Armando Bastida: “Los que defendemos los derechos de los peques somos tildados, cada vez con más frecuencia, de radicales”

Es terrible darte cuenta de que tienes hijos para que la mayor parte del tiempo que están despiertos lo pasen con otras personas

Artículo publicado el 18 Ene 2022 - Este artículo ha sido revisado y actualizado con fecha 28 julio, 2022

Vivimos en una sociedad adultocentrista y en la que se normaliza un trato poco respetuoso con las personas menores. Abordamos este asunto con Armando Bastida, enfermero, tripadre, divulgador de la crianza, escritor y CEO de Criar Con Sentido Común.

Armando Bastida puso en marcha la Tribu CSC precisamente porque vio la necesidad de que otra forma de crianza era posible. Un modelo en el que el centro no debe ser el adulto y sus necesidades, sino que pone por delante a los niños y las niñas.

“Los que tenemos hijos nos quejamos poco. Como nos quejamos poco, no contamos a la hora de generar votos. Si hiciéramos mucho más ruido y desde arriba pensaran ‘oye, las madres y padres consideran importante esto para decantarse por nuestro voto, quizás se plantearían como mínimo hablar de conciliación”, reflexiona. “Después saldrían iniciativas o no, pero al menos la situación de las familias estaría en el centro del debate”.

P: ¿La sociedad en general es respetuosa con los niños?

R: Mi sensación es que, en general, hay un trato muy poco respetuoso con las niñas y los niños. Por supuesto, no puedo decir que nunca se les respete, ni que todo el mundo les falte al respeto. Pero como sociedad pensada por y para los adultos, los niños/as tienen poca cabida. Solemos tratarlos como ciudadanos de segunda.

Como sociedad pensada por y para los adultos, los menores tienen poca cabida. Solemos tratarlos como ciudadanos de segunda

P: ¿Puedes poner un ejemplo actual, en pandemia?

R: Los peques fueron los últimos en salir a la calle, cuando eran quienes más necesitaban salir. La ONU tuvo que emitir un comunicado pidiendo a aquellos países que tuviera a los niños confinados totalmente medidas urgentes para permitir que salieran a las calles, ya que se estaban vulnerando así sus derechos elementales.

Como los peques no se quejan, parece que todo vale. Y somos los adultos quienes tenemos que dar ejemplo, no al revés

No olvidemos tampoco que se abrieron los bares y restaurantes y los parques se mantuvieron cerrados. Que se han tenido a los peques en los colegios con mascarillas en el patio, a la hora de educación física… cuando los adultos por la calle no teníamos que llevar mascarilla, ni por supuesto haciendo ejercicio físico. Como no se quejan, parece que todo vale. Y somos los adultos quienes tenemos que dar ejemplo, no al revés.

P: ¿Por qué cuesta tanto escuchar o interpretar lo que realmente necesitan los menores?

R: Supongo que porque tenemos poco tiempo para ellos/as, y a veces es más fácil vulnerar un poco sus derechos, que dedicarles las atenciones que merecen. Últimamente me estoy dando cuenta de que quienes abogamos por defender los derechos de los peques somos tildados, cada vez con mayor frecuencia, de radicales. O se nos acusa de tener un discurso culpabilizador.

Quienes abogamos por defender los derechos de los peques somos tildados de radicales. O se nos acusa de tener un discurso culpabilizador

La gente quiere oír que no pasa nada si dejas llorar un poquito a tu bebé por las noches para que aprenda a dormir solo. O que es genial llevar a los peques a una escuela infantil con semanas o meses de vida, aunque haya una sola educadora para ocho bebés, porque ahí se desarrollan un montón y aprenden más que en casa. Quieren oírlo porque es lo que han hecho o tienen que hacer, al no tener alternativa. Pero eso no hace que sea la mejor opción, y esto debemos asumirlo.

La gente quiere oír que no pasa nada si dejas llorar a tu bebé por las noches para que aprenda a dormir solo. O que es genial llevarle a una escuela infantil con semanas o meses de vida. Quieren oírlo porque es lo que tienen que hacer, al no tener alternativa. Pero eso no hace que sea la mejor opción, y esto debemos asumirlo

Un bebé debería pasar mucho más tiempo con sus progenitores, y en los países en los que son conscientes de eso, crean las medidas para hacerlo posible. En España no se sabe. O si se sabe, se mira para otro lado, para no tener que destinar parte de los presupuestos a velar por el bienestar de los bebés y peques.

