Diario de un hombre «embarazado» (VII): ¿Cómo hemos llegado tan lejos?

Un hijo o una hija viene a ser un paso más en una relación de dos personas que han seguido gustándose al menos hasta el momento de la concepción

De: Papá

Para: Niña Melón

Asunto: ¿Cómo hemos llegado tan lejos?

Adjunto: Blog de Papá www.olepapa.wordpress.es

El Tiempo de la Náusea ofreció caras insospechadas de tu madre, hasta entonces una joven apasionada y dispuesta a los placeres. En este momento de crisis puedes llegar a preguntarte, ¿quiero ser padre… con un monstruo que vomita, me insulta y jura que nunca jamás volveré a ponerle la mano encima? Creo que los obstáculos se superan saltando y, en este caso, recordando el camino recorrido.

Un hijo o una hija viene a ser un paso más en una relación de dos personas, que han seguido gustándose al menos hasta el momento de la concepción. Es conveniente que esas dos personas tengan aficiones compartidas y, sobre todo, se soporten las diferencias que surgen de un individuo a otro, por si acaso se ven obligadas en adelante a verse más de lo deseado, porque como dice tu abuela X2, una de las grandes influencias de mi corpus intelectual de pensamiento: «Hay parejas que no se soportan ni una».

Esta tendencia explica, en su opinión, el creciente número de divorcios entre parejas jóvenes, y eso que probablemente tu abuela desconozca los datos que corroboran su impresión: casi uno de cada cuatro divorcios afecta a parejas casadas hace menos de cinco años, y 25 de cada mil matrimonios se rompen incluso antes de los dos años, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

No digo que para concebir un hijo o hija sea necesario un matrimonio o sucedáneo, pero sí una estabilidad emocional que permita acoger con amor al recién llegado. Vamos, es mi opinión. Entre tu madre y yo se daban en ese momento coincidencias que auguraban un futuro próspero: ambos éramos políticamente progresistas, omnívoros, monógamos, recelábamos de la programación de televisión y de la jerarquía eclesiástica; nos gustaba el rock, y compartíamos lengua, oficio y humildad intelectual.

Esto en sí, con ser mucho, no significa nada, porque antes ha de prender La Llaaaama. Lo notarás cuando te toque: es una sensación burbujeante que te recorre el tórax y coincide con la presencia de esa persona, en la que comienzas a pensar hasta el punto de que es lo primero de lo que te acuerdas cuando te levantas, incluso antes de ir a mear. Es una de las experiencias más maravillosas de la vida, aunque a ojos de los demás te hace parecer idiota, porque en esos momentos estás ido, fuera de tu cuerpo, a veces acompañado de una secreción exagerada de saliva.

Yo lo noté por primera vez unos días después de un viaje de trabajo a Marruecos, donde fuimos a cubrir el viaje oficial de un político todavía no imputado. No pasó nada, en apariencia, aunque La Llaaaama había prendido. Unos días más tarde, en una rueda de prensa, un compañero se refirió a ella como «la bella» y al mirarla detenidamente me comenzó a subir la temperatura. El flequillo achinado, el pendiente en la nariz, el hoyuelo en la barbilla, una preciosa sonrisa, un culo perfecto… me confirmó la atracción que había surgido de camino entre Casablanca a Rabat, cuando tu madre me invitó (o quizá fuera yo) a compartir auricular para entretenernos. Un gesto, en apariencia inocente, pero que por su parte escondía más de lo que yo sabía.

Resulta que durante todo ese verano había escrito en el periódico unos textos humorísticos que tu madre leía recién levantada a las cinco de la mañana antes de informar a los radio oyentes en el informativo matinal. Algo me sospechaba de la reacción a estos escritos, porque había chicas que me escribían en esa línea y, cuando anuncié que lo dejaba porque tu madre comenzó a exigir dedicatoria diaria, una admiradora anónima escribió desde Ciudad de México:

“Profundamente entristesida te escribo. Pensé que eras mi chico perfecto, pero en vista de que no lo seré, desecho mis extraños pensamientos. ja ja. bueno en realidad cuando estaba leyendo esto hice una expresión de sorpresa. fue muy emocionante gritar “ehhhh???” y que nadie a mi alrededor me escuchara, pero seguí leyendo, y como siempre me gustó mucho lo que leí. No sé que decir. Tal vez felicidades, o Feliz Navidad,  pues este blog tiene toda la onda. en mi lenguaje coloquial. te quiero mucho nada más porque escribes bonito. ya. de mi parte es todo. me despido”.

