mientras yo estoy de baja y en cambio mi chico ha tenido que ir a trabajar todos los días, me sigo preguntando: ¿Dónde está nuestro psicólogo para este terremoto que ha sacudido todo, desde la trompa al alma? Y si no hay psicólogo, ¿se ha llevado consigo la humanidad?   Sara B. es una de las mamás que forman parte de la tribu de la comunidad “Criar con Sentido Común”. Hace unos días nos contó su historia en el Grupo de Apoyo, en La Tribu, y ahora la cuenta en público para que hagamos una reflexión acerca de sus vivencias en un momento tan delicado.