Desafío al tiempo
Si quieres estar en sus recuerdos del futuro, debes estar en sus vivencias del presente
Victoria Quince3 min de lectura

A ser ma(pa)dre no se llega con manual de instrucciones, pero las criaturas a veces nos ponen facilidades cuando menos lo esperamos.
La carcajada que llega cuando estás al límite de tu paciencia, el abrazo inesperado que le nace antes del baño, el dibujo trazado con toda la ilusión del mundo, la canción que tararea cuando estás a punto de gritar, la sonrisa orejera que aparece en su cara a la hora de las cosquillas, del pilla-pilla, del escondite, la noche que dormís del tirón después de cinco sin dormir, el despertar con un beso baboso, las conversaciones trascendentales sobre el universo; papá qué son las estrellas, mamá de dónde vienen las nubes. El salón que se convierte en un fuerte con defensas activas, el pasillo oscuro con un monstruo oculto, el suelo convertido en lava; si caes mueres, sí, pero de amor.
Nos perdemos en horarios y rutinas que nos roban momentos que no volverán. Nadie nos devolverá la vida perdida en instantes inútiles. Las prisas por llegar tarde, los besos atropellados por el 'no llego, no llego, no llego', la carrera diaria a contrarreloj parece una lucha infinita contra nosotros mismos; a veces nos volvemos autómatas incapaces de disfrutar lo que nos está pasando. Y es que lo que nos está pasando, no es precisamente poco. Nos está pasando la vida. La vida y las ganas.
La eterna espera a las vacaciones, al siguiente puente, a la próxima escapada, al próximo respiro. Igual la clave está en aprender a disfrutar un martes por la tarde sin esperar grandes hazañas. A veces nos resulta imposible salir a respirar en medio del caos diario a darnos cuenta de lo excepcional que estamos haciendo. Y parece fácil decirlo, pero nadie comprende el vértigo del paso del tiempo mejor que nosotros, que vemos cómo lo insignificante nos roba pequeños instantes de lo más valioso de nuestras vidas.