Diario de un hombre «embarazado» (XIII): El nombre (Segunda parte)

Sospeché que quizá todos los nombres planteados hasta el momento eran un farol para desvelar la propuesta auténtica destinada a la victoria final...

De: Papá.

Para: ¿Silvio?

Asunto: El nombre (Segunda parte)

Adjunto: señal-de-ok. Eco

Como recordarás de capítulos anteriores de Diario de un hombre embarazado, tu madre comenzaba a saltarse el consenso sobre la elección de tu nombre, tocándose la barriga, susurrándote Silvio, por lo que recurrí a medidas drásticas de las que, hoy, no me arrepiento. Aquello de lo que te decía de lo que estuve poco orgulloso y con la perspectiva del tiempo considero justificado fue lo siguiente:

Un día tu abuela X3 vino a casa para que el abuelo X3 nos pusiera las luces de la terraza, y lancé la propuesta de tu madre al aire. Silvio. Tu abuela miró a tu madre, y yo salí huyendo. Si le gustaba tanto el nombre, comenzaba la tarea de defenderlo en solitario. Y flaqueó. Daba lástima en su exposición, con una sonrisita nerviosa, intentando encontrar razones, que si un rockero…, que si Silvio Rodríguez…, que si un gángster… y tu abuela X3 mirándola sin pestañear, conocedora de lo que ella se jugaba en el duelo. Silvio volvió al cementerio de los nombres, y nunca más se supo de él.

Tu madre contragolpeó con fuerzas renovadas. Lo intentó con Dante, nombre que había elegido yo para el personaje principal de la novela que estaba escribiendo, y que me estaba viniendo largo. Rechazado. Lo que ignoraba es que Dante formaba parte de una estrategia, como un caballo de Troya. Tu madre me acusó de negar todas sus propuestas y no plantear ninguna alternativa, lo cual era cierto, porque en el momento de la verdad no me atreví a pronunciar Drogba, mi jugador favorito del FIFA. Ella sospechó una intencionalidad por mi parte de proclamar, ante la ausencia de alternativas, el nombre de Antonio, a lo que no estaba dispuesta ni muerta. Entonces sospeché que quizá todos los nombres planteados hasta el momento eran un farol para desvelar la propuesta auténtica destinada a la victoria final. Pablo.

Pablo, como su abuelo materno, fallecido el año anterior.

La propuesta llegaba con el aval de toda su familia, que a la vista de que no llegaría una niña, apostaba sin fisuras por este nombramiento. Es cierto que el nombre no me disgustaba, aunque conocía a varios Pablo y, estadísticamente, incluso era en esas fechas más frecuente que Martín. Alegué mis dudas de que el niño llevase el nombre de un familiar desaparecido, como una herencia que le haría estar pegado desde su origen a alguien que no iba a conocer. Carente de propuesta alternativa por mi parte, tu madre reanudó sus tocamientos de barriga con el nuevo nombre. Había que reaccionar, y pronto. Fuera sugerencia mía (que lo fue) o de tu madre, de repente encontramos el nombre perfecto para ti.

Ulises aunaba los elementos que buscábamos.

  • Era original. Clásico, pero infrecuente.
  • Era literario.
  • Tiene un diminutivo que nos encantó: Uli.
  • No me había peleado con ninguno. De hecho, no conocía a ninguno. Pensé en un primer momento que sí, que en mi clase del colegio había uno, Fuentes de apellido además, que se había ido a Ceuta porque su padre era policía nacional, pero me lo encontré de casualidad en casa de un conocido de tu madre, y me dijo que no, que él se llamaba Alexis. Ahora vive en Málaga.

Además, en esto reparé después: Uli-Julia. Era la adaptación perfecta, la cuadratura del círculo. Un héroe griego, el de La Odisea de Homero; el título de un libro universal, Ulises, de James Joyce. Apenas unos 2.000 en todo el territorio nacional, con una edad media de 21 años. Menos de 50 en la provincia nacidos en esta década.

Ahí debí parar, porque internet tiene pasadizos inquietantes. Según el significado etimológico del nombre, Ulises es el que odia. A mí esto me encantó, porque me pareció una visión muy heavy de un bebé, pero a tu madre le echó para atrás al instante, y continuó con la tabarra de pablo, pablito, pablete, pablopicapiedra, que era como estaba seguro que te llamarían los niños en el cole, y no quiero decir nada de las niñas del instituto porque lo tengo prohibido. Insistí con Ulises-Uli, a pesar de que era el que odia (a todos, menos a su padre) y planteé que era mejor que Edipo o Thanatos-Thanos y seguro que hay alguno por la calle.

Había que sentarse, y elegir de una vez. Acudí a la reunión con Ulises cargado de razones; tu madre te llevó como Pablo, pero comenzó a barajar otras opciones cuando le dije que su objetivo era agradar a su familia, algo que hasta entonces parecía inimaginable. Al escuchar esto, tu madre descartó la idea y Ulises quedó como única opción en primera ronda. El nombre poco a poco se fue haciendo su espacio, y nos ilusionamos, refugiándonos en los comentarios positivos y desacreditando a los autores de los malos. La propuesta era doble: Ulises-Uli, al que no le gustase uno, podía elegir el otro.

La decisión sentó como un jarro de agua fría en el pueblo natalicio de tu madre, donde me crucificaron.

En mi pueblo, tu abuelo X2 quedó en shock, como cuando el anuncio de la Cutre Rock Weeding. La reacción que le sobrevino fue histórica, en concreto, de la guerra de Secesión norteamericana: Ulysses S. Grant, dijo, rememorando a quién conocía él con ese nombre.

Tu abuela X2, mi madre, respiró aliviada. Temía algoenuninglésimpronunciabledeunmúsicoquesueneanombredeperro, según sus propias palabras, algo del estilo de lemmy, keith, neil o tompetty.

A tus abuelos X1 les gustó, más a tu abuelo, que no tardó en improvisar el chiste: junto a tu tito y él, serías Ulises entre Luises.

Entre otras reacciones destacables, hubo quien te llamó durante un tiempo Aquiles (mi padre).

Tu bisabuela X3, eso de Uli no lo entendió muy bien, y te llamó Willy y, más tarde, El Juli.

Y unos amigos de tu madre nos felicitaron por el atrevimiento; ellos lo habían valorado, pero finalmente optaron por una opción menos atrevida: Rory, por Rory Gallagher. Rory Ruz Roldán, todo un desafío para el rotacismo.

A mediados de julio, sobre la semana 20, acudimos a la consulta privada de la amiga de tu madre, donde confirmamos la primera exploración: seguías siendo niño. La ginecóloga llevaba unos minutos mirándote, y necesitaba que te movieses. Fue la primera vez que te llamamos Ulises-Uli y, de repente, observándote a través de la pantalla, hiciste con los dedos la señal de ok. Interpretamos que te gustaba y, a partir de ese momento, la elección de tu nombre fue inamovible.

 

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1 comentarios en "Diario de un hombre «embarazado» (XIII): El nombre (Segunda parte)"

  1. Me encanta el diario de un hombre embarazado.

    Me río muchísimo con cada lectura de » el diario de un hombre » embarazado», . Me entretiene mucho y me hace recordar momentos por los que pasamos mi marido y yo cuando estaba embarazada.
    Gracias por cada uno de los relatos con ese toque humorístico. Me encantan.

    Esperando el siguiente.

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