Francia prohíbe el uso del lenguaje inclusivo

Los ejecutivos políticos deberían contar con personas capacitadas para aportar soluciones constructivas en lugar de prohibiciones que sigan borrando a las mujeres del mapa de lo público

Ayer, varios medios de comunicación se hacían eco de que el Gobierno francés ha vetado el uso del lenguaje inclusivo en las escuelas por considerarlo un obstáculo para el aprendizaje.

El mansplaining del ejecutivo galo para prohibir el lenguaje inclusivo

Parece ser que la fórmula escogida en Francia para evitar el sexismo implícito en el masculino inclusivo es un tanto compleja, ya que consiste en escribir la palabra seguida de las terminaciones para ambos géneros, separadas por un punto, añadiendo otro punto más la s del plural. Algo así como si en español escribiéramos actor.triz.es para referirnos al gremio de intérpretes.

 

 

Vale. Aceptamos pulpo como animal de compañía. Es un sistema complejo y poco operativo porque no es aplicable al lenguaje oral. Así que, parece ser que, para el Gobierno francés la solución es la prohibición. Pero no conforme con prohibir el uso de esta forma de lenguaje en la educación nacional, este organismo concluye que:

«En un momento en que la lucha contra las discriminaciones sexistas implica combates contra la violencia conyugal, la disparidad salarial o el acoso, la escritura inclusiva, aunque parece participar de ese movimiento, no solo es contraproducente para esa causa sino perjudicial para la práctica y la inteligibilidad de la lengua«, según se recoge en la noticia publicada por 20minutos.es.

En un alarde de paternalismo vergonzoso, el ejecutivo galo se permite decirle al movimiento feminista cuáles son los focos en los que debe centrarse y cuáles son las batallas que debe abandonar porque no le benefician. Algo así como “vale que queráis que dejen de mataros, agrediros, acosaros y discriminaros pero no pretendáis también que se os nombre en las escuelas, que se os está yendo de las manos”.

El lenguaje es una construcción social que refleja e influye

En el mundo se hablan lenguas de múltiples orígenes y no todas se configuran de la misma forma. El uso del masculino en el plural como genérico es común en las lenguas procedentes del latín. Mientras que en inglés, por ejemplo, yo podría decir que tengo dos “kids”, utilizando un término neutro sin necesidad de desdoblar en un “daughter” y un “son”; en español, como en el resto de lenguas latinas, escasean los términos neutros o están en desuso ya que, durante siglos, se ha hecho uso del masculino, como norma, para referirnos a ambos géneros.

Son numerosas las voces que señalan que el fomento de un uso del lenguaje no sexista es innecesario porque ya existe lo que se denomina el masculino inclusivo que incluye a ambos géneros. Sin embargo, esta norma lingüística es una construcción social que refleja la invisibilización que la mujer ha sufrido a lo largo de la Historia. El hombre, lo masculino, es la norma; la mujer, lo femenino, es lo otro

 

 

El masculino inclusivo es una imposición social que acabamos por normalizar, hasta el punto de que muchas mujeres dicen sentirse incluidas en él y no tener ningún problema con su uso. Sin embargo, son numerosas las anécdotas infantiles que reflejan que lo natural no es usar un único género para referirnos a los dos: “Mamá, lo siento, no puedes venir conmigo al cumpleaños, en la invitación pone que pueden venir los padres así que esta vez tiene que venir conmigo papá”. “Y para niñas. Has dicho que esta película es para niños, papá, pero también es para niñas”.

Lo femenino se forma a raíz de lo masculino, cual costilla de Adán

¿Y si, en lugar de decirle a las niñas que deben sentirse incluidas en un género que no es el suyo, permitimos que el lenguaje evolucione? ¿Y si, en lugar de decirle a los niños que el femenino les excluye, asumimos el lenguaje como un espacio público más en el que la mujer se invisibiliza? ¿Y si, en lugar de prohibiciones, buscamos soluciones? 

Y es, precisamente, en la escuela, donde más necesario se hace este cambio. No hace mucho leía en un libro de texto sobre los géneros de las palabras algo así: “En la mayoría de las palabras el femenino se forma cambiando la -o final por -a, o añadiendo una -a a la consonante final”. ¿Sutil? Lo masculino existe per se. Lo femenino se forma a raíz de lo masculino. Así. Cual costilla de Adán.

