Dicen las estadísticas que el 80% de las parejas jóvenes logran un embarazo durante el primer año de la búsqueda del bebé pero, ¿qué ocurre con ese 20% restante de las estadísticas? ¿Cómo gestiona la pareja todo este proceso? La búsqueda de un bebé siempre entraña una red de emociones y sentimientos de la pareja y de su entorno.
Buscando el positivo
Al iniciar la búsqueda, estás en una nube de ilusión, de amor y de entusiasmo que en la mayoría de los casos culmina en un embarazo muy deseado, pero cuando este no llega comienzan a aflorar otras sensaciones desconocidas.
El negativo
La primera vez que el test te da negativo sufres una desilusión porque habías depositado tus esperanzas en ese positivo o esas dos rayas que te cambiarán la vida, pero no es así y aún no tienes ni la menor idea de que te queda un larguísimo y duro camino por recorrer.
¿Por que no me quedo embarazada?
Al pasar los meses y obtener los negativos, empieza la preocupación:
¿Por qué no me quedo embarazada? ¿Tendré algún problema? Y entonces empiezas a darle vueltas a la cabeza y cada negativo es una desilusión cada vez más fuerte; y llega un día que te planteas ir a ver qué problema tenéis y quién puede solucionarlo.
De médico en médico y tiro porque me toca...
Empiezas la ronda de médicos, primero el médico de cabecera, después el ginecólogo, te envían a hacer pruebas, vuelves al ginecólogo y te involucras en conversaciones absurdas como la siguiente:
- Yo: (Contando toda mi historia) Quiero quedarme embarazada, llevo mucho tiempo y no me quedo, además no me baja la menstruación.
- Ginecólogo: Pues si quieres que te baje la menstruación tienes que tomarte anticonceptivas.
- Yo: Ya... pero es que quiero quedarme embarazada.
- Ginecólogo: Entonces no te tomes nada.
- Yo: Pero... si no tengo la regla regular es complicado que me quede embarazada
- Ginecólogo: No se puede tener todo en la vida.
Empiezas a desconfiar de que puedan ayudarte con tu problema... Más adelante escuchas frases como "sobrepeso y falta de regla, ovarios poliquísticos de manual", donde por supuesto te dicen todo esto sin mirarte ni a la cara ni las pruebas que llevas en la mano. En esta etapa
la incomprensión por parte de los profesionales que se supone que tienen que ayudarte es tu compañera de camino.
Y pruebas y más pruebas
Y empiezan a hacer pruebas, empiezas a sentirte un poco conejillo de indias, algunas son simples análisis, otras más invasivas te hacen estar un par de días en cama con dolores y te sientes muy perdida.
Departamento de fertilidad de la pública
Llega el momento en que vas a fertilidad, de nuevo con ilusiones y esperanzas y entonces te dicen que
no estas dentro del programa porque tienes sobrepeso y que solo pueden aceptar hacer tratamiento a las mujeres que entran dentro de su canon. Te sientes hundida y sin fuerzas de continuar.
Y nos vamos al privado
Y cuando estás 100% seguro de que la seguridad social no va a ayudarte pruebas a irte al privado, donde en un primer momento empiezas con un tratamiento de inseminación artificial que es muy caro, muy duro emocionalmente y complicado hormonalmente. Te dicen que tienes que inyectarte tu sola en tu casa cada día las hormonas y después ir a las ecos, llegas a casa nerviosa y vas a la tarea y llega el día de la ecografía donde te dicen que algo no va bien y que no puedes completar el ciclo, te dan un diagnóstico que en ningún momento te habían dado, te devuelven parte del dinero y entonces te sientes estafada. ¿Por qué no me dieron ese diagnóstico al principio si lo tenían claro? ¿Por qué te devuelven el dinero si en España no te devuelven nada así por las buenas? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?...
Probando alternativas: la medicina homeopática
Desesperada, pruebas cualquier alternativa que te ofrecen, entre ellas la medicina homeopática. No sé si hay gente a quien le funciona, pero en nuestro caso fueron unos 2500€ y tomar más de 12 pastillas al día durante 6 meses y ni rastro de la menstruación ni por supuesto de la barriguita. Empiezas a sentir agotamiento emocional y físico.
Y se queda embarazado hasta tu abuelo
Suena cómico pero es así,
se quedan embarazadas todas tus amigas en un tiempo récord, a la primera y sin problemas y cada vez que te lo dicen te hundes, lloras, pataleas y piensas que es injusto. ¿Por qué ellas y no yo?
¿Por qué no puedo tener yo mi bebe? Y vuelves a llorar y patalear, te sientes triste, hundida, perdida y dolida con la vida.
