Cómo detectar los trastornos de conducta alimentaria (TCA) en niños y adolescentes

Los TCA afectan principalmente a jóvenes de 12 a 21 años, pero cada vez se detectan antes, en niños de 8 y 9 años

Artículo publicado el 30 Nov 2021 - Este artículo ha sido revisado y actualizado con fecha 30 noviembre, 2021

Cada 30 de noviembre se celebra el Día Internacional de Lucha Contra los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA). Se trata de un problema de salud que afecta a muchas personas y que puede iniciarse en la infancia y, sobre todo, en la adolescencia. Estos trastornos pueden tener consecuencias graves para quien lo sufre; tanto físicas como psicológicas. En este post os ofrecemos algunas claves sobre los TCA.

¿Qué son los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA)?

Los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) son trastornos psicológicos graves que conllevan alteraciones en la relación de una persona con la comida y su cuerpo. Se tiene una preocupación muy fuerte sobre el peso, la imagen corporal y la alimentación, entre otros aspectos.

“Desafortunadamente, las señales de un TCA son cada vez más tempranas. En esto influyen las redes sociales, la relación con los iguales, que cada vez se habla y se está más pendiente de todo lo relacionado con la estética, la imagen y el cuerpo”, explica Mamen Bueno, psicóloga del equipo de Criar Con Sentido Común.

Según la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia de Cataluña, los TCA aparecen principalmente entre los 12 y los 21 años (alrededor del 4,5% de menores y jóvenes lo sufren, según sus datos). Sin embargo, como indica Mamen Bueno, cada vez se detectan casos antes, entorno a los ocho o nueve años.

 

Día de lucha contra los Trastornos de Conducta Alimentaria

 

Debido a estas alteraciones alimentarias, la persona con TCA puede sufrir enfermedades físicas importantes y, en los casos más extremos, pueden provocar la muerte (desnutrición o suicidio). Con nuestra psicóloga y con el resto de profesionales de CSC podéis contactar directamente si sois miembros de la Tribu CSC.

¿Qué lleva a un niño o adolescente a sufrir un TCA?

Tal y como explica nuestra psicóloga, lo primero que hay que tener en cuenta es que no hay una sola causa. Se trata de un “problema multifactorial” en el que influyen distintas variables.

“Existe factores de tipo genético, pero también influye la relación familiar con la comida; el modelo estándar generalizado que asocia delgadez a éxito y salud; si la persona ha sufrido acoso o bullying; si ha tenido algún trauma, etc.”, afirma Mamen Bueno.

 

 

De todos ellos, no obstante, la relación de la familia con la comida es uno de los factores que más influye. Somos el espejo en el que se miran y si nuestra relación con la comida no es sana, ellos se verán condicionados por ello.

“Por eso, como padres, hay que ser consciente de cuál es nuestra relación con la comida y nuestro cuerpo. Si no tenemos una buena relación con la comida, nos pesamos continuamente, hacemos ejercicio de manera compulsiva, hablamos de alimentos prohibidos o les decimos que esto o lo otro no lo pueden probar; si montamos en cólera si alguien les ofrece algo que pensamos que no deben comer… Al final el equilibrio es difícil. Si no tenemos una buena relación nosotros, ¿cómo les vamos a enseñar a que ellos sí la tengan?”.

Otro factor que puede condicionar la aparición de un trastorno de conducta alimentaria en un niño o adolescente es una mala regulación emocional. A veces, los problemas con la comida empiezan como vía de escape a la falta de herramientas para expresar lo que se siente. En este sentido, los cuidadores debemos ofrecerle esas herramientas desde pequeños.

 

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¿Cuáles son los trastornos de la conducta alimentaria?

Existen varios tipos de TCA. Los más conocidos son la anorexia y la bulimia. El primero implica la restricción y reducción de alimentos que provoca una pérdida significativa de peso. Suele venir acompañada de ejercicio físico intenso y/o provocación de vómito o consumo de laxantes. La persona tiene un miedo intenso a ganar peso y suele tener una visión distorsionada de su cuerpo (siempre se ve gordo/a).

