El otro progenitor (O progenitora)

¡Qué buen equipo hacéis!

Victoria Quince3 min de lectura
El otro progenitor (O progenitora)
Que no da la toma de pecho, o de biberón, pero coloca las almohadas, y los cojines del sofá, y el colchón y las sábanas si es necesario, para facilitar la toma, o las tomas, y te hace la comida, la cena, el desayuno, y el segundo desayuno, si hace falta.
El relevo, la otra mitad del equipo, los otros brazos que duermen y acunan sin nada más que paciencia y cariño. Esa persona que es apoyo psicológico y físico, que se levanta a las 6 de la mañana, entretiene a un bebé muy despierto y se lo lleva a otra habitación y se queda con él para que puedas descansar una hora, o dos, o tres -y si fuesen diez, tampoco te diría nada-. Esa persona que sujeta minutos largos un bebé muy bebé, hasta con los brazos dormidos para que puedas ducharte, salir, hablar con otros adultos, sentirte persona. Quien te recordó que tenías que respirar profundo cuando sentías que el dolor de la llegada de una nueva vida te partía en dos, que fue faro y guía en la oscuridad de las contracciones, que miraba con impotencia siendo un mero espectador del momento más importante de su vida, dejando en tus manos su destino.
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  Quien salió del hospital con los ojos llenos de ilusión pero también con miedo, con mil preguntas, con cien mil dudas. Que tolera las correcciones constantes, que es la disposición a mejorar personificada. Que te recuerda que cojas aire y te hincha los pulmones si hay que hacerlo, que te obliga a descansar incluso cuando tú no quieres porque la culpabilidad acecha. El otro integrante del equipo, tu cómplice. El que es la paciencia que se te acaba cuando no puedes más, los ojos abiertos cuando los tuyos ya no soportan estarlo, la compañía y la conversación de las noches interminables en vela, el que te prepara el baño caliente, que te trae la manta, el cojín y el libro que no sabes ni dónde dejaste. El que nadie ve pero que está ahí, siempre, incondicionalmente. La persona con la que compartías tu vida y que vas a echar de menos, por lo menos, los próximos diez años. Que no te juzga, no cuestiona, que te apoya, te empuja a intentarlo otra vez, te ayuda a no desesperar. Que es el oxígeno que te falta al final del día, la energía de las horas de sueño perdidas. Que te dice lo guapa que estás con esas ojeras que rozan el suelo. Esa persona que no estuvo embarazada, pero que desde el final de esos 9 meses es una extremidad más de tu cuerpo y lo que haga falta ser, que te mira desde la otra punta de la desordenada y desastrosa habitación y sonríe sabiendo que estáis de mierda hasta el cuello, pero qué buen equipo hacéis, joder.