 

 

Porque para explicar que las palabras tienen una raíz con significado y diferentes desinencias de género y número, entre otras, tendríamos que partir de la base de que lo femenino y lo masculino ocupan el mismo lugar. Y no es así. La realidad es que siglos de Historia nos enturbian la mirada para no detectar cuántos mensajes subliminales se encierran en el lenguaje que usamos

La historia invisibiliza a las mujeres y el lenguaje está en la base de la pirámide discriminatoria

Estoy de acuerdo en que hay asuntos más importantes dentro de la lucha feminista. Pero, ¿y si en lugar de verlo como una pirámide lo vemos como un iceberg? En la cima están los asesinatos, las violaciones… pero hay toda una masa de “machismos” bajo el agua. Y es inútil pretender acabar con la punta del iceberg visible sin derretir el resto. Y la escuela es un lugar idóneo para construir, desde los cimientos, sistemas de valores más justos

También en la escuela hay otros aspectos con mucho peso. No es suficiente con dedicar el 8 de marzo a recordar a las mujeres importantes de la Historia. Urge incluir referentes femeninos en cada tema. Porque cada vez que hablamos de referentes artísticos se nos ocurren poetas, pintores, escultores… y nos olvidamos de poetisas, pintoras, escultoras… Porque si hablamos de ciencia, con suerte, Marie Curie comparte protagonismo con sus colegas hombres, pero el grueso sigue siendo masculino.

 

 

Y es normal que nos suceda porque esos son los referentes con los que crecimos quienes nos dedicamos a la docencia hoy en día. Sin embargo, con este acto de incluir, de manera subliminal, ejemplos masculinos de personalidades importantes a cada paso, sin dar ejemplos femeninos, estamos dejando a las niñas huérfanas de referentes en los que mirarse. Les estamos diciendo a los niños que ellos pueden llegar a convertirse en grandes escritores, pintores, científicos… y, a las niñas, que Marie Curie solo hay una. 

Que el cambio sea difícil no implica que no sea necesario

El lenguaje es resultado de una realidad social y, al mismo tiempo, la construye. Y por mucho que demos por sentado que el masculino inclusivo realmente lo es, nuestro subconsciente sigue percibiendo un único género, en la mayoría de las ocasiones. En un experimento realizado en un instituto de educación secundaria, repartieron al alumnado folios con frases para que realizaran dibujos. En algunas frases se utilizaba el masculino genérico, “los alumnos”. Otras frases utilizaban un genérico neutro, “el alumnado”. Y otras, nombraban específicamente ambos géneros, “los alumnos y las alumnas”.

Al margen de que no se trata de un experimento científico y de que existen múltiples factores que pueden interferir, como la feminización o masculinización social de ciertas profesiones, los resultados fueron bastante significativos. En conceptos identitarios (no asociados socialmente a ningún género), cuando la frase estaba escrita usando el masculino genérico, el porcentaje de chicos dibujados fue del 75.6 %, frente al 24.4 % de chicas. En las frases en que se utilizó un genérico neutro, el porcentaje de chicas representadas en los dibujos fue del 40.69 %, frente al 59.31 % de chicos. Incluso en aquellas oraciones en las que se nombró de manera explícita a ambos géneros se representaron un 54.77 % de chicos, frente al 45.23 % de chicas.

 

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Se pone de manifiesto que, más allá del lenguaje, tenemos muy interiorizado que los hombres están presentes en más espacios que las mujeres o, al menos, en mayor proporción. Pero también se hace evidente que en nuestro subconsciente colectivo (o, al menos, en el del alumnado de este instituto) el masculino genérico es la opción lingüística que más invisibiliza a la mujer

Y no, no nos va la vida en ello. No es cuestión de fustigarnos si alguna vez usamos el masculino inclusivo. Pero tampoco se rasguen las vestiduras porque haya quien se esfuerce en construir formas de comunicación más igualitarias. Y ya sé que leer un texto lleno de barras separando distintas terminaciones de palabras o abarrotado de palabras duplicadas en ambos géneros se hace pesado. Y les acepto que la invención francesa de los puntos es engorrosa y poco práctica.