Y se despidió hasta no saber más de ella. Es curioso el poder de la literatura, y cómo puede despertar estos sentimientos en personas desconocidas.

Ajeno a que esta semilla de atracción brotaba en tu madre, el azar nos había llevado a presidir y vicepresidir una asociación de periodistas parlamentarios que sobrevivió el tiempo que duró el tonteo, pero que nos dio la excusa para intercambiarnos correos electrónicos. Primero, la invité a una fiesta por mi cumpleaños. Cero. Unas semanas más tarde organicé unas jornadas y conseguí que la invitaran como ponente, a cambio de 300 euros, que gastaría con su exnovio. Las primeras tentativas cosecharon nulo éxito, pero no cejé en el empeño y, tras una sucesión de correos amistosos, llegó uno de su parte con el siguiente contenido:

«¿Ves como eres un problema? Me paso la tarde, o escribiéndote, o esperando a que me escribas…»

Justo 14 minutos más tarde, tu madre se arrepintió, y escribió:

«Pero tampoco te lo creas mucho, vice, que las heavys somos así, nos fumamos algo y perdemos la cabeza por unas horas… Casi mejor prefiero contarte un día mi plan, o también puedes demostrarme que en el fondo eres un gilipollas y así te odiaré un rato, pero se acabó el problema-tentación.

PD: Este email se autodestruirá cinco segundos después de abrirlo. Morirás víctima de la explosión si intentas reproducirlo o recordarle su existencia a la autora».

Como intuirás, mi satisfacción cuando encontré en la bandeja de correo estos dos mensajes fue máxima. Tras días de acercamiento, la estrategia había funcionado y ella confesaba que sentía algo… para retractarse a los pocos minutos. Tu madre había perdido la iniciativa y estaba nerviosa. Lejos de hacer del mensaje una prueba de comentario de texto, detengámonos en un par de detalles. El primero, la frase «las heavys somos así, nos fumamos algo y perdemos la cabeza por unas horas…». Bien, la única ocasión en la que tu madre ha fumado le dio un ataque de tos y lo dejó, así que evidentemente esto era una pobre justificación del correo anterior.

Dos de los errores más comunes en la gestión de los correos electrónicos son, uno, el arrojo; y dos, que aunque solicites su eliminación, esta queda a voluntad del receptor y hay gente por ahí que encuentra excitante guardar los mensajes comprometedores de otros por si algún día le son necesarios, como es el caso. Otro detalle del mensaje a destacar es mi definición como «problema-tentación» y añadir que «casi mejor prefiero contarte un día mi plan». No adelantemos acontecimientos. Como no era mi intención burlarme de tu madre porque todavía no la había conquistado, pensé bien el mensaje y, tras dejar pasar unas seis horas, respondí:

«Siento ser un problema, pero la vida es así. Y si me pides que sea un gilipollas, lo intentaré, pero no lo soy. Me encantaría conocer tu plan, ¿cuándo y dónde?».

¡Toma! Así se escribe. Tu madre respondió:

«Ya sé que no eres un gilipollas y siento haberte pedido que finjas serlo para resolver un problema que es sólo mío. Voy a meditar cuándo y dónde contarte mi plan, que viene a ser lo mismo que sucumbir a la tentación, pero siendo sincera al menos contigo». 

Guau, sobran las palabras. Respondí:

«Haga el gilipollas o no, se me va a caer la baba contigo igual».

Las cartas estaban echadas, solo había que fijar el sitio y la hora. Y he aquí que, en un alarde de sangre fría, decidí enfriar esta espiral de pasión. La razón era más pragmática que emocional, y es que en aquellas fechas tu abuela X2 venía de vez en cuando a limpiar mi pisito de soltero mientras yo estaba trabajando. Esperé una semana con el objetivo de darle buena impresión a la pretendiente y tu madre, mientras tanto, se subía por las paredes sin saber el porqué de mi relajación.

Al fin, la reunión clandestina se produjo, y tu padre y tu madre pusieron en común sus pareceres. Le siguieron más mensajes, promesas de baile, crisis emocionales y un «te aclaras o no te aclaras» por parte de tu padre, que en una inteligente maniobra retrocedió dos pasos para ganar 20. Eso es así, y así lo ratificará tu madre cuando quieras contrastar con ella lo que pone aquí. Fueron episodios necesarios para llegar a un buen fin, que concluyó con el anuncio de tu madre de proseguir con nuestro acercamiento a ver si cuajaba en una relación, lo que finalmente sucedió. Tanto que, años de felicidad más tarde, la respuesta sigue siendo afirmativa: sí, ella era una buena madre para una Niña Melón como tú.

 

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