Un bebé debería pasar mucho más tiempo con sus progenitores, y en los países en los que son conscientes de eso, crean medidas para hacerlo posible

Es más fácil no hablar de ello y decir que “cuanto antes sean independientes, mejor” que explicar que “los primeros años son importantes en su desarrollo, y necesitan cariño, afecto y cuidadores que respondan a sus necesidades básicas, tanto por el día como por la noche”.

P: Nos empeñamos en que nuestros hijos no alboroten, nos obedezcan, “sean buenos”: ¿eso también es tener un trato poco respetuoso con los niños?

R: Nunca es respetuoso tratar de conseguir que un colectivo deje de ser o actuar tal y como es. Los niños tienen que correr, jugar, saltar, cantar, gritar, brincar, mancharse, experimentar, tocar, romper, manipular… porque son niños. Negarles eso es negarles las oportunidades que merecen y deben tener para desarrollarse.

Ahora bien, como progenitores, debemos ofrecerles las herramientas y oportunidades para que hagan todo eso. Si un niño tiene un momento en el que necesita quemar energía, quizás el hogar no sea el mejor lugar, porque quizás rompa cosas y nos enfademos. En ese caso, la calle, el parque o el bosque son perfectos.

Nunca es respetuoso tratar de conseguir que un colectivo deje de ser o actuar tal y como es

Si necesita explorar, quizás los armarios de la cocina no sean los más adecuados, y podamos ofrecerle juguetes o herramientas con los que hacerlo. Cuando tiene que manipular y romper cosas, mejor ofrecerles plastilina, papeles o incluso un paseo por el campo, para que puedan crear con un montón de herramientas a su disposición.

¿Recordáis la época en que creábamos balsas con palitos, barquitos para los insectos o pájaros, y los probábamos en el río a ver si flotaban? ¿Cuándo nos hacíamos cabañas con ramas en el bosque? Es muy triste que nuestros hijos no tengan ni el interés, ni la oportunidad de todo ello.

P: ¿Qué otros elementos o aspectos de la vida cotidiana hemos normalizado y, sin embargo, son poco respetuosos con nuestros hijos?

R: No es respetuoso dejarles llorar cuando podemos calmarlos; gritarles cuando podríamos hablarles; pegarles, porque no se pega a quien se quiere (ni a nadie, de hecho); llevarlos a los colegios teniendo que dejar el pañal sí o sí, aun cuando muchos peques aún no controlan esfínteres; meterlos en los centros escolares sin que hagan un periodo de adaptación adecuado; hacerles bromas que no entienden, como decirles que vamos a secuestrar a su hermanito, que sus juguetes son nuestros, que les vamos a quitar algo, que diga adiós a sus progenitores porque nos los llevamos a nuestra casa; ponerles comida que no les gusta y obligarles a comerla, a acabarse lo que hay en el plato…

Hemos creado una sociedad que nos ha convertido prácticamente en esclavos del tiempo, y tratamos de meter con calzador, cuanto antes, a niñas y niños, en ella

Hay un trato poco respetuoso con los niños cuando se le dice a las familias que tienen que dejar llorar al bebé porque tiene mamitis o papitis, que un cachete a tiempo quita de muchas tonterías, que cuando tiene una rabieta hay que ignorar al peque.

Si es que hay tantos momentos en los que estamos faltando al respeto a los peques en el día a día… Fíjate que ni siquiera es respetuoso con sus ritmos llevarlos todo el día con la lengua fuera, de un sitio para otro, para que puedan cumplir con nuestros horarios infames.

Hemos creado una sociedad que nos ha convertido prácticamente en esclavos del tiempo, y tratamos de meter con calzador, cuanto antes, a niñas y niños, en ella. No me extraña que cada vez haya más peques con crisis de ansiedad, algo que era de los mayores y ahora también sufren ellos.

P: Muchas veces no somos conscientes de ese trato poco respetuoso con los niños: ¿Cómo podemos darnos cuenta de que nos equivocamos?

R: Creo que la mejor manera de huir de ese trato poco respetuoso con los niños es hacer un ejercicio de empatía. Ponernos en sus zapatos y así entender lo que están viviendo. Pero a veces, ni así es suficiente, porque como digo, la sociedad tiene respuestas para muchas de estas cuestiones: “no es que esté dejando llorar a mi bebé por la noche, es que le estoy enseñando a dormir, porque si no, tendrá problemas de sueño”, en vez de modificar los permisos para estar más tiempo cuidando de nuestros bebés.