Pero estoy convencida de que, si una simple maestra de escuela ha podido escribir este post sin utilizar ni una sola vez el masculino genérico ni duplicar palabras, en un lenguaje tan influenciado por el uso del masculino inclusivo como el español; cualquier ejecutivo político de cualquier país debe contar con personas capacitadas para aportar soluciones constructivas en lugar de prohibiciones que sigan borrando a las mujeres del mapa de lo público

 

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2 comentarios en "Francia prohíbe el uso del lenguaje inclusivo"

  1. Hola, excelente artículo, gracias por tu reflexión.
    Saludos desde Uruguay.
    Jeniffer.

  2. Soy mujer, me considero feminista e intento apoyar y ser diligente con las nuevas causas, pero hay algunas de ellas que no alcanzo a comprender y me cabrean. No me siento menospreciada, ni olvidada, ofendida ni insultada, cuando alguien dice «los profesores» para referirse al conjunto de hombres y mujeres, ni me siento abandonada cuando se dirigen a la gente de una sociedad como «los ciudadanos».

    ¡Ojo! Esto no quiere decir que, de muchas otras formas, se use el lenguaje de forma sexista y hagamos uso de expresiones y palabras que denigran a personas de ambos sexos (especialmente del sexo femenino) respecto a sus atributos o funciones dentro de la sociedad o entorno. Hay muchos ejemplos de esto, muchísimos, que son reflejo de la sociedad en la que vivimos y que, obviamente, tenemos que cambiar. Pero no es eso de lo que hablo ahora.

    Tan solo hacer falta un poco de curiosidad y espíritu de aprendizaje para buscar información sobre el tema y comprender que este debate y modificación de la lengua es una memez. Como mucha gente usa la feminización de todos los nombres de profesiones y cargos, haciendo uso de nuevos «artículos», como «les», e incluso de [email protected] o «lxs» (que alguien me explique cómo leer esto); o nuevos sufijos como «-es» (les niñes), [email protected] ([email protected] niñ@s) o «-xs» (lxs niñxs), pero no tienen ni idea de por qué el uso del masculino genérico en español, vamos a intentar aportar algo de luz a tanta opacidad y que, por lo menos, tengan clara su postura.

    La RAE afirma que «en los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos».

    Es importante saber que en español, el masculino es el género no marcado -sirve para designar a los individuos del (1) sexo masculino pero, además se usa para referirse a (2) toda la especie sin distinción de sexos (si digo «el ciudadano» me refiero solo al género masculino pero si uso «los ciudadanos» incluyo al género masculino y femenino). ¡Vamos, que tiene dos usos diferentes, damas y caballeros! El género marcado, por otra parte, es el femenino y solo sirve para asignar al género femenino tanto en singular como en plural (si digo «la ciudadana» hago alusión, exclusivamente, al género femenino al igual que si uso «las ciudadanas»).

    En un pasado remoto, seguramente algún lumbrera, tuvo la idea de llamar el género A femenino, porque la palabra «mujer» pertenecía al género A, y al género B masculino, porque la palabra «hombre» pertenecía a este género, y eso es lo que causa tanto revuelo, la confusión entre «género» gramatical y «sexo».

    Ahora que tan de moda están las palabras «género» y «sexo» estaría bien entenderlas en este contexto y dejarnos de simplezas.

    Género m. Gram. Propiedad de los sustantivos y de algunos pronombres por la cual se clasifican en masculinos, femeninos y, en algunas lenguas, también en neutros.
    Sexo m. Conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo.
    Sin embargo, ****SPOILER****, históricamente, el «masculino» no marcado del español procede tanto del masculino como del neutro en latín (que es el origen evolutivo de nuestra lengua). Así pues, el uso genérico del masculino no es sexista ya que no tiene nada que ver con la composición de la sociedad, sino con la evolución lingüística de un idioma.

    ¡Tachán! ¿Lo vamos entendiendo?

    Porque digo yo que la luna no tiene vagina y el sol no tiene pene, ¿verdad? Como tampoco creo que ningún hombre se sienta ofendido cuando hablemos de «la audiencia» de un programa y descubra que «audiencia» es un sustantivo, aparentemente, femenino o cuando se refieran a él como parte de «la sociedad». Quizá «el periodista» de turno o «el águila» deben sentirse también bastante confusos o incluso deberían sentirse ofendidos ya que, ¡vaya batiburrillo de artículos, sustantivos, géneros y sexos!

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