Cinco preguntas que debes hacerte para saber si tienes unas expectativas apropiadas con respecto a tus peques

Las expectativas sobre los hijos condicionan su relación con nosotros, su propio autoconcepto y sus conductas. 

Apenas conocemos la noticia de que vamos a tener un bebé, comenzamos a imaginar cómo será. A quién se parecerá, cuáles serán sus principales características, cómo será su carácter y su personalidad, qué aficiones tendrá, qué se le dará bien… todas esas elucubraciones son expectativas sobre los hijos que, de una manera u otra, volcamos sobre ese bebé.

Es normal que la ilusión provocada por la noticia nos lleve a tener todos estos pensamientos sobre el futuro, por eso es importante tomar conciencia de cómo estas expectativas pueden afectarles en su desarrollo

¿Cómo afectan las expectativas a los niños?

Las familias solemos tener conciencia de lo importante que es que nuestras hijas e hijos tengan una buena autoestima. A la hora de enfrentarse a los distintos retos que puedan encontrarse y de desenvolverse en los distintos ámbitos de su vida: relaciones personales, desarrollo profesional, proyección laboral… va a jugar un papel fundamental la autoestima.

Una parte importante del autoconcepto que tenemos sobre nosotros/as mismos/as se construye a través de la imagen que percibimos de las personas que nos rodean. De alguna manera, todas las personas respondemos a las expectativas de nuestro entorno

 

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Si alguien piensa que su hijo es muy despistado y que siempre se le olvida todo, probablemente, se pase el día recordándole cosas y, de esta forma, contribuirá a que su hijo construya esa creencia sobre sí mismo: necesito que me recuerden todo porque soy muy despistado. Con lo cual es muy difícil que aprenda a responsabilizarse de sus asuntos.

Si alguien piensa que su hija es muy desordenada y que siempre lo deja todo por medio, probablemente, se pase el día recogiendo las cosas de su hija o diciéndole que siempre lo deja todo hecho un desastre. De esta manera, la hija construirá la creencia sobre sí misma: soy un desastre, siempre lo dejo todo por medio. Con esta creencia es poco probable que aprenda a organizar sus pertenencias y sus espacios.

Es lo que se conoce como el efecto Pigmalión. Nuestras expectativas sobre nuestros hijos e hijas condicionan cómo nos relacionamos y actuamos con ellos/as. Y estas acciones condicionan su propio autoconcepto condicionando al mismo tiempo sus conductas

 

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Podríamos pensar, entonces, que si tenemos expectativas positivas esto les ayudará a desarrollarse con una buena autoestima, pero debemos tener en cuenta que también las expectativas positivas ejercen una presión sobre nuestros hijos e hijas que pueden ser un lastre y restarles libertad al sentir la necesidad de responder a nuestras expectativas.

Cinco preguntas para saber si tenemos demasiadas expectativas sobre los hijos

Ya hemos dicho que tener estas ideas sobre cómo serán nuestros hijos y nuestras hijas es normal. Pero para evitar hacer mella en su autoestima, debemos intentar reducir al máximo estas ideas preconcebidas y, sobre todo, tratar de no condicionar su desarrollo en base a estas expectativas.

Pero, ¿cómo podemos saber si tenemos demasiadas expectativas sobre nuestras hijas e hijos? En la Tribu CSC hablamos a diario sobre los diferentes retos de la crianza y cómo abordarlos de forma respetuosa, pero estas preguntas pueden servirte de ayuda:

¿Tienes una idea muy clara de cómo debe ser la vida de tu hijo a largo plazo?

Es normal que cuando pensamos en el futuro nos guste pensar que nuestros hijos e hijas serán personas razonablemente felices y exitosas, pero si tenemos una idea muy concreta de cómo debería ser su vida adulta que incluya, por ejemplo, qué tipo de profesión deberían desempeñar, si deberían tener o no pareja, si deberían formar una familia o no, dónde deberían vivir…, estamos condicionando su desarrollo y coartando de manera consciente o inconsciente su libertad para tomar sus propias decisiones y buscar su propia felicidad.

 

¿Tienes unas expectativas apropiadas con respecto a tus hijos?

 

¿Tienes la sensación de que tu hijo/a debería comportarse de otra manera a menudo?

A veces, estamos demasiado condicionados/as por una sociedad adultista en la que se espera que niños y niñas se comporten como si fueran personas adultas en miniatura o, mejor aún incluso si no se mueven y no hacen ruido. Pero la infancia es ruidosa y movida por naturaleza. Si continuamente tienes la sensación de que tus hijos/as deberían comportarse de otra forma, probablemente, no estás teniendo en cuenta su edad y las características propias de esa etapa. Es imprescindible que adecuemos nuestras expectativas a lo que se puede esperar de cada etapa.

¿Tu hija/o pide tu aprobación de forma sistemática?

Si tu hijo/a viene a preguntarte si puede hacer algo de manera continua o te pregunta si te gusta cada cosa que hace, es posible que esté más preocupado/a por satisfacer tus expectativas de lo que debería

¿Sientes que has puesto alguna “etiqueta” a tu hijo/a aunque no la verbalices?

Si te pasas el día diciéndole a tu hijo/a que es un desastre, o que es muy desordenado, o que es muy despistada… o, si aunque evites decírselo lo piensas y actúas en consecuencia, esta etiqueta va a formar parte de su autoconcepto y va a condicionar su crecimiento como persona

 

¿Tienes unas expectativas apropiadas con respecto a tus hijos?

 

¿Tu hija/o te oculta sus errores o incluso le cuesta mucho gestionar sus propias equivocaciones?

El tema de cómo gestionamos los errores es fundamental para su desarrollo y para su autoestima. Los errores forman parte imprescindible del aprendizaje y de la vida. No solo nuestra actitud ante las equivocaciones les condiciona. Vivimos en una sociedad extremadamente competitiva en la que los errores son entendidos como signos de debilidad. Sin embargo, debemos intentar que nuestras hijas y nuestros hijos no sientan la necesidad de ocultarnos sus equivocaciones a quienes somos sus figuras de referencia.

 

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