Aaachíss… Mi bebé estornuda mucho ¿por qué?

El estornudo es un mecanismo de defensa que utilizan los bebés para despejar su nariz

Quizás te llama la atención que siendo muy pequeñito, prácticamente un recién nacido, tu bebé no deja de estornudar. No lo hace como los adultos, no es tan escandaloso; pero, como es habitual, una pequeña alarma se te enciende. «¿Estará malito? ¿Se habrá resfriado?» se plantea inmediatamente tu cabeza. Pero no. De hecho, el bebé que estornuda sugiere todo lo contrario. Y es que es perfectamente normal.

El estornudo en los bebés es un mecanismo de defensa para despejar su nariz. Claro que, acompañado de otros síntomas, sí puede ser señal de un catarro u otro problema más importante. Pero, por lo general, si solo estornuda de vez en cuando, tranquila. Todo va bien.

¿Por qué estornuda mi bebé?

Pues básicamente lo hacen como una respuesta refleja. En los recién nacidos el sistema respiratorio es aún inmaduro. No respiran por la boca debido a su fisiología. No lo harán hasta los seis meses aproximadamente. Hasta entonces la laringe de los peques se encuentra muy arriba de manera que les permite respirar y comer a la vez, algo que no podemos hacer los adultos. A medida que crecen, la posición de la laringe va bajando para facilitarles no solo la respiración, sino el habla.

Como digo, hasta que tengan medio año de vida, solo respirarán por la nariz y lo cierto es que lo harán mal si tienen la nariz obstruida por algo; así que cualquier elemento extraño, incluso algún resto de la leche materna puede provocar un estornudo. De hecho, en las primeras horas lo pueden hacer a menudo porque estornudar les ayuda a eliminar los restos del líquido amniótico que quede en sus pulmones.

 

Aaachíss... Mi bebé estornuda mucho ¿por qué?

 

El estornudo no deja de ser, pues, un acto reflejo convulsivo que consiste en expulsar aire desde los pulmones a través de la nariz (a veces también por la boca). Algo extraño irrita su nariz, los pulmones se llenan de aire como respuesta y lo expulsan muy rápidamente, en una fracción de segundo, arrastrando así todo a su paso. Esta reacción es muy eficaz. De hecho, ¡el aire de un estornudo puede superar los 100 kilómetros por hora de velocidad!

¿Qué le hace estornudar?

Pues básicamente estornudan para despejar su pequeña naricita y liberarla de microbios y partículas presentes en ella. Puede ser la respuesta a una mota de polvo, a hongos de la humedad, a pelo de animal doméstico, a restos de moquito reseco o de la leche que puede regurgitar.

Un cambio de ambiente (por ejemplo: del calor del hogar al frío del exterior), también puede provocar que estornude e incluso moquee. Si no es persistente (estornuda solo un rato y luego se cortan tanto los mocos como los estornudos), no hay que hacer nada especial porque estos últimos harán su trabajo.

 

Aaachíss... Mi bebé estornuda mucho ¿por qué?

 

¿Hasta cuándo duran los estornudos?

En realidad los estornudos son un mecanismo del ser humano que perdura en el tiempo (todos lo sabemos). En el caso de los recién nacidos, estos episodios pueden durar unas cuantas semanas. No está definido. En cualquier caso lo importante no es cuánto duren, sino que no vengan acompañados de otros síntomas que ahora veremos. Tampoco hay un número de estornudos establecidos. Cada niño lo hará las veces que su cuerpo lo necesite.

¿Cómo lo diferencio de un resfriado u otra enfermedad?

Lo primero que hay que fijarse es si lo estornudos vienen acompañados de otros síntomas. La tos, problemas para respirar, cansancio o somnolencia (vamos, que esté menos activo de lo normal), la falta de apetito y la fiebre de más de 38 grados son señales de que el pequeño puede padecer alguna enfermedad. En ese caso es importante consultar al pediatra, que decidirá qué tratamiento hay que seguir.

 

 

Los estornudos también son síntomas de alergia al polen o los ácaros. Sin embargo, los bebés no tienen alergia a estos elementos porque es necesario estar expuesto a ellos durante un tiempo mínimo antes de desarrollar síntomas. Estos no suelen detectarse hasta a los tres o cuatro años.

Tengo un bebé que estornuda, ¿cómo puedo ayudarle?

Los estornudos protegen al niño y le permiten tener la nariz limpia y abierta. Por tanto, es importante ayudarles en la higiene nasal. ¡Ellos no pueden retirarse ni los mocos ni ningún otro elemento que dificulte su respiración!

Así que, si observamos algún moquito seco, lo podemos retirar con nuestro dedo de manera delicada y si está muy profundo y tiene la nariz obstruida se puede recurrir a la higiene nasal utilizando unas gotitas de suero fisiológico, aplicando un máximo 2,5 ml por fosa nasal (0,5 si es un recién nacido) y utilizando la técnica DDR (Desobstrucción Rinofaríngea Retrograda). Esta consiste en, una vez le echamos el suero por la nariz le sujetamos la mandíbula desde abajo para cerrarle la boquita y que inspire por la nariz. De este modo toda la mucosidad entrará hacia la garganta y se la tragará.

También existen las duchas nasales aunque el DDR es un técnica novedosa y muy efectiva. Sin aún así no conseguimos despejar su naricita, mejor acudir a un fisioterapeuta respiratorio.

 

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El ambiente de casa también puede acondicionarse, por ejemplo, para evitar corrientes o entornos muy húmedos. De hecho, la humedad relativa superior al 70% favorece el crecimiento de ácaros del polvo y hongos que desencadenan estornudos y, lo que es peor, el asma. Pero por debajo del 40% el ambiente se vuelve demasiado seco. Así que, si no hay alergias, lo que recomiendan los especialistas es que nuestro hogar esté entre el 40 y el 70%. El aspirador y la limpieza también pueden ser buenos aliados.

El estornudo fótico

¿Sabías que la luz brillante puede provocar estornudos? Se trata del estornudo fótico. Algunas personas tienen esa reacción involuntaria. Se trata de una disfunción congénita que afecta a las señales nerviosas. Las personas que lo experimentan tienen asociado, según los investigadores, el nervio trigémino (responsable del estornudo) y el que transmite los impulsos visuales al cerebro; de ahí que la luz brillante desencadene un ¡achís! inesperado.

 

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