En el caso de la bulimia, quien la sufre protagoniza episodios de atracones de alimentos (mucha cantidad en poco tiempo y a escondidas). Para contrarrestar los atracones, hace mucho ejercicio, se provoca el vómito, deja de comer, utiliza laxantes o diuréticos, etc. También está muy preocupado/a por el cuerpo, pero puede que no pierda peso, esto puede invisibilizar el problema.

 

 

Pero hay otros trastornos de conducta alimentaria. El TCA no especificado; pica (trastorno que consiste en comer sustancias no nutritivas como arena; es más habitual en la infancia); trastorno por rumiación; y evitación o restricción de alimentos. A ellos se suman otros trastornos como la vigorexia (obsesión por un cuerpo musculoso), ortorexia (obsesión por la comida saludable) o la obesidad.

Signos de que se tiene un trastorno de la conducta alimentaria

La detección de los trastornos de conducta alimentaria puede ser difícil. En el caso de la anorexia, la pérdida de peso puede ser evidente; pero en la bulimia, el desequilibrio puede no ser tan evidente. Preguntada por esta cuestión, la psicóloga Mamen Bueno nos ofrece algunas pistas:

“Si vemos que nuestra hija o hijo deja de comer alimentos que antes sí comía; si se pesa continuamente; si vemos que habla mucho del cuerpo, la estética o de la alimentación; quizás deberíamos ponernos en alerta y empezar a hablar del tema. Es importante normalizar esta cuestión”.

 

Día de lucha contra los Trastornos de Conducta Alimentaria

 

Otras señales pueden ser que aumente la cantidad de ejercicio físico, los cambios de humor, que esté triste o muestre signos de ansiedad, que empiece a aislarse y tenga problemas para relacionarse con los demás. Y, por supuesto, la pérdida de peso, los vómitos, el consumo de laxantes o, en el caso de las chicas, que no tengan menstruación. Todas ellas pueden responder a la sintomatología de una persona con TCA.

¿Cómo abordamos con ellos esta situación?

La comunicación, desde luego, es la gran aliada en estos casos (y, en general, en la vida):

“Si empezamos a detectar algún problema, es importante hablar con ellos. Y no sólo en lo que respecta a la alimentación. Debemos interesarnos por su mundo, por sus sentimientos, por sus amistades“, indica Mamen Bueno.

También tendremos que trabajar nuestra propia relación con nuestro cuerpo y con la alimentación. Es necesario “sanar nuestras propias heridas o dificultades” y “normalizarlas lo antes posible”. En este sentido y de manera preventiva, no hay que usar la comida como premio o castigo, ni forzar a los niños a que coman una u otra cosa.

 

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Nuestra psicóloga también señala otro punto importante para reflexionar:

“Cada vez está más comprobado dentro de los trastornos de conducta alimentaria que hacer dietas restrictivas es un detonante importante. Así que cuidado con poner a dieta a un niño o una niña, y más si hay factores de vulnerabilidad porque ponerlos a dieta puede ser un desencadenante de un TCA“.

Tratamiento multidisciplinar para ayudar a los menores con TCA

Nuestra psicóloga recomienda que, a la mínima señal hay que estar “alerta” y recurrir a profesionales lo antes posible.

“Como he dicho anteriormente, estos trastornos son multicausales y el abordaje suele ser multidisciplinar. El tratamiento puede ser desde educación nutricional con una dietista-nutricionista, a apoyo psicoterapéutico y, a veces, psiquiátrico… Por eso, cuanto antes, mejor“.

Un tratamiento multidisciplinar aumenta la posibilidad de curación de estos menores. No obstante, hay que remarcar que son tratamientos largos y complejos. A veces, la persona afectada ni siquiera tiene conciencia de que tiene un problema. Eso supone que es incapaz de identificar las consecuencias que su conducta puede provocar. Y esto le lleva a rechazar cualquier ayuda.

 

 

En este sentido, la familia y el entorno cercano tiene un papel fundamental de apoyo y acompañamiento al menor afectado por un TCA.

 

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