La mejor manera de huir de ese trato poco respetuoso con los niños es hacer un ejercicio de empatía. Ponernos en sus zapatos

“No es que esté dejando a mi bebé con los abuelos o en la escuela infantil porque no me queda otra… es que les va bien para su desarrollo, porque necesitan estar con más gente y aprender cosas que en casa no puede aprender”. Cuando la realidad, de nuevo, es que deberíamos poder criar y educar a nuestros hijos nosotros, sus progenitores.

Deberíamos poder criar y educar a nuestros hijos nosotros, sus progenitores

A menudo, la mejor manera de saber si algo es respetuoso o no, es sustituir al sujeto de la acción por un adulto: “Hoy mi peque se ha puesto a llorar porque quería algo que no tiene. Pues no le he hecho ni caso. Al final, como veía que no le hacía caso, se ha callado”, no suena igual si decimos “Hoy mi pareja se ha puesto a llorar porque quería algo que no tiene. Pues no le hecho ni caso. Al final, como veía que no le hacía caso, se ha callado”.

“No puedo más con mi hija, le he tenido que pegar un buen grito y darle un azote”, tampoco suena igual si decimos “No puedo más con mi pareja, le he tenido que pegar un buen grito y darle un buen azote”.

P: ¿Y ese respeto se puede trabajar? ¿Cómo?

R: Tratando a los niños/as como querríamos que de pequeños nos hubieran tratado. O más fácil: tratándoles como querríamos que nos trataran ahora. Muchas de las peores cosas que hacemos y decimos se las dedicamos a nuestros hijos. He oído a madres y padres hablar a los suyos como nadie hablaría ni con sus progenitores, ni con su pareja, ni con sus amigos/as, ni con nadie. Y se supone que son las personas a las que más queremos en el mundo, ¿no?

Muchas de las peores cosas que hacemos y decimos se las dedicamos a nuestros hijos. Y se supone que son las personas a las que más queremos en el mundo

P: Volvamos a la generalidad: ¿Qué tendría que pasar en España para que los niños fueran ciudadanos de primera?

R: Tendríamos que empezar a tratarlos como a las personas que son. Empezar a permitirles que tomen decisiones, aún sabiendo que se van a equivocar un montón de veces. Porque solo así empezarán a aprender de sus errores, y a la vez, a disfrutar de sus aciertos.

Tenemos que hablar más de amor. De apego, cariño y respeto

Tenemos que hablar más de amor. De apego, cariño y respeto. De lo que necesitan los niños y niñas y lo que necesitamos las madres y padres, que también queremos formar parte de sus vidas. Es terrible darte cuenta de que tienes hijos para que la mayor parte del tiempo que están despiertos lo pasen con otras personas.

Es terrible darte cuenta de que tienes hijos para que la mayor parte del tiempo que están despiertos lo pasen con otras personas

Cuando empecemos a pensar en ellos, en lo que necesitan, en el tiempo que requieren… empezaremos a hacer ciudades pensadas también para ellos. Espacios y lugares pensados en ellos, y también espacios temporales, con permisos de ma/paternidad más extensos. Con una conciliación real que nos permita trabajar, pero nos permita también criar y educar. Con tiempo para estar con ellos cuando enferman y dejar de enviarlos “chutados de ibuprofeno” al cole, porque no tenemos con quién dejarlos.

Una conciliación real que nos permita trabajar, pero nos permita también criar y educar

Una sociedad en la que no se recrimine el que una mujer u hombre cumpla completamente su permiso de ma/paternidad, o el que se coja una excedencia o reducción de jornada para cuidar. En la que no se te critique por querer formar parte de la vida de tus hijos porque “se creerá que es mejor madre o padre por hacer algo así”. Una sociedad en la que no te pregunten si quieres tener hijos a la hora de optar por un empleo.

P: Estamos arrancando el 2022: ¿Algún mensaje para los cuidadores que quieren criar con sentido común?

R: Mucho ánimo y fuerza. No estáis solos. Y no olvidéis que a pesar de todo, en la mayoría de ocasiones, la vida es bella. No podemos cambiar muchas de las cosas que nos pasan, pero sí podemos elegir qué hacer con ellas. Creo que vale la pena disfrutar de los ratos con nuestros peques, y ofrecerles cordura, cariño, respeto. Y, un ejemplo de vida, para que sientan y vean la vida de un modo parecido al nuestro.

 

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