Y la gente preguntando
Todo el mundo pregunta ¿para cuando el niño? Y no lo hacen de mala fe pero te duele. La gente que realmente te quiere prefiere ni mencionarlo para no dañarte y respetar cuando tu quieras hablar pero otra gente pregunta y pregunta y pregunta, y con cada pregunta una astilla en el pecho y más dolor...
Una luz
De repente te encuentras a alguien que tu alumbra con su luz, en nuestro caso una ginecóloga-matrona. Fuimos a la consulta con esperanza y recelo, le expliqué todo, le di todos los informes, me escuchó pacientemente, se leyó todo lo que le di, nos explicó cada uno de los informes con paciencia, nos hizo una ecografía para descartar los ovarios poliquísticos, nos escuchó... por primera vez alguien nos escuchó. Salimos de la consulta emocionados, con ganas de llorar y con un atisbo de ilusión y esperanza. Nos hizo alguna prueba más durante unos meses y de nuevo un golpe muy duro cuando en una ecografía vimos que ni siquiera había ovulado y es que sin óvulos no hay
embarazo...
La fecundación in vitro
Nuestra luz nos recomendó dejar de perder el tiempo en tratamientos que no iban a ayudarnos e intentar una fecundación in vitro. Tocados emocionalmente decidimos hacerle caso, fuimos a la clínica de fertilidad donde me recomendaron perder peso y lo hice, perdí 17 kilos en unos meses a base de mucho esfuerzo y, por fin, llegó el momento de iniciar el tratamiento. De nuevo, nervios, hormonas, esta vez me pincharon en la clínica para disminuir el estrés que tenía y los fines de semana la madre de una amiga que es enfermera nos ayudó. De nuevo nervios, de nuevo hormonas, de nuevo problemas... porque no salía todo lo bien que queríamos, porque necesitamos el triple de medicación de la normal y el doble de tiempo en conseguir que mis óvulos fueran válidos para extraerlos y fecundarlos, porque cuando los extrajeron solo sacaron 8, porque cuando los fecundaron solo quedaron 2, porque me pusieron esos dos y estábamos muertos de miedo de que no sobrevivieran en mi vientre...
La Betaespera
O más bien beta-desespera. Son 15 días que tienes que esperar hasta hacer un análisis de sangre que te de el positivo o el negativo. Son 15 larguísimos y eternos días en los que intentas buscar el más mínimo indicio de que pueda ser positivo en tu cuerpo pero no lo encuentras..
Y llega el día...
Y llega el día en que te presentas para hacerte el análisis a las 8 de la mañana y no tienes cita hasta las 20.30 de la noche en la clínica para saber los resultados, y no pasan las horas y tienes a todo el mundo esperando noticias; y llega la hora y en la clínica te reciben con una sonrisa y con abrazos y
cuando llegas a la consulta te dicen que es positivo y no puedes creerlo.
Sales de la clínica y llamas a todo el mundo, tienes ganas de gritar que lo has conseguido, que tras 6 años de lucha, muchísimo más dinero del que podías ahorrar, muchas lágrimas y mucho esfuerzo
¡LO HAS CONSEGUIDO! Pero te contienes porque tienes miedo de que no sea real.
Y entonces...
Y entonces mando un e-mail a mi ginecóloga, mi luz, la persona que nos ha guiado y que ha hecho posible que
Sira esté hoy aquí con nosotros y le digo que ha sido positivo y que quiero que ella recorra con nosotros este nuevo camino porque sin ella no habría sido posible. Y nos vemos en la consulta, me hace una ecografía y allí está mi pequeña y el latido de su corazón, el sonido más bonito del mundo... y tras un embarazo de 42 semanas y un parto eterno y complicado aquí la tenemos con nosotros, en unos días cumplirá 8 meses, 8 meses de felicidad absoluta junto a ella.
Esta es mi historia
Por suerte con final feliz, pero conozco mucha gente que aún sigue intentándolo, que tiene historias mucho más difíciles que la nuestra, que incluso llegan a quedarse embarazadas y lo pierden y
la sociedad no nos comprende... No nos comprenden porque lo normal es estar en ese 80%, pero nadie piensa que pueda estar en el porcentaje restante, y quienes saben de nuestra existencia muchas veces no tienen la empatía que deberían y nos volvemos invisibles, nos encerramos en nosotros mismos y convertimos la infertilidad en un tabú porque en el fondo te sientes poco mujer por no poder hacer lo que biológicamente es lo natural, porque no puedes dar la familia que quieres a tu pareja y porque te encierras en tu dolor. Y aunque la gente de buena fe te diga que estés tranquila, que ya llegará y te pongan mil ejemplos de conocidos que se quedaron cuando se relajaron, tu no puedes más que sentirte incomprendida. Podría escribir un libro entero pero estas son las pinceladas de los 6 años de nuestra búsqueda del bebé.
Ilustración | Tania R. Latorre